Hay acontecimientos que trascienden la programación de un fin de semana y terminan convirtiéndose en pequeños hitos para la historia de un municipio. Eso ocurrió el pasado 19 de julio, cuando el parque principal de Giraldo, Antioquia, fue escenario del Primer Festival “Todavía Hay Vida: Batallas de Rap”, una apuesta cultural que reunió a más de 600 asistentes y demostró que el arte sigue siendo una de las herramientas más poderosas para transformar imaginarios y acercar a las personas.
Para muchos, era una apuesta arriesgada
Hablar de hip-hop, freestyle y batallas de rap en un municipio tradicional y conservador como Giraldo despertaba preguntas e incluso reservas. Durante décadas, estas expresiones urbanas han cargado con estereotipos que las relacionan con violencia, rebeldía o desorden.
Sin embargo, aquella noche ocurrió exactamente lo contrario. Desde el escenario no se promovió el odio ni la confrontación. Lo que se escuchó fueron palabras convertidas en creatividad, ingenio, respeto y capacidad de improvisación. El freestyle dejó de ser visto como una confrontación para convertirse en un ejercicio de expresión artística donde el talento fue el verdadero protagonista.
Pero, quizás, la imagen más significativa no estuvo sobre la tarima. Estuvo frente a ella. Niños observando atentos cada enfrentamiento, adolescentes celebrando a sus artistas favoritos, padres de familia compartiendo con sus hijos, adultos mayores permaneciendo durante toda la jornada y comerciantes acompañando el evento. Las generaciones que pocas veces coinciden alrededor de una misma manifestación cultural encontraron un punto de encuentro en el corazón del municipio. La jornada transcurrió sin incidentes y dejó un mensaje claro: el arte puede romper prejuicios.
Las fotografías del festival reflejan precisamente esa realidad: una plaza llena de familias, jóvenes y adultos que decidieron darle una oportunidad a una expresión artística distinta y descubrir que detrás del rap existe disciplina, creatividad, respeto y un profundo ejercicio de construcción colectiva.
El evento contó con la participación de destacados exponentes nacionales e internacionales del freestyle, como Chang, Puppy y Airon PunchLine, quienes compartieron escenario con procesos artísticos locales y regionales como La Esfera Records, El Octavo Escuadrón, junto a “El Mocho”, integrante del reconocido grupo Laberinto, con más de cuarenta años de trayectoria en la cultura hip-hop colombiana, y el colectivo Evolución y Arte, proveniente de la Comuna 8 de Medellín.


Lejos de ser una competencia aislada, el festival se convirtió en un espacio para el intercambio cultural, la convivencia y el reconocimiento del talento local y regional.
Detrás de este esfuerzo estuvo la Corporación Todavía hay vida Corvitha, acompañada por la Asociación de Productores Integrales del Café de Giraldo, Apicg, el colectivo de barberos Cazadores, el Club de Mujeres Reales y la Coordinación de Cultura del Municipio, liderada por Gabriel Jaime Salas, quienes unieron esfuerzos para demostrar que la cultura puede convertirse en una estrategia de desarrollo social, turístico y económico para Giraldo.
“No organizamos un festival para demostrar que el rap era bueno; organizamos un festival para demostrar que el arte, cuando se vive con respeto, tiene la capacidad de transformar la manera en que una comunidad se mira a sí misma”.
El propósito del festival coincide con el proyecto que le dio origen: fortalecer las expresiones artísticas, promover la participación juvenil y consolidar procesos culturales que proyecten a Giraldo como un territorio abierto al arte y a nuevas iniciativas comunitarias.
Más allá de la excelente asistencia y del buen comportamiento del público, el mayor logro fue comprobar que Giraldo también vive la cultura en todas sus expresiones y está dispuesto a la apertura de espacios para propuestas diferentes cuando éstas se realizan con organización, respeto y sentido comunitario.
Memoria viva
El festival nació, como una manera de mantener vivo el legado de Julián Ochoa, conocido como Kutamba, líder social oriundo de Giraldo y asesinado en el municipio de Granada, Antioquia. Su historia representa el compromiso con la cultura, el liderazgo comunitario y la convicción de que el arte puede convertirse en un camino para transformar territorios marcados por la violencia.
Por eso el nombre del festival no es una casualidad. “Todavía hay vida”, además, de ser el nombre de la canción escrita por Julián Ochoa y Alejandro Sucerquia, es una afirmación de esperanza. Es la convicción de que, incluso en municipios que han sufrido los efectos del conflicto y de diversas formas de violencia, siguen existiendo ciudadanos que creen en la palabra, la música y la cultura como herramientas para reconstruir el tejido social.
Nada de esto habría sido posible sin el compromiso de decenas de personas que trabajaron durante meses para hacer realidad esta iniciativa. Un reconocimiento especial merece la labor de los patrocinadores, en especial el comercio local, colectivos, artistas, voluntarios, ciudadanos y la alcaldía municipal que decidieron creer que Giraldo estaba preparado para escribir una nueva página en su historia cultural.
El futuro ya comenzó
Lo vivido el pasado 19 de julio no fue un punto de llegada, sino el inicio de un proceso.
Los organizadores anunciaron que en julio de 2027 se realizará la segunda versión del festival, que llevará por nombre “Todavía hay vida: Versos y Flow Fest”.
La nueva edición ampliará su propuesta artística para integrar otras manifestaciones culturales como la barbería, la trova, el hip-hop, el freestyle y diferentes expresiones del arte urbano y popular, consolidando un espacio de encuentro para artistas, familias y visitantes.
La meta es clara: que Giraldo siga creciendo como un referente cultural del occidente antioqueño, fortaleciendo el turismo, impulsando el comercio local y demostrando que las expresiones culturales también puede convertirse en una forma de desarrollo para los territorios.
Porque el primer festival dejó una enseñanza que difícilmente podrá olvidarse: cuando una comunidad decide escuchar antes de juzgar, el arte encuentra la manera de transformar las realidades.
Y en Giraldo, quedó demostrado que, más allá de cualquier estigma, todavía hay vida.


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