Donde la vida se abre camino 

Escribo esto para ti, como un testimonio de nuestra propia historia compartida. Algún día leerás esto y entenderás que llegaste al mundo en un momento donde el mundo parecía contener el aliento y la esperanza era una utopía.

El día de tu nacimiento fue una inmensa paradoja. En plena pandemia, la clínica donde naciste era el escenario de un contraste desgarrador: de un lado, la vida abriéndose paso con tu llegada y la de otros infantes más, con su vulnerabilidad absoluta; del otro, el eco de una crisis que nos recordaba cuán frágiles somos y la estrecha relación entre vida y muerte. Ese día, en medio de la interminable espera, tú fuiste el puente entre la incertidumbre y la certeza. Eras toda ternura, un pequeño ser que, con su expresión frágil, devenías alegría, llanto y vida. 

Verte crecer fue, desde el inicio, un proceso de redescubrimiento de todo aquello que había dado por sentado o rutinario. En medio de un mundo convulsionado, tú tenías el poder de detener el tiempo en instantes para el compartir. Aprendí a mirar de nuevo a través de tus ojos, a entender que los libros se leen con el cuerpo, que la música se habita y que la diferencia entre el pasto y el asfalto es, en sí misma, una revelación sensorial.

Hoy, aunque la distancia física a veces marca una ausencia, quiero que sepas que tu presencia es el motor de mis días. Nada de lo que ocurre logra mermar el afecto profundo que te tengo. Al contrario, cada día crece en mí un anhelo inmenso por reencontrarme contigo, por volver a verte y, juntos, seguir desobedeciendo lo que nos han dicho que es lo establecido. Porque contigo no solo quiero redescubrir el mundo, sino imaginar nuevas posibilidades de ser, rompiendo los moldes que nos han fijado. Pero también quiero que entiendas algo fundamental sobre tu historia. No solo eres mi hija, eres parte de un tejido vivo de lucha. Vienes de familias que han conocido el rigor de las violencias, los vejámenes y las marginaciones de este mundo. Sin embargo, esas familias se abrieron camino entre las grietas que iban abriendo con su arduo trabajo. Muchos, antes que nosotros, sacrificaron tanto y dieron tantas batallas para que hoy tu vida sea posible.

Por eso, nada de lo que tenemos –ni nuestro cariño, ni nuestra relación, ni nuestra capacidad de asombro– está dado por sentado. Todo es producto de una lucha que aún continúa. Entender eso es lo que me impulsa a seguir trabajando cada día para profundizar nuestro vínculo, para apropiarnos de nuestro propio relato y para asegurarnos de que, pase lo que pase, tú siempre tengas la libertad de construir tu propia vida.

En medio de todo, Lucía, me reafirmas que la esperanza no es una idea abstracta, sino una práctica cotidiana. Eres la prueba de que, incluso en las épocas más turbias, la vida siempre encuentra formas de ser, de aparecer y de florecer. Gracias por enseñarme que, mientras tengamos la capacidad de sorprendernos y de amarnos, nada está perdido.

Con todo mi amor y compromiso, 

Jhon Trujillo Caro

Información adicional

Autor/a: Jhon Trujillo Caro
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico desdeabajo Nº267, julio 17 - agosto 17 de 2026

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