Unidad en disputa: límites del Pacto Histórico y la ruta al 26 de octubre de 2025

En Colombia tenemos elecciones cada dos años. Es lo único estable en nuestro sistema electoral, que garantiza un procedimiento democrático liberal, atravesado por autoritarismos subregionales en constante competencia y que no han dudado en usar sus relaciones directas con las organizaciones armadas y el narcotráfico para imponer sus intereses en las parcelas del Estado, que defienden con sevicia.

El próximo año cumpliremos cuatro del momento en que el proyecto de unidad de las izquierdas históricas, las ciudadanías, en palabras del presidente Petro, “libres”, y un sentido común liberal que tiene cierta representatividad en el Estado, pero que ha llegado ahí por partidos como el Verde o hasta la U, y que fue bautizado por el que ocupa la silla presidencial como Pacto Histórico, se hizo al gobierno nacional. Y se hizo al gobierno nacional no porque tenga las mayorías sociales absolutas, sino por el liderazgo carismático del presidente Petro, los errores de su contendor en segunda vuelta y la capacidad de movilización social y popular unitaria que se condensó en esa victoria.

En estos tres años de gobierno del presidente Petro se pusieron a prueba los límites del Pacto Histórico como coalición y la necesidad política urgente de que se convierta en un partido político que una legalmente a todas esas expresiones que se aglutinaron alrededor del liderazgo de Gustavo Petro, para materializar esa vocación de poder que había sido esquiva para esa diversidad de expresiones que siempre han exigido un país en paz y con justicia social.

Parte de esos límites se evidencian cuando una parte importante del gabinete no la ocuparon liderazgos de esos partidos y/o organizaciones, sino liderazgos cercanos a Juan Manuel Santos o a la maquinaria del partido de la U, el Verde y hasta del Liberal.

Buena parte de sus límites lo tuvieron al borde de implosionar por la imposición de candidaturas a bolígrafo en las elecciones regionales del 2023, que hicieron evidente el descontento con esas bases que se identifican con la marca Pacto Histórico y el liderazgo del presidente Petro, pero que no necesariamente les resuena la marca Unión Patriótica, Colombia Humana, Polo Democrático o Partido Comunista, y que mucho menos entienden sus discusiones históricas o identifican a sus diversos liderazgos.

Esos límites los reconoció el presidente Petro hace casi ya un año, cuando aceptó que fue su error abrir las puertas del gobierno a figuras que no estaban de acuerdo con su programa y que le hicieron oposición ocupando carteras ministeriales. Y parte de sus contradicciones se expresan con el rechazo que manifestaron muchos liderazgos del Pacto cuando ingresó Armando Benedetti al gabinete o, en estos momentos, cuando muchas voces insisten en que Daniel Quintero no hace parte, aunque ambos lo vienen haciendo desde antes de que Petro llegara a la presidencia.

Petro no solo pasará a la historia como el primer presidente de izquierda de este país, sino también como el liderazgo que logró imponer la unidad en medio de esa diversidad contradictoria, a pesar de una historia centenaria de intentos fallidos de ser gobierno y todas las formas de lucha que la recorrieron. Le tocó a Petro obligar a esas organizaciones a juntarse, condicionando su propio apoyo a la continuidad del proyecto de cambio, y ha sido en el último año que, a marchas forzadas, esa unidad va caminando en una ruta política, social y popular, con tiempos distintos que deben confluir forzosamente el 26 de octubre del 2025, en un primer tiempo electoral de por lo menos cuatro vueltas que se decantarán a mediados del próximo año.

El Presidente es un intérprete certero de los reclamos de sus bases y esto es lo que también lo tiene donde está. Un reclamo fundamental es que la definición de las candidaturas del Pacto Histórico de ahora en adelante deberán materializarse a través de mecanismos democráticos, como las consultas internas en todos los niveles. Aunque los partidos políticos que conforman el Pacto formalmente hicieron la petición al CNE de la personería jurídica en los tiempos establecidos por la ley este último mes, al borde de cada uno de los límites legales, y sin olvidar que el CNE es un órgano mayoritariamente contrario al Pacto Histórico y dominado por los partidos tradicionales, nos ha llevado a que la consulta del 26 de octubre sea interpartidista tanto para definir la candidatura presidencial del Pacto Histórico en el 2026 como para definir su lista al Senado de la República y a la Cámara de Representantes.

Es una ganancia propia del presidente Petro y varios sectores dentro y fuera del Pacto, que insistieron durante dos años sobre la necesidad de esta llave democrática para tomar estas decisiones fundamentales en cualquier partido político, y también es algo sin precedentes en la historia de este país, pues el compromiso expreso es que quienes se someten a la consulta no solo aceptarán los resultados, sino que acompañarán al Pacto Histórico como partido en la campaña unitaria del 2026, cargando las maletas a quienes ganen la consulta.

Dicen muchos que Daniel Quintero no representa las banderas de la izquierda que se supone encarna el Pacto Histórico, pero lo cierto es que el Pacto no fue una coalición exclusivamente de izquierdas en el 2022, tanto así que Daniel y el grupo político que se ha venido consolidando alrededor de su liderazgo tiene un senador y un representante dentro de la bancada actual del Pacto en el Congreso de la República.

Dicen que Carolina Corcho está dividiendo los votos que deberían ir a Iván Cepeda para derrotar a Daniel Quintero, pero lo cierto es que, si Carolina no hubiera empujado hace más de un año el reclamo popular de definir las candidaturas del Pacto de manera democrática, muy en sintonía con el presidente, y no hubiera radicado a finales de septiembre la tutela junto a Gustavo Bolívar, que dictaminó la medida cautelar que otorgó de manera provisional la personería jurídica al Pacto, no tendríamos consulta este 26 de octubre.

Dicen que Iván Cepeda no sería candidato hoy sin los resultados del proceso que lo tiene enfrentado a Álvaro Uribe Vélez hace más de una década por fraude procesal y soborno a testigos, y que condenó al expresidente en primera instancia. Tal vez. Pero no está mal que, ante ese viento de cola a favor y la ventana de oportunidad que se le abrió, él pretenda hoy ser el sucesor de Gustavo Petro, aunque haya montado su campaña hace pocas semanas.

Esa es la democracia representativa que tenemos dentro de nuestro marco constitucional. Si algo debería diferenciar al proyecto del Pacto Histórico, si pretende de verdad una vocación de poder hegemónica durante los próximos 25 años, es seguir avanzando en la consolidación de una organización capaz no solo de definir democráticamente quiénes pretenderán ocupar cargos dentro del Estado colombiano mediante el voto popular, sino también profundizar en las propuestas de cambio que merece Colombia en todos los niveles territoriales, pensarse a fondo qué debe cambiar en ese Estado construido por las élites para que empiecen a servir las instituciones a las mayorías sociales y populares y, sobre todo, cómo dar la batalla cultural que hoy no está ganada contra el sentido común paramilitar y de muerte que nos atraviesa como sociedad y que hoy todavía ve con buenos ojos y aplaude la eliminación del contrario político y el caos y la muerte como el escenario ideal para hacer política. 

Octubre 11 de 2025.

Información adicional

Autor/a: Shameel Thahir Silva
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico desdeabajo Nº329, 17 de Octubre - 17 de Noviembre de 2025

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