Los Bachues y la cultura nacional

Desde finales del siglo XIX se propusieron proyectos de corte nacionalista para interpretar desde el arte la realidad nacional. El grupo de los Bachues en la década de 1920 tuvo esa pretensión en lucha con las posiciones favorables al arte conceptual contemporáneo. La invisibilizacion de esta generación de pintores y muralistas tiene que ver con esa oposición hasta que los sacaron del camino hasta hoy que están siendo revalorados. Los contextos políticos cuentan mucho.

En plena regeneración y con gobiernos conservadores surgieron las voces disidentes desde el ámbito del arte y la cultura. Y no era para menos las sensibilidades a las condiciones socioeconómicas, emocionales, estéticas aparecieron con fuerza. Los sentimientos nacionalistas de ciertos sectores sociales que no les gustaba la visión conservadora y de defensa de la madre patria aparecen en el paisajismo. Pintar paisajes se convirtió en la manera de expresar lo “nuestro” como fue el caso de la escuela llamada de la Sabana de Bogotá

Sin embargo, como ese tipo de pintura estaba mal vista se le opuso la escuela tradicionalista en defensa de la herencia española de los gobiernos conservadores llamada la escuela madrileña de paisajismo, la diferencia es que esta última usaba estereotipos europeos para dibujar semblantes colombianos, paisajes idílicos alejados de la realidad que si buscaron reflejar los de la escuela de Bogotá. Se debe entender que los debates de arte no son sinónimos a los políticos es decir que un buen artistas podía estar en cualquier escuela.

Con la derrota de la hegemonía conservadora y la llegada de los gobiernos liberales en la década de 1930 de tendencias reformistas, cambiaron ambientes culturales. Los Nuevos surgieron en 1925 durante el gobierno de Pedro Nel Ospina, que igual que muchos artistas recibieron el influjo de la Revolución Rusa y de la Revolución mejicana, como Rafael Maya, Lleras Camargo, Germán Arciniegas, Eliseo Arango, Jorge Zalamea, León de Greiff entre otros, mientras que en contraste existía la generación centenarista, llamada así porque nació con la celebración de los 100 años de la independencia en 1910, como Agustín Nieto, López de Mesa, Luis Cano, Eduardo Santos, entre otros. Mientras que desde Manizales se lanzaban las proclamas fascistas de los Leopardos. Y el periodo del surgimiento del comunismo entre otros con Luis Tejada y del Partido Revolucionario Socialista.

Era un crisol de luchas políticas, de ideas, políticas y sociales de carácter democrático y revolucionario. En ese ambiente nacen los Bachues. Una generación de pintores y muralistas (un estilo de creación con poca aceptación en nuestros medios) como Josefina Albarracín, Helena Rodríguez Parra, Helena Merchán, José Domingo Rodríguez, Rómulo Rozo, Luis Alberto Acuña, Pedro Nel Gómez, Alipio Jaramillo, Carolina Cárdenas, Débora Arango, Ignacio Jaramillo, Gonzalo Ariza y Ramón Barba entre otros.

En 1930 apareció en las lecturas dominicales de El Tiempo un dosier titulado “Monografía del Bachue” donde se lee: “Evocación lírica a Nuestra Señora la diosa Bachue”, dándole una connotación similar a la Virgen María católica.

En el texto se lee también: “Ya es hora de que le demos un adiós a Europa y enfoquemos toda nuestra atracción hacia el trópico, porque solo reencarnando el ayer, y defendiéndolo con un crudo nacionalismo, podemos salvarnos de la europeización que acabara por mediatizarnos y relacionarnos a un vasallaje ignominioso”, escribieron Helena Rodríguez Parra, Darío Achury Valenzuela, Rafael Azula Barrara, Darío Samper, Tulio González y Juan P Valera. Un  llamado a plantearse un nuevo tipo de arte y cultura, años antes que en  la pugna neocolonial los Estados Unidos se la ganara a los ingleses y a los franceses y Colombia se enrumbara hacia la dependencia del norte.

El nombre de esta generación se la dio a partir de una escultura de Rómulo Rozo, “Bachue, Madre generatriz del pueblo chibcha” de 1925, la representó de una manera libre, antiacadémica, mestiza, moderna, de un tipo de nacionalismo, con cierta influencia del muralismo mejicano.

Pero no solamente fueron expresión de un nuevo tipo de arte, también fueron transgresores de relaciones sociales en el ambiento emocional, relaciones de pareja y expresiones de sexualidad que no fueron aceptadas y negadas que contribuyeron a que fueran olvidadas. Hoy serían reconocidas por las feministas.

Se opusieron a pintar o esculpir a partir de los cánones de los clásicos europeos que era la costumbre en las escuelas de arte, se opusieron al trazo suave y prefirieron el áspero, duro y visible, privilegiaron los colores fuertes y concentrados, rojo, verde, ocre, amarillo, pintaron y esculpieron la piel mestiza, y los cánones de belleza del cuerpo los aborrecieron. En escultura usaron la madera muy mal vista y tratada como algo artesano, para hacer tallas bruscas y pronunciadas. En la décadas del 1960 y 1970 se reivindicó la artesanía y por ende la madera para el trabajo de escultura y mural.

Desapareció de la escena el paisaje solemne de los periodos anteriores y se pasó a mostrar escenas de campesinas/nos, obreras y obreros, indígenas, de la vida cotidiana y los mitos precolombinos que en muchos casos los mezclaron con el artdeco.

Aunque estudiosos dicen que no fue un movimiento propiamente dicho y que por ello no tuvieron cabeza, escuela, apoyo estatal y se perdieron en el olvido según Cristian Padilla, lo cierto es que la manera como fueron tratados en especial por la crítica de cabecera del arte colombiano Marta Traba, los llevó a ese desconocimiento hasta hoy día.

Marta Traba llamó a no tenerlos en cuenta, porque según ella, eran fáciles, conformistas, y alejados de los preceptos del arte moderno, además dijo: “(sus obras además de discutibles y desastrosas) se los convirtió en grandes pintores cuando no lo eran, en admirables paisajistas, cuando no lo eran, en impecables paisajista cuando sus obras adolecían de notorios defectos y carencias, en el arte es preciso tener talento, poder de invención formal, buen gusto para relacionar colores, eficacia para componer, destreza para dibujar, necesidad de decir cosas personales e intransferibles. Eso les falta a la generación a la que estamos aludiendo”.

Los comparó de manera sectaria con el “indigenismo mejicano” y que al final los colocaron “en un lugar genial que no tenían, y del cual tarde o temprano serian desalojados” (Marta Traba, Pintura Nueva en Latinoamérica, Bogotá, 1961). Privilegiando a los otros creadores como Obregón, Ramírez Villamizar, Botero, Negret, la abstracción y el uso controlado del color.

No se trata de enfrentar generaciones de artistas de las plásticas, no se trata de votar por el uno o por el otro se trata de analizar y darle el justo lugar a las diferentes generaciones y escuelas de artistas colombianos, mas hoy cuando se nos presenta una condición política para el rescate de lo nacional y popular.

Fotografía:

“El hombre pájaro”, Pedro Nel Gómez, 1937, mural al fresco. Banco Popular de Medellín, actual estación Parque Berrío del Metro de Medellín, Fuente: http://www.colarte.com/colarte/foto.asp?idfoto=158689.

Información adicional

Autor/a: Pedro Miguel Tapia
País: Colombia
Región: Sudamérica
Fuente: Periódico desdeabajo Edición Noviembre 18 - diciembre 18 - 2022

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