Hace años alguien me decía que la palabra «Apartheid» no puede ser aplicada en Palestina, que eso es «una exageración». Pero hay que escuchar a los que saben: el pueblo de Sudáfrica. En estos días, personas de más de 25 países hablaron, con conocimiento de causa, sobre el Apartheid en Palestina.
Johannesburgo, Sudáfrica, una tierra que conoce muy bien lo que es la discriminación, fue la sede de la Quinta Convención Global en Solidaridad con Palestina. Y la inauguró Zwelivelile Mandela –conocido como Mandla—, nieto del gran Nelson Mandela.
Voces contra el genocidio
El nieto de Mandela recordó la forma en que se fueron construyendo bantustanes para encerrar a las comunidades negras, las primeras protestas pacíficas que fracasaron y finalmente la opción por la lucha armada. Ahora, frente a Palestina fue claro: no solo había que ir más allá de marchas, incluso había que ir más allá del boicot, y había que dar apoyo militar a la resistencia palestina.
Ronnie Kasrils, hijo de migrantes judíos, blanco y quien fuera ministro con el Gobierno de Mandela, llamó al boicot. Kasrils es un conocedor de que solo el aislamiento económico y político de Sudáfrica fue capaz de lograr otro escenario político para los sudafricanos.
Fue la violencia creciente del Estado surafricano la que llevó a la lucha armada, y no al revés. El mismo Mandela ya había dicho: “La Resistencia pasiva no-violenta es eficaz siempre que su oposición se adhiere a las mismas reglas. Pero si la protesta pacífica es contestada con violencia, su eficacia finaliza. Para mí, la no violencia no era un principio moral, sino una estrategia; no hay bondad moral en el uso de un arma ineficaz”.
Además de esas voces sudafricanas, hubo intervenciones de otrras delegaciones que condenaron lo que sucede en Palestina. Un delegado libanés, el doctor Ibrahim Al Moussawi, miembro del parlamento libanés, se quejó de esos países musulmanes que condenan a Israel, pero siguen manteniendo relaciones diplomáticas.
Subrayó que Palestina no es un asunto ni de musulmanes ni de árabes, sino una agenda de la humanidad y terminó diciendo “Gracias Gaza, gracias, Palestina, por hacernos sentir de nuevo que somos seres humanos» El chileno Pablo Allende, nieto de Salvador Allende, recordó las palabras de Desmond Tutu: «el apartheid que sufre Palestina es igual o peor que el vivido por Sudáfrica».



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