Coyuntura. Salario mínimo: economía familiar vs. economía de mercado                                                                                                                                                                                                                                                           

Al parecer, el incremento del 23,7% en el salario mínimo para el 2026, decretado por el Gobierno, resultó una sorpresa para tirios afectos y troyanos adversos de todos los pelambres. En nuestro caso una oportunidad para reflexionar acerca de la economía familiar y la economía capitalista de mercado en perspectiva de cambio civilizatorio.

Refería un amigo entrañable, y afecto a los cambios del gobierno progresista, que, a raíz del mentado incremento, un familiar había tenido que cerrar su emprendimiento empresarial debido a que no podía sostener a los tres trabajadores que, como empleados, hasta entonces, tenía con todas las de la ley.  La situación nos permite pensar: “si el afectado en cuestión lo habría cerrado, de haber sido su emprendimiento de carácter familiar”, es decir, si los que laboraban no hubiesen sido asalariados acordes con la economía o empresa de mercado moderna, sino miembros o participes de un sistema económico familiar de marras en la historia de nuestra especie. Asunto que conlleva tener en cuenta, en primera instancia, las creencias, valores, propósitos, expectativas y estrategias de cada uno de esos tipos de economía –de por si bastante diferentes–; como las formas en que se pueden imbricar, al tiempo que metamorfosearse en la perspectiva del marco o condiciones de la nueva época civilizatoria en ciernes.

No sobra señalar, que muchas de las mismas grandes empresas capitalistas en el mundo, y en Colombia, surgieron de emprendimientos familiares. Como que también la economía, en su origen histórico y significación conceptual, se refería a la disposición de la vida doméstica u hogar (oikos) de la cual, formaban parte los esclavos y/o siervos, cuyo trabajo era considerado por sus propietarios como fundamentales para el sostenimiento de la familia; incluso, su status legal y social les otorgaba derechos y obligaciones dentro de su núcleo. Además, era   fundamental el papel que en su efecto protagonizaba la mujer como verdadera ama de casa –en todo lo que esta palabra significa, que no precisamente el de propietaria–, y en consecuencia para garantizar la vida de sus miembros que era su creencia, valor, expectativa  y propósito fundamental; mientras, los hombres propietarios de bienes, que incluía otros hombres y mujeres, y  como únicos seres libres del oikos, se daban el lujo de vivir deliberando (parlando) en el Foro los asuntos de la polis (políticos), entonces públicos del poder. Evidente que entonces, unos eran los asuntos económicos relacionados con el sostenimiento de la vida y otros los políticos relacionados con el poder, es decir, la dominación de y sobre los bienes o riqueza propiamente dicha.

De otra parte, tenemos a la economía capitalista de mercado, ese sistema de producción, distribución y consumo de bienes y servicios que caracteriza a la forma de vida denominada moderna, emergida en los siglos XV-XVI, a partir de los mercados urbanos –o burgos–, impulsada en los siglos siguientes por el uso de las energías fósiles carbón y petróleo en la gran industria del vapor. Sistema de producción cuya médula reside en el denominado trabajo asalariado al servicio de quien, como dueño del capital, oficia de patrón; que, por lo mismo, se considera con el derecho de apropiarse de una parte del plusvalor producido por ese tipo de trabajo. Forma de economía que algunos entendidos identifican con la llamada actividad crematística (del griego: χρημα khrema; «la riqueza», «la posesión»), planteada por Tales de Mileto (Turquía, 624 a.C.-548 a.C), como  el arte de adquirir y acumular riquezas y que Aristóteles (Grecia, 384 a. C.-Calcis, 322 a. C.)  consideraba una actividad contra natura por cuanto deshumaniza a quienes se dedican a ello. Sistema, a su vez, denominado en sus inicios como economía política por sus autores fundacionales: Adam Smith (1723-1790), Thomas Malthus (1766-1834), David Ricardo (1772-1823), y Carlos Marx (1818-1883), quienes comprendían y analizaron los asuntos económicos junto a los políticos y demográficos. Que, posteriormente, a mediados del siglo XIX en pleno auge del sistema, se llamará economía neoclásica en autoría de William S. Jevons (1835-1882), Carl Menger (1840-1921), León Walras (1834-1910), Alfred Marshall (1842-1924), quienes la reducen en su denominación a la importancia de los mercados y la competencia, ligadas a la utilidad marginal, el equilibrio y la teoría matemática econométrica cuantitativa, centrando su atención en la conducta de los individuos que –consideran– toman decisiones racionales, lógicas y coherentes al buscar su utilidad o satisfacción, personajes que, como empresarios, buscan  maximizar sus beneficios en un contexto de recursos limitados, y cuyas decisiones afectan la oferta, la demanda y los precios en los mercados; acciones que en conjunto, son la expresión de sus creencias, valores, propósitos, expectativas y estrategias, que consideran deben dominar en todo el mundo. En donde ahora, como asuntos estrictamente económicos, se entenderán independientes de los políticos, al punto que con el neoliberalismo se lleva al culmen del ninguneamiento del mismo papel de Estado, que, a través de los impuestos, consideran, atenta contra la libertad del “dejar hacer, dejar pasar” que objetivamente –independientes de su voluntad– y como una “mano invisible” los rige.

De otra parte, tenemos la economía familiar que ha acompañado a la humanidad desde sus mismos orígenes, conviviendo –aun en la actualidad–, con el mismo sistema de mercado capitalista referido. Su comprensión teórica encuentra en el ruso Aleksander V. Chayanov (1888-1937), uno de sus preclaros exponentes, quien centra su reflexión en las formas de producción agrario y artesanal premodernos, referenciado en la experiencia rusa. Concibe esa actividad como de orden natural, cuya obligación es la de satisfacer las necesidades de cada unidad de producción, que es al mismo tiempo una unidad de consumo, de ahí que su presupuesto sea en alto grado del orden “cualitativo: para cada necesidad familiar ha de proveerse en cada unidad económica el producto cualitativamente correspondiente innatura”[i]. En ella solo puede medirse la cantidad considerando la cuantía: “es suficiente o es insuficiente, le falta tanto más tanto de cada necesidad”. Como en ella no se paga mano de obra y lo que obtiene es el producto de su propio esfuerzo familiar, entonces no se puede descomponer analítica u objetivamente. Por cuanto no hay fenómeno social de salarios, el fenómeno social de beneficio neto también falta. Resultando imposible aplicar el cálculo capitalista de la ganancia. En ella, La cuantía del producto del trabajo la determinan el tamaño y composición de la familia trabajadora, el número de miembros en capacidad de trabajar, además, la productividad de la unidad de trabajo, el grado de esfuerzo, y de autoexplotación mediante el cual sus miembros efectúan cierta cantidad de unidades de trabajo en el curso del año. En donde el grado de explotación lo determina un equilibrio peculiar entre satisfacción de la demanda familiar y fatiga de trabajo. Insistía en que la racionalidad económica de los campesinos no significaba siempre optimizar los beneficios obtenidos; que, en momentos en que la relación productores/consumidores era más favorable, la familia campesina no utiliza necesariamente todas sus disponibilidades de trabajo. En cambio, en momentos de gran necesidad, cuando el ratio –relación o proporción– entre brazos y bocas para alimentar disminuyese, se emplearía a fondo el potencial productivo del hogar, aun en un contexto de rendimientos decrecientes. En fin, como señala Kula, el campesinado “ante los incentivos del mercado es completamente diferente a la del campesino capitalista: vende más cuando los precios son bajos y viceversa[ii]. Chayanov considera que la economía campesina se adaptaba a las necesidades de cada momento, determinadas fundamentalmente por dinámicas demográficas, sin plantearse la posibilidad de acumular propiedad ni riqueza mediante la adquisición de tierras nuevas y la contratación de mano de obra ajena al núcleo familiar[iii].

Sabemos, de una parte, que esta forma de vida económica familiar ha sido objeto de eliminación o infiltración con el fin de alinderarla en sus credos modernizantes capitalista y socialistas reales, que la consideran, desde sus supuestos como irracional y anacrónica, entre otros. El mismo Chayanov fue fusilado en 1937 por el régimen stalinista, empecinado en proletarizar –modernizar– el campo ruso como condición para socializarlo. También, que son millones de unidades familiares y comunidades urbanas y rurales diversas en el mundo: indígenas, negras, Rroom, etc, las que mantienen su existencia. Que, incluso, compensan los mismos desequilibrios y rebosamientos ecológicos, ambientales, de eliminación de la biodiversidad natural y cultural, de inseguridad alimentaria, sociales del desempleo, económicos de ingresos y en consecuencia generador de delincuencia y de valores éticos, como morales, de deshumanización en la explotación laboral que genera y propicia particularmente el sistema capitalista y en general la moderna civilización fósil en crisis.

Forma de vida económica que, Incluso, se verá beneficiada, privilegiada y cualificada por los factores que propician los  giros civilizatorios que vislumbra la nueva época transmoderna en ciernes, debido al dominio de las energías limpias localizadas, redes de comunicación democratizadoras, formas autogestionarias, inteligencia artificial, biotecnologías y protección ambiental, disminución demográfica, cambio cultural y revolución ético-moral que implica el reconocimiento y profusión de lo diverso, lo diferente, lo ninguneado o invisibilizado. Que no así lo puede hacer la economía de mercado capitalista precisamente en crisis al verse por ellos desbordada.   

En ese marco, el familiar de nuestro amigo puede: 1. Rehacer su emprendimiento en el marco de una empresa familiar con todo lo que ella, teórica, práctica y en perspectiva civilizatoria, implica. 2. De otra, calcular en el marco de las condiciones sociopolíticas del progresismo, cuanto trabajo asalariado requiere su empresa para que despegue como empresa capitalista como tal. O, 3.  Finalmente, cerrarla definitivamente culpando al Estado, y dándole razón a las creencias, valores y propósitos de la empresa neoliberal que, de igual forma, le permitirá ir hasta donde lo deje la misma competencia trasnacional que le es afín.   

Febrero 15 de 2026


[i] Chayanov A. (1981) Sobre la teoría de los sistemas económicos no capitalistas. En Chayanov y la teoría de la economía campesina. Cuadernos del pasado y presente. Siglo XXI editores. México. (P. 52) 

[ii] Witold Kula. 1974. Teoría económica del sistema feudal. Siglo XXI. España editores. (Pág. X)

[iii] David S. Reher. Las economías familiares dentro de un contexto histórico comparado. Reis 55/91 pp. 65-91

Información adicional

Autor/a: Luis H. Hernández
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: desdeabajo

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