La transformación de la Escuela La Florida en Palermo, Huila

Yo nunca he hecho nada por mí mismo; todo lo he logrado con ayuda

El martes 6 de febrero de 2024 llegué a la Escuela La Florida, una sede de la Institución Educativa Nilo, la cual cuenta con nueve sedes más; mi sede se encuentra ubicada en la zona rural del municipio de Palermo, Huila, allí llegué después de haber ganado el concurso de ingreso. Como docente con más de diez años de experiencia en procesos de acompañamiento pedagógico, llegué cargado de ideas, propuestas, sueños y, sobre todo, con el firme propósito de contribuir a transformar la vida de cada uno de los niños y niñas que asistían a la escuela, hoy somos diecinueve personas quienes habitamos esta escuela multigrado que va desde transición hasta quinto grado: quince niñas y niños, más dos estudiantes de diecisiete y veintiséis años con discapacidades cognitivas, la responsable de la alimentación, y quien les escribe.

Sin embargo, desde el primer día pude observar una realidad que contrastaba profundamente con mis expectativas. La Escuela La Florida evidenciaba un preocupante deterioro de su infraestructura y una evidente falta de atención institucional. El machimbre del techo estaba roto y ondulado, lo que representaba un riesgo para la integridad de los estudiantes y docente. Además, entre el machimbre y la cubierta habitaba una colonia de murciélagos que, diariamente, producía una lluvia de guano –excremento de estos animales– que caía sobre la cabeza y la ropa de los niños y docente.

Las paredes también reflejaban el paso del tiempo y la falta de mantenimiento. La humedad acumulada durante años había deteriorado considerablemente sus superficies, que presentaban un aspecto verdoso, poroso y deteriorado. Aquellas paredes parecían convertirse en testigos silenciosos de una situación que, durante años, había afectado a la escuela.

Las carencias tecnológicas eran igualmente evidentes. No había computadores, tabletas ni dispositivos electrónicos que permitieran desarrollar procesos básicos de alfabetización digital. Tampoco existía conexión a internet ni una sala de informática. El único elemento relacionado con la tecnología era un antiguo teclado que permanecía en la escuela como una especie de vestigio de otras épocas.

La situación de los implementos deportivos no era diferente. Estos se reducían prácticamente a un balón deteriorado que había sido donado por un docente con la intención de propiciar espacios de recreación, integración y compañerismo durante los descansos.

La escuela tampoco contaba con suficientes materiales pedagógicos para responder de manera adecuada a las necesidades de los estudiantes. Incluso el acceso a la institución presentaba dificultades: la escalera por la que ingresaban diariamente los educandos estaba deteriorada y carecía de barandas de apoyo. Además, su superficie excesivamente lisa incrementaba el riesgo de accidentes.

Frente a esta realidad, comprendí que no bastaba con identificar las dificultades: era necesario comenzar a actuar. Por ello, junto con los padres de familia de la Escuela La Florida, dimos el primer paso. Como expresa una conocida frase: «El primer paso es la mitad del camino». 

De la indignación a la acción: el primer paso de una comunidad 

En las reuniones con las familias comenzamos a dialogar sobre las condiciones de infraestructura y seguridad de la escuela. Hablamos del riesgo que representaba el deterioro del machimbre, de la posibilidad de que parte del cielo raso se desprendiera y de las condiciones poco adecuadas generadas por la presencia de murciélagos.

En medio de aquellas conversaciones también surgieron momentos de humor que permitieron fortalecer los vínculos con las familias. En una de las reuniones, al referirme al estado de la escuela, expresé, de manera coloquial y metafórica, que estaba «vieja y fea». Las madres de familia rieron, pero comprendieron perfectamente la figura utilizada: aquella expresión no pretendía descalificar el lugar, sino llamar la atención sobre la necesidad urgente de transformarlo.

Posteriormente, representé a los docentes del municipio de Palermo en el Foro Educativo Municipal. Allí tuve la oportunidad de exponer algunas de las dificultades que enfrentaban las escuelas rurales y de plantear la necesidad de generar acciones concretas para mejorar sus condiciones.

Este espacio permitió que la problemática trascendiera las paredes de la Escuela La Florida. Se logró plantear ante la administración municipal la necesidad de intervenir no solamente nuestra sede, sino también las demás escuelas rurales del municipio (53), que enfrentaban diferentes necesidades de infraestructura y dotación.

Posteriormente, se presentaron ante la Administración Municipal de Palermo varios derechos de petición mediante los cuales se solicitó la intervención de la infraestructura de la Escuela La Florida, especialmente el retiro y reemplazo del machimbre deteriorado. El propósito fundamental era salvaguardar la integridad física de los niños, niñas y demás integrantes de la comunidad educativa.

Los esfuerzos comenzaron a producir resultados

En 2025 llegaron materiales destinados al mejoramiento de las instituciones educativas del municipio. En el caso de la Escuela La Florida, se recibieron pinturas para intervenir las paredes, puertas y ventanas.

Ante esta oportunidad, el Consejo de Padres (2024) de la escuela decidió aportar recursos propios. Se destinó la suma de quinientos mil pesos ($500.000) para contratar directamente a las personas encargadas de realizar las labores de pintura. De esta manera, la comunidad educativa no se limitó a esperar soluciones externas, sino que asumió un papel activo en la transformación de su propio entorno.

De manera paralela, las gestiones realizadas mediante los derechos de petición comenzaron a generar resultados en relación con el deterioro del machimbre. La sede principal, Institución Educativa Nilo recibió recursos para el cambio del material deteriorado en la Escuela La Florida. Ese fue un segundo paso importante, sin embargo; sabíamos que aún quedaba mucho por hacer.

No se trataba únicamente de reparar aquello que representaba un riesgo. También era necesario construir ambientes agradables, dignos y estimulantes para el aprendizaje; por esta razón, junto con el Consejo de Padres (2025), decidimos continuar trabajando en el embellecimiento de la escuela.

Como resultado de este esfuerzo comunitario, se pintó un gran mural de aproximadamente 18 metros de largo por 3 metros de alto. La transformación comenzó a ser visible: aquella escuela que inicialmente parecía marcada por el abandono empezó a recuperar su color, su identidad y, sobre todo, su esperanza.

Pero su embellecimiento no se limitó al gran mural exterior. Dentro del salón también se realizaron cinco murales temáticos, concebidos como ambientes pedagógicos que acompañaran y enriquecieran los procesos de aprendizaje de los estudiantes. Se creó un mural dedicado a las Ciencias Naturales, un Rincón Literario para incentivar el gusto por la lectura y la imaginación, un espacio alusivo a las Matemáticas, otro dedicado a las Ciencias Sociales y uno relacionado con la Recreación y el Deporte. De esta manera, las paredes dejaron de ser simples superficies y se convirtieron en recursos pedagógicos que dialogaban permanentemente con los niños y niñas y con sus experiencias de aprendizaje.

La transformación también llegó al comedor escolar. Allí se elaboró un tren acompañado de murales alusivos a la alimentación saludable, con el propósito de convertir este espacio cotidiano en un ambiente agradable, educativo y significativo para los estudiantes. Asimismo, se creó un mural que representa una cocina bonita y acogedora, fortaleciendo la identidad del lugar y transmitiendo un mensaje sencillo, pero poderoso: los espacios donde los niños se alimentan y comparten también merecen ser dignos, agradables y pensados para su bienestar.

Así, poco a poco, cada rincón de la Escuela La Florida comenzó a contar una historia diferente. Las paredes que antes reflejaban deterioro empezaron a convertirse en escenarios de aprendizaje, creatividad, color y esperanza.

Aún quedaban nuevos desafíos

En otra de las gestiones realizadas, se elaboró un video dirigido al gobernador del Huila, con el propósito de visibilizar las necesidades de la Escuela La Florida, como resultado de esta gestión, se recibieron dos computadores y algunos implementos deportivos.

Cada aporte representaba mucho más que un objeto material, para los niños, significaba la posibilidad de acercarse a nuevas experiencias de aprendizaje, de jugar, explorar, crear y descubrir otras maneras de relacionarse con el conocimiento.

A pesar de estos avances, las necesidades continuaban, por ello, se mantuvo la comunicación con las diferentes autoridades y se continuó insistiendo, mediante nuevos derechos de petición, en la necesidad de dotar a la escuela de computadores para los diferentes grados y de intervenir la escalera de acceso.

La Escuela La Florida, por su carácter multigrado, requiere recursos que permitan atender simultáneamente las necesidades educativas de estudiantes de diferentes edades y niveles, por ello, la dotación tecnológica y el mejoramiento de la infraestructura no constituyen lujos, sino condiciones que contribuyen a garantizar mejores oportunidades de aprendizaje.

Durante este proceso aprendí que transformar una realidad educativa exige perseverancia, muchas veces las respuestas no llegan inmediatamente; sin embargo, cada gestión, cada conversación, cada solicitud y cada acción comunitaria puede convertirse en un nuevo paso. Por eso, hice propias unas palabras atribuidas a Walt Whitman: «Aunque el viento sopla en contra, la poderosa obra continúa». La frase representa, de alguna manera, el espíritu que acompañó este proceso: continuar trabajando incluso cuando las circunstancias parecían adversas.

Con el paso del tiempo, varias de las necesidades iniciales comenzaron a disminuir. La escuela empezó a contar con mejores condiciones físicas, algunos recursos tecnológicos y deportivos, espacios más agradables y una comunidad educativa cada vez más comprometida con su transformación.

El poder de una comunidad unida para transformar el hábitat educativo

Más allá de los recursos obtenidos, el logro más importante fue demostrar que la participación de las familias y el liderazgo docente pueden generar transformaciones significativas cuando se articulan alrededor de un propósito común.

La Escuela La Florida comenzó este proceso enfrentando múltiples carencias. Sin embargo, poco a poco, y mediante el esfuerzo conjunto del docente y familias, se fueron dando pasos hacia una escuela más digna, segura y acogedora. Hoy, al mirar hacia atrás, puedo comprender que aquellos primeros días no solamente mostraron las dificultades de una escuela rural; también mostraron el enorme potencial que existe cuando una comunidad decide no resignarse.

Los niños y las niñas de la Escuela La Florida han sido los principales protagonistas de esta historia. Ellos han visto cómo su escuela ha cambiado, han participado de sus transformaciones y han aprendido que cuidar, defender y mejorar el lugar donde estudian también es una forma de construir comunidad. Por ello, más que hablar de una obra física, es necesario hablar de una transformación colectiva. Porque cuando una escuela mejora, no solamente cambian sus paredes, sus techos o sus espacios: también cambia la manera en que los niños se sienten al llegar a ella.

Y quizá ese sea el verdadero significado de todo este esfuerzo: lograr que cada niño y cada niña pueda entrar a su escuela sintiendo que ese lugar también les pertenece, que allí son importantes y que su educación merece espacios dignos, seguros y llenos de esperanza. 

El camino que aún nos queda por andar 

Es importante resaltar que aún existen importantes necesidades de infraestructura por atender en la sede La Florida. Si bien hemos realizado acciones y gestiones, persisten requerimientos fundamentales para garantizar condiciones adecuadas, seguras y dignas para el desarrollo de las actividades educativas de los niños y las niñas.

Recibimos con optimismo la visita del delegado del Departamento de Planeación de la SED Huila, quien verificó en el terreno y respaldó las prioridades que hemos identificado para la escuela: la cancha múltiple, la cubierta del polideportivo, la sala de internet, el tanque de agua potable, el muro de contención, la placa huella de ingreso, entre otras solicitudes que hemos radicado formalmente. Asimismo, valoramos el acompañamiento de la Administración Municipal de Palermo, cuyos ingenieros han ratificado técnicamente estas urgencias.

En este escenario, el cierre de la vecina sede El Viso nos deja una lección profunda: las escuelas rurales corren el riesgo de desaparecer si no se defienden a tiempo. Por eso, reiteramos nuestro llamado respetuoso a la Administración Municipal de Palermo para que continúe avanzando de la mano con la comunidad educativa. Más allá de la voluntad política, nuestros niños necesitan que estas gestiones se traduzcan en presupuestos y obras concretas.

Finalmente, como comunidad educativa, estamos listos para fortalecer el diálogo institucional sobre las fuentes de financiación disponibles (SGP, Regalías). Nuestra meta es clara: que dentro de las competencias de cada nivel de gobierno se priorice la inversión en La Florida, para que la educación rural, en esta parte del departamento del Huila y del país, no se detenga.

Agradecimientos

Este proceso orientado a generar espacios que favorezcan la enseñanza y el aprendizaje, no habría sido posible sin la ayuda desinteresada, comprometida e idónea, de las siguientes madres de familia: Leidy Johanna Ospina Vargas, Adriana España Pinilla, Yurany Sánchez, Marysoled Minú Silva e Ingrith Lorena Morea. 

Información adicional

Una historia de compromiso y esperanza
Autor/a: Jorge Antonio Flórez Cabrera* (Remarc. Red de maestras y maestros rurales de Colombia)
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico desdeabajo Nº339, Septiembre 17 - Octubre 17 de 2026

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