Hegemonía cultural: retroceso de un siglo

Durante la propagación de su pensamiento sobre la cultura en 1938, Laureano Eleuterio Gómez Castro defendió la herencia franquista, la religión católica y los valores de la civilización occidental frente al racionalismo. “El monstruo”, aseguraba que gracias a la influencia española la cultura colombiana gozaba de sobriedad, orden y catolicismo, siendo este el único cimiento válido para mantener la armonía social y la libertad jurídica. Atribuía al pensamiento ilustrado y a la reforma protestante el desequilibrio espiritual y la decadencia moral europea y rechazó las reformas liberales y seculares achacándoles la destrucción de la identidad nacional. Con esa perorata hizo creer que así se resolvía la deteriorada tragedia económica, política y social de nuestro país para acabar con las injusticias históricas de las mayorías, pero en realidad pretendía cerrarle el paso al ingreso de nuevas ideologías de izquierda, que acuñó con el apellido de “comunismo” y con los sinónimos de ateísmo y pecadores, enemigos de la fe y del orden.

La exaltación de la religión católica, la descalificación de las vanguardias artísticas, los espacios de discusión intelectual y la práctica de la cultura únicamente para las élites, eran los pilares que debían guiar a toda la sociedad para evitar las desviaciones de la modernidad liberal.

El presidente de la Espriella, añorando al “monstruo”, alentado por la tesis de Agustín Laje Arrigoni y atendiendo a los mandatos de Marco Rubio, impone la hegemonía laureanista mediante el Up Date denominado la “batalla cultural”.

Con la designación de Viviane Morales y Alexandra Falla, en los ministerios de educación y de las TIC, y Paola Holguín Moreno como ministra de Cultura, Artes y Saberes, Abelardo de la Espriella pretende afrontar esa guerra ideológica  para alcanzar el poder político con la cultura y la ideología. 

En esta lucha desaforada por el dominio de los valores y las creencias sociales se ha avanzado mucho y la familia tradicional, la identidad nacional y los valores cristianos como principio del conservadurismo ya han tenido grandes cambios que han derivado en  justicia social y la aceptación y el beneplácito de la comunidad. 

Existe una posición que parece ser el faro del nuevo gobierno: transformar al país en un centro productor y exportador de cultura mediante incentivos tributarios que atraigan a compañías internacionales. Entretenimiento, imagen y consumo mandan sobre la libertad de pensamiento.

Si bien la ministra designada de Cultura, Artes y Saberes es la doctora Holguín Moreno, el verdadero artífice y ejecutor de las políticas culturales va a ser el escritor, filósofo, profesor universitario y exdirector del Archivo General de la Nación, Enrique Serrano López quien aportará argumentos sobre historia, identidad, familia, sociedad y valores y contribuirá a lo que el gobierno denomina una conversación basada en el conocimiento y el consenso.

Serrano López es el emisario y agente para librar la batalla por las ideas, que, según el presidente, es una voz preparada, serena y “…con la capacidad de convertir las convicciones en argumentos y defender nuestros valores con inteligencia y construir consensos sin renunciar a los principios”. Se avecina una disputa ideológica en las universidades, los medios de comunicación, la cultura y la educación.

De ahí la importancia de la intervención, expresa o tácita, de toda la comunidad desde los distintos escenarios como los colegios y universidades, los despachos judiciales, los medios de comunicación, en las redes sociales y en la calle. Y en la familia. Este tema, si bien parece querer ser manejado únicamente desde el gobierno, tiene múltiples trincheras desde donde vendrán nuevos aportes.

Y esos discursos son necesarios porque lo que está en juego son los valores que orienten la vida de todo el pueblo de Colombia. La tan difamada polarización genera peleas fuertes y distanciamiento entre familiares. Diana Uribe y CNN entre otros, nos indican que en un porcentaje del 25 %. Pero hay un 45% de silencios entre familias que evitan hablar de política por el único temor a discutir, para evitar conflictos o incomodidades. Pero la rabia, la ansiedad, el estrés y el miedo que se producen dentro del núcleo familiar, vale la pena afrontarlos desde la perspectiva de una diversidad conveniente, para evitar la imposición caprichosa de un Estado autoritario. Somos un Estado social de derecho.

Información adicional

Colombia
Autor/a: Mario Froilán Reyes Becerra
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Mario Froilán Reyes Becerra

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