El canciller alemán, Friedrich Merz, anunció un plan de más de 80.000 millones de euros para rearmar el país en unos Presupuestos que hace saltar por los aires las reglas fiscales.
Alemania se consagró como la gran guardiana de las reglas fiscales de la Unión Europea en la crisis económica de 2008. Los Estados miembros que la sufrieron más, especialmente los del sur, como Grecia, España o Portugal, tenían que cumplir de manera estricta y sin excepciones la senda de reducción de deuda e intentar no superar el déficit que marcaba la Unión Europea. Una obsesión de Berlín y de sus aliados habituales en materia de austeridad, como los Países Bajos y los nórdicos en general, que condenaron al sur de Europa a grandes recortes y una crisis económica que se ha alargado durante años y cuyas consecuencias sociales y políticas de la cual aún resuenan.
En aquel momento, las economías del sur, como la española, sufrieron en mayor escala que la alemana, por ejemplo, las consecuencias de la recesión. Era mucho más fácil para Alemania que para España cumplir con las reglas fiscales de la Unión Europea. Sin embargo, la situación es ahora la contraria: la economía española es la que más crece y la alemana registró una pequeña recesión el año pasado y ahora se encuentra en un crecimiento muy débil. En este contexto, Berlín ha cambiado de opinión y ha encontrado la excusa perfecta para, ahora sí, saltarse las reglas fiscales sin miramiento y, de esta manera, impulsar su industria y economía.
La excusa de Berlín es el rearme de Alemania y, en general de la Unión Europea, ante el expansionismo del régimen de Vladímir Putin, así como la renovación de las grandes infraestructuras del país germánico. La conocida en política económica como keynesianismo militar: un aumento descomunal del gasto público en defensa militar para potenciar la actividad económica. En este sentido, el canciller alemán, el conservador Friedrich Merz, que gobierna en una gran coalición con los socialdemócratas, anunció un plan de más de 80.000 millones de euros para rearmar el país germánico y renovar carreteras y, entre otras, conexiones ferroviarias.
El plan de Berlín también tiene la intención de reflotar la industria alemana, que, especialmente la automovilística, no pasa por un buen momento. Por este motivo, tal y como informaron el pasado miércoles diferentes medios, el Gobierno pretende sobre todo comprar armamento en Alemania y en el conjunto de la Unión Europea, e intentar importar lo menos posible de Estados Unidos. De hecho, una de las intenciones de Merz es ganar autonomía en todos los sentidos respeto a la potencia estadounidense, especialmente en materia industrial y militar.
Para poder realizar este gran gasto público, Alemania ha tenido que reformar su Constitución y reducir su compromiso dogmático con la austeridad económica. Además, el país alemán, que es el más grande e influyente de la Unión Europea, ha conseguido que la Comisión Europea, presidida también por la conservadora alemana Ursula von der Leyen, permita una excepción en el cumplimiento de las reglas fiscales para que los Estados miembros puedan llegar al 5% del Producto Interior Bruto (PIB) de gasto en defensa que impuso Donald Trump en la OTAN.
Ahora, los países europeos que así lo quieran pueden superar en 1,5 puntos el máximo de déficit que permiten las reglas fiscales acordadas por la Unión Europea. Sin embargo, este gasto extra se tiene que destinar única y exclusivamente a defensa, no a otras carteras. Es decir, el Gobierno de Francia, por ejemplo, se ve empujado a recortar en materia social para cumplir con las reglas fiscales, pero podría saltárselas si es para llevar a cabo el rearme europeo.
Se trata de una excepción que Bruselas y la Unión Europea solo permitieron de manera general durante la pandemia del coronavirus. Después del fracaso en la gestión de la crisis económica del 2008, en la que la austeridad y los recortes prolongaron muchos años la recesión y agravaron sus consecuencias, el bloque comunitario optó por el remedio contrario: un gran gasto público. Y no en defensa, sino para acelerar la transición ecológica y ganar competitividad. Gracias en parte a estos fondos, los conocidos como los de Recuperación o Next Generation, la UE consiguió salir mucho más rápido en esta crisis financiera y, algunos países, como España, continúan creciendo a un buen ritmo.
El giro de Alemania
El catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona (UB) Joan Tugores recuerda en conversación telefónica con Público que el dogma de Alemania con la austeridad viene de muy lejos. “Sus raíces son muy profundas. Después de la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versalles impuso un pago a Alemania que era imposible de cumplir y Alemania emitió dinero y se endeudó de manera excesiva”, añade el profesor, que lo cualifica de una “vacuna” contra la indisciplina fiscal que tiene efectos secundarios en Berlín hasta nuestros días.
De hecho, a pesar de que Alemania ha encontrado en el plan de rearme la excusa perfecta para reducir su compromiso con la austeridad, su discurso sobre la disciplina fiscal tampoco ha dado un giro de 180 grados. Se trata, en todo caso, de una moderación del tono sobre la rigurosidad en el cumplimiento de las reglas fiscales. “Los alemanes son alemanes, y han relajado su disciplina fiscal de manera excepcional y condicionada”, resume Tugores.
Bruselas-28/09/2025



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