Fascismo contemporáneo y los trumpistas colombianos

Se avecinan tiempos fascistas en los cuales la política trasciende el cinismo liberal, y los poderosos se expresan y son elegidos abiertamente por su odio de raza, género y clase. El mundo parece retroceder ante el ascenso de personajes como Merz,Trump o De la Espriella, que escudados en la patria y La Biblia, justifican el genocidio, el sectarismo y las modernas formas de esclavitud.

En la introducción de sus Venas abiertas, Eduardo Galeano afirma que el desarrollo implica en sí mismo desarrollo y su contrario, desigualdad. Reconociendo a su vez, como la idiosincrasia latinoamericana y sus profundas brechas sociales no son más que el producto de la gran acumulación por despojo accionada por el norte global desde hace ya más de 500 años. En el mismo sentido, nos empieza a explicar cómo las clases dominantes locales y su propio bienestar, están condicionados a una noción servil sobre el norte global a cuestas de unas multitudes latinoamericanas empobrecidas y hambrientas; oligarquías –dominantes hacia dentro, dominadas desde fuera– cuyos privilegios se sostienen bajo los cimientos del sufrimiento de sus propios hermanos.

[…] En cierto modo, la derecha tiene razón cuando se identifica a sí misma con la tranquilidad y el orden: es el orden, en efecto, de la cotidiana humillación de las mayorías, pero orden al fin: la tranquilidad de que la injusticia siga siendo injusta y el hambre hambrienta. Si el futuro se transforma en una caja de sorpresas, el conservador grita, con toda razón: «Me han traicionado». Y los ideólogos de la impotencia, los esclavos que se miran a sí mismos con los ojos del amo, no demoran en hacer escuchar sus clamores. (Galeano, 1970).

Reflexionando sobre lo acontecido para Colombia en las pasadas elecciones 2026 y el retorno de una derecha narcoparamilitar que gobernó por más de 20 años, desde la campaña migrante iniciamos una serie de reflexiones que parecen obvias, pero sus trasfondos son aún más profundos: ¿qué pasa por la mente del que migra y defiende a su opresor de el/la latina trumpista? ¿Qué acaso elles no vinieron persiguiendo un sueño de bienestar y hoy también se ven afectados por un país, o mejor un gobierno, que les odia, los persigue y los secuestra por su lengua, clase y color de piel? 

En adelante nos aproximamos a responder de alguna forma esta pregunta, abriendo así mismo, el debate sobre el doble juicio moral de las políticas migratorias del vigente presidente de USA y las orientaciones políticas de gran parte de los colombianos que aquí residen, pues reafirman las palabras de Galeano de acuerdo, en primer lugar, a una procedencia de una sociedad pobre y violenta que añora, que admira, la idea de riqueza y bienestar que ofrece el mal llamado primer mundo. Mientras tanto, y en segundo lugar, el presidente Trump despliega una violenta política racial cuyas intenciones van más allá de resolver el problema migrante. Nueva y descaradamente la oligarquía estadounidense se enriquece en nombre de la guerra y la segregación. Al finalizar, esperamos dar alguna luz sobre otra Colombia migrante presente en este territorio hostil, sus retos y sus luchas de cara a esta crisis civilizatoria contemporánea.

La Colombia trumpista

En la diversidad del/la migrante colombianx en USA existen, por mencionar unas categorías, los legales e ilegales, los refugiados, los dreamers, los inversionistas (no pocos al mejor estilo de Griselda), los naturalizados y los residentes, los camelladores y los retirados. Familias de 1ra, 2da e incluso 3ra generación, cuyos más recientes integrantes ya no dominan el español. No obstante, muchos se asumen como colombianos y/o estadounidenses, en consideración de intereses propios, lazos de sangre o a conveniencia. 

Desde nuestra herida colonial, se vuelve atractiva la falsa esperanza de llegar a ser. La cercanía de trabajar y compartir país con el gran capital y todas sus excentricidades fundamentan en los latinos ese sueño americano. Tocar la vitrina y sentirse parte de Disney, del mercado cinematográfico, del monopolio de la banca mundial, de esa industria del entretenimiento que ha hecho muy bien la tarea de una alineación global generalizada. ¿Para qué pensar un bienestar colectivo, teniendo al alcance tan tentadores estilos de vida que en Colombia, para los pobres, solo se ven por televisión? Eso es lo que hace de estas tierras y de esta sociedad, un lugar soñado para muchxs.

Estas “tierras modernas” del dios dinero y la abundancia extrema (no lejos de lo que quieren y esperan hoy gobernantes en el sur global), crean un ordenamiento territorial capitalista, un uso excesivo de grandes extensiones del territorio para el desarrollo del capital. Condicionando, tal como se quiere hacer en los nuevos condominios residenciales de las ciudades colombianas, todo un estilo de vida desde el aislamiento. Extensas jornadas laborales, centros comerciales exorbitantes y millares de restaurantes de comida rápida, una industria agroalimentaria monopolizada, que nos desconecta cada día más de la naturaleza, de la cocina, y de la vida en comunalidad

Nos determina acá, una organización humana que imposibilita la vida colectiva. Donde el afán por la riqueza y la propiedad privada se impone como proyecto de vida para muchxs. Y es allí donde el poder financiero local emerge cómo el gran facilitador de una tras otra, extensa y desgastante deuda. Se crea una sociedad altamente dependiente al consumo, el entretenimiento desmedido y las pantallas individuales que reinan como repositorio de validación propia sobre la existencia.

Por consiguiente, para el colombiano que reside en el exterior (arribista, abelardista, uribista como quiera catalogarse), al igual que para muchos de los que se quedan, cualquier amenaza al modelo imperante de sociedad, es una amenaza a sus propios privilegios. Se sienten seguros y actuando en lo correcto cuando defienden y tomamos una postura política sobre todo aquello que cuide ese falso bienestar. 

Cualquier mínimo cambio en su comodidad implica sacrificar por otros, privilegios a los cuales no se quiere renunciar; y de allí la necesidad de actuar en “democracia”, en favor de los explotadores e incluso, favorecer y participar de la violencia tradicional que ha perpetuado la guerra y las brechas sociales en nuestro país.

En un país tradicionalmente conservador, pobre y sumamente violento como Colombia (heredero de una cultura hija del narcotráfico y la desigualdad), tal amenaza significa peligro y el peligro se traduce en odio. En consecuencia, defender la idea de la familia tradicional, la propiedad privada y el dios cristiano, es mucho más cómodo y urgente que una salvación colectiva. Quien ofrezca esa protección de lo individual, donde el desarrollo es un sueño fácilmente alcanzable, es entonces el salvador. De tal forma, los salvadores de la patria no son más que la misma oligarquía tradicional, una retórica reciclada que convence y engaña a ingenuos a través de la noción de seguridad, trabajo duro y desarrollo

Al mejor estilo de Tony Stark, los dineros gringos y mafiosos nos vendieron un nuevo super-patriota criollo. El arquetipo de la riqueza, las buenas costumbres y el empresariado. Un héroe muy pulcro y bien vestido que llega a repetir la urgente necesidad de seguridad, como si la cartera nacional tuviera para comprar portaviones y F35 al mejor estilo norteamericano. Lo cierto es que ya nos lo habían hecho y lo vienen haciendo por décadas; urgimos de el niño bonito, el blanquito criollo, el patriota, el de buena familia, el que no es como los otros, el de mano dura, el “tigre”. 

Nos dividieron en clase y en estratos, en flojos equipos de fútbol y podridos partidos políticos. Hablamos desde la moral y la estética, desde el apellido, el barrio y la imagen de lo que no somos. El país con más de 192 lenguas, con una riqueza agroecológica inmensa, de rostros indígenas, afros y campesinos, deja atrás la oportunidad del cambio y retrocede nuevamente para aplaudir las maravillas del norte, lo que no podemos ser. Pues al final, es mejor mirar al rico, aunque se encuentre lejos, que al vecino pobre y necesitado. El arribismo, el nepotismo y el clientelismo criollo vuelve a añorar lo italiano, lo gringo, lo que no se es ni será. 

Y bueno, finalmente en esa Colombia en el exterior, un sector no pequeño de ella, al igual que muchos otros migrantes en la región (puñados de sudamericanos buscando el sueño que no van a conquistar por el simple hecho que el acento y el color de piel no se lavan con plata, ropa fina, ni residencias gringas), aplauden desde y defienden su opresor por miedo al cambio de una verdadera libertad. 

La tarea de dividir los pueblos del mundo, hoy mal llamada polarización, ha sido tan bien hecha que, mientras el auto-proclamado rey del mundo invade países y arrasa con naciones enteras, limpiando toda una vida de pedófilo y corrupto a través de una cultura genocida típica de sus antecesores cogobernantes, los latinos nos aferramos en un pedestal moral cimentado por nuestros míseros privilegios, aquí y allá nos lanzamos a defender lo indefendible.  

Si en el 2024 varios residentes de origen latinoamericano en USA defendieron un supremasista blanco que utilizó el patriotismo y la idea de una administración empresarial perfecta para gobernar el país más rico del mundo (imperio en decadencia, al borde de una guerra civil y una nueva crisis económica), no es de sorprendernos entonces que esos mismos migrantes defiendan en 2026 con rabia y alevosía un personaje tan fabricado y cuestionado como Adle. 

La pedofilia y el abuso de poder por parte del rey no evitó su ascenso, en Colombia, un abogado cuestionado, empresario fracasado, defensor de mafiosos y narcoparamilitares, claramente puede ser príncipe. Mientras bien sirva a la corona y sus intereses, el príncipe criollo cuenta con respaldo monetario, militar, logístico. Un escudo de algoritmos agresivos de un branding que envidiaría cualquier CEO de Silicon Valley.

¿Trump y el capitalismo post-cinista?  

Como venimos viendo, se avecinan tiempos fascistas en los cuales la política trasciende el cinismo liberal, y los poderosos se expresan y son elegidos abiertamente por su odio de raza, género y clase. El mundo parece retroceder ante el ascenso de personajes como Merz,Trump o De la Espriella, que escudados en la patria y La Biblia, justifican el genocidio, el sectarismo y las modernas formas de esclavitud. 

Cómo certeza, sabemos bien que el imperio en crisis es más peligroso de lo normal, el gran capital intensifica el saqueo a los pueblos del Sur, arriando con civilizaciones enteras como lo ha hecho reciente y descaradamente a los ojos del mundo en Gaza. De una mano, acomoda nuevos liderazgos y pensamientos conservatistas en todas las regiones a su conveniencia, sea por la fuerza –como han hecho con el secuestro de Maduro en Venezuela– o con el “poder blando” y el ajuste financiero y algorítmico en la campaña de Adle.  De otra mano, asfixia la migración destruyendo familias y formas de vida digna. Trata como criminales a niños, mujeres y trabajadores, justificando un gasto público elevado a conveniencia del enriquecimiento de empresas de seguridad y control social. 

Es de conocimiento público que la administración Trump ha destinado ya más de 22.000 millones de dólares, aprobados por el Congreso, para el fortalecimiento del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), entidades de orden federal responsables de más de 52 muertes y más de 70.000 personas privadas de la libertad. 

Nuevamente, están usando dinero público para financiar guerras justificadas y ajenas, como las de Gaza, Irán y Ucrania, mientras que a nombre de la política migratoria alimenta contratos multimillonarios del sector privado de seguridad y defensa. Operaciones de detención dominadas por corporaciones como GEO Group y CoreCivic con miles de millones de dólares en asignaciones y la venta de infraestructura; logística de repatriación masiva en manos firmas de transporte como CSI Aviation, MVM Inc. y Classic Air Charter ($1.100 millones y $800 millones); control biométrico y análisis de datos está en manos de gigantes tecnológicos como Palantir, CACI International y Motorola Solutions; ampliación física del muro fronterizo por constructoras de infraestructura masiva como Fisher Sand & Gravel Co. con contratos que ascienden a más de 8.000 millones de dólares. 

¿Es entonces el ejercicio del poder para el cumplimiento de un capricho racista, para la ejecución de una fascista política migratoria, o una excusa para el enriquecimiento del sector privado a costa de la violación sistemática, legalizada y estructurada de los derechos humanos?  

Las barreras morales de la posguerra se derrumban con el imperio, en su desesperación, emerge el post-cinismo. Respetar acuerdos multilaterales o participar de dichas organizaciones era un asunto a conveniencia que en la crisis carece de viabilidad. De tal manera, la “cooperación internacional” se hace insostenible si frena el avance de capital y en respuesta de ello, el imperio muestra sus dientes, sus verdaderas intenciones: aranceles y sanciones económicas criminales, bombardeos e intervencionismo político y militar a discreción como ajustes geopolíticos que permitan el fortalecimiento del gran capital.    

Comentarios finales: nuestras luchas

Los colombianos conscientes, migrantes e internacionalistas insistimos en la claridad y lo concreto de nuestras luchas como latinos y pueblos del Sur. Nos rehusamos a dividir el mundo en razas, países y clases. El planeta requiere cambios conductuales y un mejor relacionamiento entre humanos y con lo no humano. Donde la interculturalidad sea motor de una vida más noble y consciente entre nosotros. En el mismo sentido, nos rehusamos a ser llamados parte del grupo geopolítico de opresores y genocidas o sus inconscientes colaboradores y consumidores; aunque suene repetitivo, nos comprometemos con la vida donde la vida misma nos encuentre, para organizarnos y conspirar en favor de ella, en su defensa, con la paz y la justicia social como horizonte.

Concluir aclarando que, en esa diversidad de la Colombia migrante, hay también quienes desde el exterior hemos participado activamente en la campaña por la vida, una minoría en USA que crece a pasos de gigante y que, en países como Noruega o Alemania llegó a representar más del 80% del electorado. En medio de los profundos rostros de desigualdad y los ambientes hostiles del norte global, somos un pueblo que defiende sus raíces y viene realizando una pedagogía de paz, cultura y colombianidad con sabor a cumbia, vallenato y bullerengue. 

Somos la diáspora de esa otra Colombia que cree en la vida y la justicia social, que creyó en lo plasmado en el Acuerdo de paz y las afirmaciones suscritas en el proyecto de Gustavo Petro; ese pueblo que sigue mostrándole al mundo esa otra cara de las y los colombianxs, la de la potencia mundial de la cultura y la biodiversidad.  

*    Magister en políticas públicas, profesional especializado en el área de la nutrición comunitaria y la salud pública. Ha adquirido experiencia por medio del ejercicio profesional en el área de la implementación y territorialización de políticas públicas de infancia y acompañamiento integral población vulnerable, promoción de la gestión y la participación social en salud. Se encuentra vinculado como investigador social del Observatorio de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional y su semillero de investigación Defensa del Territorio, adjunto a la Universidad Nacional de Colombia. Es también, Analista y columnista en el Periódico UNAL de la misma institución.

Julio de 2026 – Orlando, FL.

Información adicional

Autor/a: Daniel Castillo M.
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico desdeabajo Nº338, Agosto 17 - Septiembre 17 de 2026

Leave a Reply

Your email address will not be published.