La mayoría incompleta: el país que deja la primera vuelta

La primera vuelta no mostró una izquierda derrotada ni una derecha arrolladora, sino una mayoría progresista en expansión que todavía no logra imponerse como bloque territorial frente al antipetrismo. El siguiente análisis revisa el resultado a nivel municipal de la primera vuelta presidencial de 2026 y lo compara a esa misma escala con la primera vuelta de 2022.

Colombia no salió de la primera vuelta con una respuesta sencilla. El resultado no cabe en frases como «el progresismo fue derrotado», porque Iván Cepeda creció frente al Gustavo Petro de primera vuelta en 2022. Tampoco cabe en la ilusión de una mayoría consolidada, porque el bloque de derecha sigue arriba, gana en más municipios y conserva una ventaja importante en el agregado municipal. Lo que dejó la elección es más complejo: una mayoría progresista en expansión, pero todavía incompleta.

Esa es la clave para pensar en la segunda vuelta

Iván no llega sin piso. Tiene una base robusta, una expansión territorial real y una mejoría frente al punto de partida de Petro en 2022. No obstante, enfrenta a un bloque de derecha antipetrista y extrema derecha más eficiente territorialmente, que conserva ventaja, suma mejor en varios municipios estratégicos y concentra su crecimiento en capitales y grandes ciudades. La disputa, entonces, no es entre una izquierda agotada y una derecha irrefrenable, sino entre un progresismo que crece pero aún no completa mayoría, y una derecha que no arrasa pero conserva poder territorial, recursos y capacidad de concentración. (Ver tabla 1. resultado por bloques: izquierda, derecha y centro primeras vueltas 2022-2026) 

La tabla 1 muestra una paradoja: la izquierda crece más que la derecha frente a la primera vuelta de 2022. Suma 1,08 millones de votos adicionales frente a Petro; el bloque antipetrista suma 774 mil frente a Fico + Rodolfo. Incluso reduce la distancia relativa en cerca de 2,5 puntos porcentuales. Sin embargo, la derecha sigue arriba: 50,4% contra 41,3% de Iván. El crecimiento progresista es real, pero la ventaja del antipetrismo persiste.

Este dato obliga a abandonar dos errores. El primero es el derrotismo que circuló en parte del campo progresista: no estamos ante un progresismo reducido o que haya retrocedido a su núcleo duro, ni ante una simple restauración nacional de la derecha. El segundo es la complacencia: crecer no equivale a ganar, y mejorar frente a 2022 no significa haber resuelto el problema de convertirse en mayoría.

Los resultados deben leerse en bloques. Iván ganó individualmente en 403 municipios y Abelardo en 719, pero cuando sumamos a Paloma Valencia, el bloque de derecha pasa a ganar 747 y la izquierda baja a 375 municipios. Entre los 28 municipios que pasan al bloque de derecha están Bogotá, Barranquilla y Tunja. Esto cambia el sentido de la segunda vuelta: el mapa electoral no se define por primeras mayorías, sino por la capacidad de convertir votos dispersos en mayoría territorial, especialmente en municipios de alto peso electoral.

En el país municipal, el progresismo no retrocede: mejora su margen frente a 2022 en seis de siete franjas poblacionales. Avanza en municipios pequeños, intermedios, subregionales y en varias ciudades fuera de las áreas metropolitanas. Incluso en franjas donde la derecha sigue ganando en porcentaje y número de municipios, el margen progresista mejora frente a 2022. Eso quiere decir que Iván no solo conserva bastiones; también penetra territorios adversos (Ver tabla 2. resultados por municipios según franja poblacional)

Pero la franja de más de un millón de habitantes cuenta otra historia. Allí el margen se deteriora siete puntos frente a 2022. Y en una elección presidencial, la máxima densidad urbana pesa más que muchas victorias pequeñas dispersas. La izquierda ensancha mapa, pero la derecha concentra mejor donde el voto, la opinión pública y la conversación nacional pesan más. La matriz de evolución municipal confirma esta tensión. (Ver tabla 3. Matriz municipal según resultados)

La categoría más numerosa es «pierde izquierda pero crece»: 705 municipios. Es decir, en buena parte donde la izquierda no gana, Iván mejora frente a Petro en primera vuelta de 2022. Eso es señal de expansión en un país que sigue siendo adverso. El problema aparece en la última categoría, donde la izqueirda pierde y además cae. Son solo 42 municipios, pero pesan: concentran 8,66 millones de habitantes y 4,47 millones de votos válidos.

Mientras la izquierda crece como red, la derecha se concentra; mientras Iván crece sobre todo en no capitales, la derecha concentra su crecimiento en ciudades más pobladas. Las ciudades de más de un millón aportan 3,5% del crecimiento neto de Iván, pero explican el 71,9% del crecimiento neto de la derecha. Bogotá sola representa 46% del crecimiento neto del bloque antipetrista.

La capital importa, pero no explica por sí sola el crecimiento de la derecha. Si se aísla del conteo, la derecha sigue por encima de Iván, pero el deterioro en grandes ciudades sería mucho menor.

En 2022, Petro le ganó a la derecha en Bogotá por 212 mil votos en primera. En 2026, Iván pierde por 210 mil frente a ADLE + Paloma; el giro del margen es de -422 mil votos, ya que cae 66 mil votos frente a Petro en primera, mientras la derecha crece 356 mil frente a Fico + Rodolfo. La ciudad que fue clave para abrir el ciclo progresista se convirtió hoy en la principal advertencia de su continuidad.

No obstante, la lectura tampoco puede ser simplista. No basta con decir que Bogotá «giró a la derecha» o que «la clase media se fue con Abelardo». Bogotá es una ciudad de opinión, redes, medios, jóvenes con menor participación, clases medias diversas, sectores populares exigentes, inseguridad percibida, movilidad crítica, vivienda costosa, endeudamiento, expectativas de futuro y evaluación cotidiana del poder. Allí el sentido histórico del primer gobierno de izquierda compite con la experiencia diaria de ciudad.

Eso tiene consecuencias para la segunda vuelta. 

La derecha puede ganar con disciplina de miedo; el progresismo necesita ganar con movilización de esperanza, responsabilidad y defensa democrática.

La tarea no consiste solo en repetir logros ni en hablarle a la base convencida. Tampoco en vaciar el proyecto para perseguir un centro abstracto que, aunque no ordena la elección, no puede ser ignorado: crece de 862 mil votos en 2022 a 1,26 millones en 2026; su peso es mayor en Bogotá, capitales y grandes ciudades. También están las personas que por algún motivo se alejaron del gobierno pese a estar cerca, y una reserva de votante joven favorable, pero electoralmente subutilizada. Los proxies de edad sugieren mejor rendimiento de Iván entre población joven, pero con menor participación.

Sin embargo, las preferencias, intenciones y opiniones no ganan elecciones si no se convierten en voto. Hoy todos los sectores democráticos están convocados a responder al llamado de la época. No es momento de ubicarse en «otras izquierdas», esconderse en el voto en blanco ni levantar decálogos para condicionar un apoyo.

La tarea es convertir crecimiento territorial en mayoría política. Eso exige sostener la expansión municipal, recuperar margen en ciudades densas, activar votantes jóvenes, reducir abstención, disputar sectores medios sin despreciarlos y convocar a quienes tienen críticas legítimas, pero no desean –o no dimensionan– lo que implica entregar el país a la extrema derecha autoritaria.

La gravedad del momento está en que la derecha antipetrista y la extrema derecha no buscan solo reemplazar un gobierno. Buscan escribir una sentencia histórica: que la izquierda no vuelva a gobernar, que el cambio produce caos, que ampliar derechos fue un error y que el Estado debe volver a quienes lo administraron durante décadas. Quieren convertir el primer gobierno progresista en escarmiento para que nadie vuelva a intentarlo.

Por eso la segunda vuelta no es solo una disputa aritmética ni coyuntural. Es una disputa por el sentido de lo ocurrido desde 2022 y por la posibilidad de que el país no vuelva al punto cero. El progresismo no necesita idealizarse para defenderse. Puede reconocer errores, límites y frustraciones. Pero una cosa es criticar para corregir y otra permitir que el desencanto sea administrado por quienes siempre quisieron cerrar la ventana del cambio. El legado del gobierno Petro no puede regalarse, pero debe traducirse en confianza cotidiana.

La primera vuelta dejó una tarea clara: la mayoría progresista existe como posibilidad, no como hecho consumado. La segunda vuelta decidirá si esa expansión se convierte en una mayoría democrática capaz de abrir un segundo ciclo, o si la extrema derecha logra convertir el miedo en restauración y la esperanza de 2022 en castigo para las próximas generaciones. 

Información adicional

Autor/a: Simón Rubiños Cea*
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico desdeabajo Nº336, Junio 16 - julio 16 de 2026

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