Me pregunto, de verdad, si ante un megaproyecto de película, que exige mucho dinero, muchos recursos y mucho tiempo de trabajo y tanta gente implicada, si puede un director, independiente de que sea bueno en su oficio, si puede plasmar una obra con su sello muy personal. Si se trata de una obra tan compleja y conocida como La Odisea de Homero, de una época tan remota con respecto a nuestro tiempo y con el compromiso, además de industria cultural, si puede un director, por bueno que sea, llegar a plasmar su temperamento en la versión de la obra. Cuando el proyecto de película es megaproyecto y además, necesariamente obedece a los intereses industriales de comercio de todos los trabajos y tareas, tiende a ser imposible, que lo que importe y se logre imponer, finalmente, sea el temperamento y la versión sólida del director.
Meterse con La Odisea es realmente meterse con 3.300 años de una tradición y con 2.800 años de tradición de un valor estético fundacional de todo un mundo. Podemos especular que un director de cine honesto consigo mismo, se atreva a decir que no acepta adaptar al cine una gran obra clásica, consciente de la inmensa responsabilidad. Hitchcock sabía que nunca llevaría al cine su admirada obra maestra literaria Crimen y castigo de Dostoievski y hubo quien consideró y le propuso que era una obra famosa para su estilo y su carrera, como una supuesta cima de su aporte al cine mundial. Hitchcock se atrevió a tener una posición contraria y había decidió nunca hacer esa película. Existe el coraje para hacer la película adaptación de una obra clásica, como también el coraje de no hacer nunca una película de una obra clásica de la literatura, por ningún motivo seductor, ni por ningún poderoso motivo industrial.
¿Está condenada a ser una adaptación al cine de una obra como La Odisea, apenas una ilustración más o menos efectista de aspectos super conocidos de la obra, que daría finalmente igual que la hiciera cualquier director calificado, con resultados relativamente iguales?
La Odisea es, ante todo, la insólita restauración que hace el poeta de unos acontecimientos y una trayectoria, que en la tradición habían tenido más o menos lugar cinco siglos atrás de su época, y que fue conservada por poetas orales o aedos y recogida por la tradición de un poeta llamado Homero y cuya ordenación en libro fue realizada en el siglo VI a de C, dos siglos después de los documentos dejados por Homero. ¿Cómo una obra de arte tiene el poder de sobrevivir al holocausto del paso de 2800 años de arrasadora historia?
Aquí comienza todo: el poder de una obra de arte, no tanto para rescatar tradición y lenguaje de una o más de una era, sino la capacidad de una obra de arte para reflejar y estructurar valores imperecederos de la mejor naturaleza humana, a su vez capaces de decirle en esencia sustancial a muchas generaciones posteriores, verdades que ayudan a vivir, que examinan la naturaleza de la existencia humana y de lo que Goethe llamó en su Fausto, comprender lo que significa “luchar por una altísima existencia”.
La Odisea es un relato de la relación e implicación íntima, profunda y colectiva del individuo humano con su medio ambiente, en una integración que crea el mapa de la cosmogonía de un pueblo, de una nación; también es el canto más pionero e influyente de la tradición occidental desde ese Mediterráneo oriental donde tuvieron lugar los hechos, que cada vez se demuestran más históricos, y donde vivió y dejó su documento un poeta síntesis de una larga tradición que ella misma llamó Homero; además, si retomamos el hilo conductor de la propuesta de Joseph Campbell1 sobre la infaltable aventura del héroe mítico, La Odisea es el referente más primigenio, rico y devastador (de la tradición occidental) del significado del héroe como clásico destino del Ethos humano.
Una obra maestra del arte anuncia el fin de una época y el comienzo de otra era histórica, y la película de Nolan plantea el conocido final del regreso de Odiseo a su casa en Itaca y su venganza contra los pretendientes de su esposa Penélope, en su larga ausencia de 20 años, como el final de la Era de Bronce y quizá el comienzo de otra época sin el acoso de la violenta gente del mar.
A tres mujeres no engañó Odiseo camino de regreso a su casa, que le ayudaron definitivamente a volver a salvo en el poema homérico: Calipso, Circe y Nausicaa. La película prioriza el lugar de Calipso, que lo salva, lo ayuda siete años y lo deja en libertad para regresar; Circe lo ayuda al comprobar que es sincero y no se comporta como un saqueador y salva a sus compañeros de viaje; la película no incluye a Nausicaa que amó a Odiseo y fue muy generosa cuando Odiseo solo era un solitario varado en la playa y tirado por un naufragio devastador. Apenas se menciona en la película, pero el poema homérico es la aventura del ingenioso comandante, que como ninguno, quiere explorar el mundo que intuye más allá de las fronteras cerradas del mundo conocido.
Así, La Odisea es la aventura de un comandante explorador que hacia el año 1300 a d C, descubre la primera ruta mapeable para recorrer todo el Mediterráneo por primera vez, desde el extremo este conocido de Colchis a orillas del Mar Negro, hasta el estrecho de Gibraltar y costeando la orilla de Marruecos, que corresponde al extremo más alto y peligroso de la aventura de Odiseo, en el Hades. La película se limita, como no lo puede evitar, como lo haría cualquier otra película megaindustrial, a ilustrar los aspectos relevantes con más o menos efectos especiales deslumbrantes, de caro despliegue técnico.
¿Qué ofrece una obra maestra memorable más allá de las acciones, es decir, del desarrollo de las acciones, y qué ofrece la película de Nolan más allá de las acciones filmadas de manera técnicamente deslumbrante? ¿Qué hace sobrevivir una obra maestra a través de los tiempos, y del gusto y pasión de generaciones distintas y de distintas culturas, y hasta el día de hoy?
¿Qué hace que la industria del cine se lance hoy a realizar un megaproyecto como otra versión más de La Odisea de Homero? ¿Solo el gancho publicitario de ver en cine supercaro la versión actual, en tecnología actual del poema homérico, solo porque es muy conocido todavía? Joseph Campbell y Christopher Vogler nos demostraron y a través de La Odisea, la clásica estructura de las etapas de la aventura del héroe que hasta hoy y finalmente, ha hecho carrera en el cine industrial de Hollywood. Los doce pasos que enumera Vogler2, que van desde el llamado a la aventura hasta el regreso, necesariamente el héroe convertido espiritualmente en otra persona, madura, lúcida y despejada de prejuicios y ataduras, de los cuales lo libera su aventura. Odiseo, desde el poema homérico, es el héroe porque sabe respetar el orden de los dioses y sabe escuchar todo consejo, con la inteligencia efectiva de quien se ha planteado una meta de exploración a lo desconocido en su viaje físico, que lo habilita a un viaje profundo e íntimo a su propia condición humana interior. Además, ese héroe que regresa porque supo escuchar, es el desencadenante de nueva transformación en el núcleo de su lugar de origen al cual regresa.
El resto de las especies vivas nunca necesitaron el ejercicio cognitivo de explorar para abarcar, para correr las fronteras del mundo conocido y permitirse la gracia de transformación interna ante esta experiencia de comprensión. El individuo humano lo ha necesitado, y ante la necesidad de viajar, la misma necesidad de vivir es menor, como se puede traducir libremente de un proverbio romano. Una obra maestra como La Odisea de Homero, denuncia esta necesidad evolutiva humana.
¿Hasta dónde la película de Nolan refleja y desarrolla la aventura del héroe mítico? Hasta dónde la película nos revela la curiosidad y la pasión de Odiseo por explorar un mundo desconocido que ya comprueba como navegante, que puede ser explorado, mapeado y llevadas sus ventajas y beneficios a su propia cultura y sociedad original? Creo que esos argumentos más allá de acciones narradas en el poema homérico, con despampanante despliegue técnico en cine, apenas se mencionan tímidamente en la película de Nolan. Importó más el despliegue con tecnología muy actual, que por su parte, explorar estos argumentos fundamentales, que son esenciales a todo el desarrollo lingüístico del poema homérico.
Aquí, cabe reproducir la traducción libre y acertada de un gran especialista de la cultura homérica y sus navegaciones en el claro del Mediterráneo ayer y hoy, como es el maestro Mauricio Obregón3, que hace reveladora una estrofa del poema La Tierra baldía de T.S. Elliot, que sintetiza con ventaja los argumentos expuestos aquí, y dice esta traducción:
“Nunca dejaremos de explorar/ Y al cabo de nuestros descubrimientos/ Regresaremos a nuestro propio puerto/ Y al fin lo conoceremos”.
Un relato exige acciones, en cadena; un relato exige acciones que impliquen necesariamente un antes y un después renovador o que anuncie una inflexión, no solo una sucesión de batallas ganadas o donde se sobrevive porque se huyó a tiempo (como en la película de Nolan); un relato quizá exige que haya una aparente historia muy evidente que oculte la verdadera y esencial historia que se quiere contar y que se va filtrando en la narración primera y tomando su lugar; un relato digno de sobrevivir en literatura o en cine, termina proponiendo ideas sobre la gravedad de la existencia humana, desde un presente progresivo en proyección a cualquier época y dirigido, a pesar de todo, a la diferencia de cualquier cultura.
A la película de Christopher Nolan no le faltan acciones tomadas y recreadas una vez más con cara tecnología actual; muchas de sus acciones no tienen resonancia en los protagonistas, solo son el impacto de su sorpresa y los personajes siguen adelante y la impresión de esas acciones no es asimilada contundentemente por los personajes; si todo relato es una historia superficial, que aparentemente es lo que se cuenta, y una historia profunda que se va imponiendo en la narración y exige este juego narrativo para su contacto efectivo con el espectador, La Odisea de Nolan no es la aventura de transformación interior a partir de mapear el Mediterráneo navegable de su época, sino que se reduce a la aparatosa visión del oficial del ejército de Agamenón, válidamente saturado con su idea de haber saqueado y destruido Troya, casi sin sentido, cuyo objetivo es saber regresar a Itaca para no terminar de perderlo todo, y recuperar aunque sea su Reino, aunque sea esa minúscula isla con su leal esposa Penélope.
Si preguntamos, ¿qué hay de la historia de Odiseo en el Ethos del ser humano en todo tiempo y en todo lugar, que justifique leer una edición respetable de La Odisea de Homero y ver la película de Nolan? No es solo pasar el rato, ni cumplir con un requisito innecesario de cultura general, ni dejarse arrastrar por un supuesto valor cultural infaltable hoy.
Leer esa edición respetable del libro de Homero es la oportunidad intuida desde hace por lo menos 2800 años en la tradición occidental de saborear nuestra oportunidad aquí y ahora de verificar a lo que estamos llamados en nuestra vida, si aceptamos aprender a escuchar: arriesgarse a explorar a qué estamos llamados en nuestra vida y de la cual Odiseo es solo un caso: llegar a comprender la necesaria lucha incesante por conquistar “una altísima existencia”, plenamente humana y creada por nuestra poderosa imaginación.


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