El más grande historiador a nivel mundial en el siglo XXI

Carlo Ginzburg, que fue sin duda alguna el historiador más importante del planeta Tierra entre 1985 y 2026, falleció en Bologna el 17 de junio pasado. Pues luego de la desaparición de Fernand Braudel, que fue el historiador mas importante de todo el siglo XX, Ginzburg se convirtió de modo lógico en el heredero casi natural de esta posición, transformándose en el historiador que, a nivel mundial, era el autor de una obra cuyo impacto profundo y extendido superaba al de cualquier otro historiador en cualquier parte del mundo. Lo que se debía no sólo a la excepcional originalidad y profundidad de sus diversos libros y ensayos, sino también a la viva e inagotable curiosidad intelectual que lo llevó permanentemente a seguir explorando y descubriendo para nosotros temas históricos y sociales novedosos e inéditos, pero también ignotos e innovadores paradigmas metodológicos de la historia, antes no explicitados o teorizados, junto a nuevos enfoques, para también nuevos pero igualmente para viejos problemas históricos, además de su continua construcción de originales conceptos, perspectivas y categorías, que fueron enriqueciendo progresivamente los territorios y las herramientas del todavía joven oficio de historiador.


Porque en las últimas cuatro décadas, y mediante la traducción a múltiples lenguas de sus textos más importantes, lo mismo que a través de las Conferencias que impartió en Universidades e instituciones académicas de muchos países, la obra de Carlo Ginzburg y el conjunto de aportes teóricos, epistemológicos, conceptuales, problemáticos e historiográficos que ella incluye, fue ganando una influencia creciente en prácticamente todas las historiografías nacionales del planeta Tierra, convirtiéndose en una referencia absolutamente imprescindible para todos aquellos historiadores serios y genuinamente críticos que trabajan en los distintos campos y subáreas de la historia cultural. Pero también, y más en general, para todos aquellos seguidores de la Musa Clío que intentan hacer una verdadera historia crítica y científica, alejada tanto del positivismo ramplón siempre complaciente con los poderes establecidos, como de esas nuevas versiones del irracionalismo moderno que hoy representan las posturas del posmodernismo, o también las de su última y limitada variante del pensamiento poscolonial, decolonial o anticolonial, dentro de la disciplina histórica.


Pues conforme pasan los años, es cada día más claro que el modelo de historia cultural que Ginzburg ha edificado, cultivado, enriquecido y prolongado durante toda su vida representa, visto desde una perspectiva global y planetaria, el modelo más avanzado del que hoy disponemos los historiadores contemporáneos de todo el mundo, para abordar esos temas complejos y sutiles de lo que ha sido y es actualmente considerado como esa dimensión de la vida social humana que es la cultura (1). Un modelo para el estudio de la historia cultural que no sólo se apoya en las mejores y más ricas tradiciones de análisis que le han precedido en torno de estos temas históricos y culturales, sino que también se estructura desde una muy compleja arquitectura metodológica, que además de haber hecho explícitos sus paradigmas fundamentales, ha ido revisando y reconstruyendo todos los conceptos centrales necesarios y atingentes a este examen de la dimensión cultural, vista desde el emplazamiento específico de su singular evolución histórica.


Dicha propuesta de análisis de la historia cultural, supera y desconstruye radicalmente a la limitada y empobrecida historia de las mentalidades, desarrollada por la tercera generación de la mal llamada “Escuela de los Annales”, lo mismo que a la tradicional y aristocratizante historia de las ideas, distanciándose también de la perspectiva francesa de una historia social de la cultura, derivada de los ejercicios de historia cuantitativa del libro, y de la historia intelectual anglosajona, la que desde una lectura sesgada y muy particular de los trabajos de Clifford Geertz, reduce siempre la singularidad y especificidad de los distintos hechos y fenómenos culturales a su simple significación derivada del contexto en que se insertan (2).


Al mismo tiempo, esta rica propuesta de Carlo Ginzburg para el desciframiento de la cultura y de la historia cultural se apoya, como él mismo lo explica, tanto en las sutiles contribuciones de Marc Bloch, desarrolladas sobre todo en su bello libro Los reyes taumaturgos (3), como en los ricos aportes de la obra de Mijaíl Bajtin sobre los códigos y estructuras de la cultura popular, pero también en las obras de Edward Palmer Thompson o de Natalie Zemon Davies, en torno a las expresiones y manifestaciones diversas de la cultura popular. Igualmente, y de una manera nada pasiva, sino activa y heurística, Ginzburg también recrea y recupera en sus investigaciones el esencial paradigma braudeliano de la larga duración histórica, aplicándolo brillantemente en esta construcción de su singular modelo para el estudio crítico de la historia cultural.


Todo ello confluye en un complejo modelo de historia cultural cuya tesis central afirma que dicha cultura es, y ha sido siempre, un verdadero campo de batalla y de confrontación entre las culturas hegemónicas y las culturas subalternas, batalla que sin embargo no ha impedido que, simultáneamente a ese combate permanente, e incluso como parte del mismo, se haya dado también un constante intercambio o movimiento de ida y vuelta entre ambos campos culturales. Movimiento de préstamos mutuos y refuncionalizaciones, que a la vez que hace que las clases dominantes se “roben” todo el tiempo ciertos temas y elementos de la cultura popular, para luego refuncionalizarlos y usarlos como armas de su dominio ideológico y cultural, también implica que las clases populares y subalternas cambien continua y radicalmente el sentido a ciertos elementos o mensajes de la cultura hegemónica, transformando su intención original e introduciendo en ellos el sentido rebelde y subversivo de los códigos y comportamientos festivos y desacralizadores de esa cultura popular.


Modelo complejo para el análisis crítico de la historia de la cultura humana, que además pretende situarse, esencialmente, desde el “punto de vista de las víctimas”, es decir, analizar los hechos históricos, sociales y culturales que aborda, no desde la habitual óptica de los vencedores y de los que en cada momento histórico dominan y rehacen la historia a su favor, sino por el contrario, desde la perspectiva de todos aquellos grupos y clases sociales que a lo largo del vasto y complejo periplo de la evolución histórica humana, han sido derrotados, explotados, marginados, avasallados y silenciados, a pesar de constituir, en casi todos los casos, la inmensa y abrumadora mayoría de la población. Punto de vista de las víctimas que, siguiendo las lecciones de Walter Benjamin, nos da acceso a ese lado oscuro y sumergido de la historia que sólo se hace presente cuando pasamos el cepillo del análisis histórico a contrapelo de sus versiones dominantes y consagradas, de esas versiones tan apreciadas y cultivadas acríticamente por la tradicional historia oficial y positivista (4).


Además y en esta misma línea crítica, este modelo para la construcción de una historia cultural nueva y diferente se ha estructurado recuperando y descubriendo varios paradigmas metodológicos fundamentales, que han sido también los paradigmas centrales del más vasto proyecto de la corriente histórica de la microhistoria italiana (5) —corriente a la que Ginzburg ha estado asociado de manera esencial durante un largo periodo de su vida—, y que el autor del gran libro El queso y los gusanos, va a utilizar de manera especialmente creativa para la construcción y luego para la aplicación diversa de ese mismo modelo crítico de historia cultural. Paradigmas fundamentales que incluyen sobre todo el paradigma del cambio de la escala de análisis, el paradigma del análisis exhaustivo e intensivo del tema o universo investigado, y finalmente el paradigma indiciario.


Porque al recorrer con cuidado los principales libros de Carlo Ginzburg, nos percatamos de inmediato como es que van apareciendo y van siendo teorizados, explicitados y utilizados heurísticamente estos tres paradigmas, en la misma medida en que se complejiza y va completando la construcción y enriquecimiento tanto del modelo crítico general para el estudio de la historia cultural, como el análisis de allí derivado de distintos fenómenos y expresiones singulares igualmente culturales. Así, desde su primer libro publicado en 1966 y titulado I benandanti, libro pionero y anticipador de algunos de los temas que el debate historiográfico posterior habrá de recoger en los lustros siguientes, vemos esbozarse ya algunos elementos de una posible primera elaboración o sistematización de algunas de las dimensiones del futuro modelo de historia cultural que sólo habrá de cristalizar más claramente diez años después en El queso y los gusanos, pero también vemos ya aparecer el estudio de un claro caso atípico, que en esta obra es investigado de una manera exhaustiva e intensiva, y dentro de un juego de va y viene entre ciertas escalas macrohistóricas y microhistóricas, pero aún sin haber asumido y teorizado el uso de estos dos paradigmas, y sin haber derivado claramente todas las implicaciones metodológicas y epistemológicas que los mismos conllevan.


Pues Los benandanti es claramente un estudio crítico de un caso histórico elegido, precisamente, por ser un caso anómalo o excepcional, algo que resulta relevante, pues Ginzburg insistirá más adelante, al teorizar acerca de los resultados de varias de sus investigaciones principales, en que para los historiadores esos casos anómalos que escapan de la norma son tan reveladores, y muchas veces más reveladores, que los casos “típicos”, o “normales”, o más frecuentemente reiterados y presentes dentro de la historia. Y no hay duda de que esta búsqueda persistente de esos casos “raros” o extraordinarios que trascienden a la llamada normalidad se repetirá después muchas veces y a todo lo largo de la obra de nuestro autor, por ejemplo en el caso del hoy célebre molinero Menocchio, cuya cosmovisión del mundo será estudiada con tanto acierto y con tantos resultados heurísticos en el bello libro de El queso y los gusanos.

El autor del gran libro El queso y los gusanos, va a utilizar de manera especialmente creativa para la construcción y luego para la aplicación diversa de ese mismo modelo crítico de historia cultural. Paradigmas fundamentales que incluyen sobre todo el paradigma del cambio de la escala de análisis, el paradigma del análisis exhaustivo e intensivo del tema o universo investigado, y finalmente el paradigma indiciario.


Así, después de la lectura de Los benandanti no es ya posible continuar sosteniendo la errónea pero muy difundida concepción que considera la cultura campesina sólo como una simple y burda colección de supersticiones, de actitudes limitadas e irracionales o de lugares comunes equivocados y de falsas ideas sobre el mundo y la realidad. En su lugar, y como fruto del rico análisis contenido en este primer libro de manufactura ginzburguiana, aparece la noción de una cultura campesina compleja y estratificada, de múltiples dimensiones y elementos que, nacida de la reflexión secular y milenaria en torno de la experiencia directa del mundo y de la naturaleza, combina las lecciones decantadas del saber popular, con creencias populares generadas por el esfuerzo de explicar el mundo en su totalidad desde ese mismo horizonte de la experiencia campesina directa, junto a fragmentos y elementos provenientes de otras culturas –por ejemplo la cultura citadina, o la cultura cristiana, pero igualmente la cultura racionalista burguesa— los que como sucede siempre en estos casos, son permanentemente retraducidos y recuperados dentro de esa propia cosmovisión campesina.


Por otra parte, tenemos también en este libro un ejemplo brillante del modo en que la cultura hegemónica se posiciona siempre frente a la cultura popular, un modo marcado por la soberbia y por la incomprensión —que los historiadores y científicos sociales realmente críticos no deberíamos reproducir de ninguna manera— y que intenta siempre subsumir y reintegrar esa cultura subalterna dentro de los propios esquemas y estereotipos de la cultura dominante, incluso a través de la violencia y de la deformación completa de sus mensajes y estructuras principales.


De la misma manera, si es claro también que en El queso y los gusanos ya se ha articulado muy redondamente ese modelo crítico ginzburguiano de historia cultural, que todavía nos sorprende enormemente y que no ha sido superado hasta el día de hoy, y si en la construcción de su argumento están muy claramente presentes y en acción los tres paradigmas metodológicos antes mencionados, del cambio de las escalas históricas, del examen exhaustivo e intensivo de los materiales, y de la lectura indiciaria de las huellas o indicios principales, también es claro que la explicitación y teorización de estos aportes metodológicos ya ‘aplicados’ en el libro publicado en 1976, se hará solamente en los años inmediatamente posteriores a esta misma publicación.


Pues al revisar con cuidado este texto de El queso y los gusanos, que hoy es parte de la formación básica imprescindible de cualquier historiador serio y crítico, en cualquier parte del mundo, llama sin duda la atención el hecho de que si bien esta obra es hoy reputada como la obra más importante de toda la producción global de la corriente de la microhistoria italiana, en ella no se utiliza sin embargo nunca el término de “microhistoria”. Lo que no ha impedido para nada el hecho de que, en el planeta entero, ella sea considerada no sólo como “un” ejemplo, sino muchas veces hasta como “el” ejemplo por excelencia de un verdadero “ejercicio microhistórico”, así como de una muy lograda y exitosa “aplicación” de los principales paradigmas y propuestas metodológicas de dicha concepción microhistórica del oficio de historiador.


Lo que en nuestra opinión significa que en El queso y los gusanos, Ginzburg se anticipa a la formulación explícita del cuerpo teórico y metodológico de las propuestas generales y de los paradigmas principales de la microhistoria italiana, las que, en cierta medida, podrían también considerarse como parte de las lecciones metodológicas extraídas o derivadas justamente de esta investigación empírica publicada en 1976. Porque es obvio que en El queso y los gusanos, su autor maneja ya de un modo muy consciente, los paradigmas centrales de la aproximación microhistórica, moviéndose ágilmente de ida y vuelta desde los modelos entonces dominantes de la explicación macrohistórica de los procesos culturales italianos y europeos del siglo XVI, hacia el caso altamente atípico pero también profundamente revelador de la cosmovisión de Menocchio, a la vez que realiza una genuina “lectura intensiva” tanto de las declaraciones de Domenico Scandella y de sus Inquisidores, como incluso hasta de los “silencios” del molinero acusado, adentrándose igualmente en la reconstrucción lo más completa posible de la “red de relaciones” tejida en torno del periplo biográfico de ese peculiar molinero friulano, lo mismo que en la “búsqueda indiciaria” de todos los trazos y las huellas aparentemente secundarios, pero realmente reveladores de los códigos esenciales de la cultura popular campesina italiana y europea en ese “largo siglo XVI” (7).

Y como fruto de todo esto, lo que Carlo Ginzburg va a darnos en El queso y los gusanos, es, como ya hemos mencionado, la propuesta de un nuevo modelo de historia crítica para el estudio de las culturas subalternas, el que habiendo sido construido desde las lecciones del “experimento microhistórico” del estudio intensivo del caso de Menocchio, permitirá criticar y superar, como ya hemos referido también, tanto a la amorfa historia de las mentalidades francesa, como a las visiones y modelos ‘aristocráticos’ de estudio de la cultura popular, pero también a aquellas propuestas que confunden a la cultura popular con la cultura que les es impuesta a las clases populares, e incluso a los entonces emergentes modelos de historia cuantitativa de los procesos culturales, entre otros. Con lo cual, El queso y los gusanos se convertirá en el ejemplo más célebre y más conocido, en el mundo entero, de lo que es un trabajo o ejercicio de verdadera aplicación microhistórica.

Celebridad y muy amplia difusión de esta obra, que también deriva, naturalmente, del hecho de que su gran hipótesis articuladora no es otra que la osada tesis que afirma y demuestra que, a pesar de 1000 años de continuo y persistente trabajo de la Iglesia católica europea para ‘cristianizar’ y convertir a su doctrina al conjunto de los pueblos de todas las regiones y después naciones de Europa occidental, las clases populares y subalternas de Italia y de toda Europa, continúan concibiendo el mundo de una manera materialista, naturalista, semipagana y siempre moldeada por los códigos culturales y los patrones de explicación del saber campesino popular, nacido de la experiencia directa, y forjado durante siglos y milenios a partir de la observación, examen e interpretación de sus realidades y espacios inmediatamente circundantes.

Osada tesis de El queso y los gusanos, que si se asume en todas sus profundas consecuencias, nos obligaría a reestudiar, reinterpretar y reescribir la entera historia de la cultura de la civilización europea de los últimos quince siglos, a partir de replantear de un modo radicalmente diferente tanto lo que en realidad ha sido e incluso es hasta hoy esa cultura campesina y subalterna de las clases populares de toda Europa, como también la específica y muy complicada relación que ella ha tenido, en este milenio y medio, con las distintas culturas hegemónicas de las clases dominantes de esa misma civilización europea. Una audaz tarea de re-explicación y de reinterpretación que el propio Ginzburg ha continuado realizando en sus múltiples trabajos de los últimos cincuenta años, pero que dada su inmensa magnitud, sigue siendo todavía una tarea pendiente de los actuales y futuros historiadores y científicos sociales realmente críticos de toda Europa e incluso de todo el mundo.


Estudio entonces complejo de la persistencia tenaz de esa cultura campesina europea, que según los descubrimientos de nuestro autor, va a sobrevivir y a mantenerse muy activa y vigente, más allá de los embates e intentos de dominio y de eliminación por parte de la cosmovisión cristiana del mundo entonces dominante. Y que en esa coyuntura privilegiada que representa el ‘largo siglo XVI’ de la transición en Europa del mundo feudal a la moderna sociedad capitalista, va a expresarse con fuerza y de mil diferentes maneras, por ejemplo, como lo estudio brillantemente Mijaíl Bajtin, en la singular obra de François Rabelais, pero también en la peculiar y retadora cosmovisión del molinero friulano Domenico Scandella, objeto del estudio ginzburguiano.


Cultura subalterna campesina italiana y europea, cuyos códigos principales serán precisamente descubiertos y explicitados por Carlo Ginzburg en El queso y los gusanos, al privilegiar como su centro de atención, no el rescate de las visiones estereotípicas de los inquisidores e interrogadores de Menocchio, sino más bien el evidente desfase entre esos estereotipos de los perseguidores del molinero, y frente a ellos, las peculiares y atrevidas explicaciones de este último sobre el texto de la Biblia, o sobre el origen del mundo, o respecto de la génesis de Dios y de los ángeles, lo mismo que sus provocadoras posturas respecto de la inútil y parásita función de la Iglesia y de los curas, o en torno de las relaciones que según él deberían establecerse entre las distintas religiones del mundo.


Radiografía magistral de los códigos de comportamiento, los mecanismos de elaboración y los modos de funcionamiento de esa cultura popular campesina de la Italia y también de la Europa de los siglos XVI y XVII, que bajo esta mirada construida a contrapelo de las historias oficiales y de las historias entonces dominantes, va a mostrársenos como una cultura popular y subalterna mucho menos pasiva, receptiva y estacionaria de lo que pretenden esas visiones tradicionales de la historia de las ideas, todavía dominantes en buena parte del siglo pasado. Por el contrario, lo que Ginzburg demuestra en su texto sobre Menocchio, es que esa cultura campesina es una cultura sorprendentemente viva, activa y en constante mutación y renovación, y que lejos de haber sido completa, integral, y exitosamente “cristianizada”, como lo pretendían las historias oficiales de la cultura europea, se muestra más bien como una compleja síntesis de distintos estratos culturales y dimensiones espirituales, en donde conviven lo mismo los rituales agrarios precristianos y las concepciones derivadas del milenario saber popular sobre la naturaleza, que algunos elementos del cristianismo que han sido, no obstante, claramente reinterpretados y refuncionalizados desde los códigos esenciales de esa misma cultura campesina popular, pero también, y junto a todo esto, la existencia de ciertos elementos provenientes de la cultura ilustrada y erudita desarrollada en ese mismo largo siglo XVI, que se han filtrado y han sido recuperados, de manera muy activa y no pasiva, por estas mismas clases campesinas y populares italianas y europeas.


Cultura popular campesina, que es sólo uno de los polos de la compleja relación entre cultura hegemónica y culturas subalternas, relación que además, como igualmente lo ilustra Ginzburg en este libro, no tiene lugar solamente en la confrontación y el combate permanentes, sino también en un complicado flujo de movimientos de ida y de vuelta, en la que los préstamos e intercambios entre ambos campos culturales son constantes y diversos, conformando entonces a ambos, como dos espacios que son un variado y complicado conjunto de formaciones y figuras diversas, que se presentan mucho más bajo la forma de abanicos de muy heterogéneas posiciones, que bajo la forma de simples y monolíticos bloques sencillos y homogéneos.


De este modo, paralelamente a esa explicitación y asunción de todas las consecuencias epistemológicas de dichos paradigmas —la que no sólo será obra de Ginzburg, sino también de otros de los representantes de la microhistoria italiana, como Edoardo Grendi o Giovanni Levi— va a darse también la progresiva sofisticación, ensanchamiento, enriquecimiento y complejización del modelo crítico de análisis de los fenómenos culturales y de la historia cultural de Carlo Ginzburg, proceso que será sin duda uno de los ejes centrales subyacentes al entero periplo intelectual ginzburguiano, desde sus obras ya referidas de Los Benandanti y El queso y los gusanos, hasta su más reciente libro hasta hoy publicado, y titulado Il vincolo della vergogna (9).


Pero si la teorización y explicitación tanto del paradigma del cambio de la escala de análisis, como del paradigma del examen exhaustivo e intensivo del universo o tema investigado son una obra más colectiva, en la que Carlo Ginzburg colabora, pero que lo trasciende y desborda, en cambio la explicitación y sistematización teóricas y epistemológicas del paradigma indiciario, si son obra exclusivamente del propio Ginzburg, constituyendo así su personal y singular contribución metodológica más importante al campo de los estudios históricos, e incluso a las ciencias sociales, más contemporáneos.


Paradigma indiciario que siendo un paradigma del conocimiento aplicable no sólo a la historia sino a todas las ciencias sociales, nos propondrá enfrentar inteligentemente las dificultades y lagunas que muchas veces presentan los materiales escasos, parciales, fragmentarios, incompletos o hasta inexistentes de los que disponemos para el análisis histórico o social, invitándonos a leer los documentos, las fuentes, las pistas y todo tipo posible de rastro humano disponible y conservado, de una manera precisamente “indiciaria”, es decir, atenta a aquellos elementos sólo en apariencia insignificantes, pero en verdad y a la luz de una mirada entrenada en su desciframiento, profundamente reveladores de las realidades esenciales que el historiador o el científico social intentan atrapar y descubrir en su investigación.


Estrategia de ubicación, lectura, desciframiento y utilización heurística de los ‘indicios’, que si bien se había ya ‘aplicado’ en El queso y los gusanos, sólo se ha explicitado en 1979, en el célebre ensayo titulado “Huellas o Espías. Raíces de un paradigma indiciario”, texto que le dará a Carlo Ginzburg una celebridad enorme, en Italia y en Europa, cuando ese ensayo se traduzca casi de inmediato al inglés, al alemán, al francés y al holandés, y cuando provoque repetidos comentarios y debates en múltiples Revistas, Coloquios, Foros y hasta diarios italianos de aquellos mismos tiempos.


Paradigma indiciario que siendo la principal contribución de Ginzburg a la metodología histórica y a la metodología de las ciencias sociales del siglo XX, va a representar, nada más y nada menos, que una completa y profunda crítica radical de los límites esenciales de la moderna racionalidad burguesa dominante, racionalidad basada en el paradigma ‘galileano’ de conocimiento de la realidad, el que al privilegiar sobre todo la matematización del mundo, y la mirada generalista, abstracta y racionalizante del mismo, va a terminar por sacrificar lo cualitativo a lo cuantitativo, lo concreto a lo abstracto, y lo emotivo vivido a lo fríamente racional, cuantificable, serializable y formalizable. Racionalidad burguesa moderna que si bien le ha permitido a la humanidad el orientarse y sobrevivir en el mundo durante los últimos cinco siglos transcurridos, ha terminado también, desde hace más de cinco décadas, por mostrar sus enormes límites cognoscitivos y por entrar en una crisis definitiva e irreversible, que se manifiesta lo mismo en las impugnaciones que de ella hacen la moderna teoría del caos y los estudios complejos, dentro de las llamadas ciencias naturales, como también en la extendida crítica del limitado esquema disciplinar del conjunto de las ciencias sociales, llevado a cabo a por los estudios culturales, por el análisis de los sistemas-mundo o por la propia microhistoria italiana, entre otros. Y naturalmente, también por este paradigma del estudio indiciario de la realidad.


Estrategia del conocimiento indiciario, cuyas raíces rescata Ginzburg desde las lejanas prácticas y culturas de los primeros cazadores humanos, que al reivindicar otra vez lo cualitativo, lo concreto y lo singular e irrepetible, va no sólo a poner en crisis y en cuestión a esa racionalidad burguesa dominante, sino también a replantear de raíz la naturaleza misma, el estatuto, los procedimientos y hasta los objetivos y modos diversos del entero oficio de historiador. E incluso y más allá, del oficio mismo de todas las hoy llamadas ciencias sociales. Además, y desde este replanteamiento del estatuto cognoscitivo mismo que tiene en general la ciencia de la historia en su versión más contemporánea, es decir, en la versión que ella ha desarrollado desde el proyecto crítico de Marx y hasta nuestros días, Ginzburg va recuperar también las complejas y subterráneas conexiones que este mismo conocimiento histórico e incluso social tiene con los saberes populares, y por esta vía, una vez más, con el vasto universo de las culturas subalternas de la sociedad (11).

Rescate entonces crítico, intencional e inteligente de los indicios, junto a la puesta en práctica de una estrategia indiciaria de lectura e interpretación de todas las elementos, fenómenos y realidades históricas estudiados, que como lo demuestran los ricos ensayos y libros de Ginzburg, nos hace posible ir más allá de las explicaciones habituales y convencionales de los hechos y los procesos históricos, a la vez que nos permite trascender los análisis superficiales propios de la historia positivista y oficial, o también los desvaríos absurdos e irracionalistas de las visiones posmodernas, o poscoloniales, o anticoloniales, aún postuladas por algunos historiadores actuales.

Explicaciones originales, audaces e inéditas, de nuevos o también de viejos temas de la historiografía, que de una manera reiterada, persistente y abundante se harán presentes a todo lo largo y ancho de la producción intelectual salida de la pluma de Carlo Ginzburg. Como por ejemplo, en su libro publicado en 1989 y titulado Historia nocturna. Un desciframiento del Aquelarre, en donde no sólo se rescatan y prolongan varias de las claves y de los problemas planteados en el libro de Los Benandanti, sino que también se desmonta y se reconstruye, desde los horizontes de la larga duración histórica braudeliana, y desde las lecciones del método morfológico-histórico, esa compleja construcción cultural que fue la del Aquelarre europeo moderno. Con lo cual, nuestro autor es capaz de combinar ciertos elementos del uso político de las persecuciones de determinadas minorías sociales, o de otra parte los cambios de la conciencia colectiva que acompañan al nacimiento de la sociedad capitalista moderna, al autoconcebirse como una sociedad racionalista e ilustrada, con dimensiones provenientes de antiquísimos mitos de origen céltico o con arquetipos culturales universalmente presentes en los cuentos de niños y en los mitos griegos, para a partir de todas estas raíces, explicarnos la compleja construcción, vigencia, difusión y luego crisis y muerte de esa creencia moderna en las reuniones nocturnas de brujas y de brujos.

Compleja construcción que articula de manera brillante los diferentes elementos y tiempos de la historia, en la más pura tradición braudeliana, y cuyo objetivo principal no es otro que el audaz e inmenso esfuerzo de explicar, a través del caso concreto del Aquelarre, el mecanismo universal de la construcción humana de ese complejo y central fenómeno cultural que es el del ‘mito’, y también, el modo en que dicho fenómeno del ‘mito’ se articula complejamente con el ‘rito’, rito que lo encarna, lo materializa y lo reactualiza, en cada una de las diferentes etapas de la larga vigencia y sobrevivencia de esa misma construcción epistemológica mítica. Por eso, puede Ginzburg afirmar en su osada y profunda ‘Conclusion’ de esta obra, que lo que él intento analizar “…no es un relato entre tantos, sino la matriz misma de todos los relatos posibles”.

Obra de muy altos vuelos teóricos y conceptuales, y de alcances tanto temporales como espaciales inmensos, que a decir del propio Ginzburg, y también de otros microhistoriadores italianos, ya no es un libro de ‘microhistoria’, como si lo son El queso y los gusanos, e incluso con criterios laxos, también Los Benandanti, sino de “macrohistoria”. Pero mirando más de cerca el asunto, pensamos que si bien es cierto que Historia Nocturna no es ya un clásico ejercicio de microhistoria, sin embargo sigue siendo cierto el hecho fundamental de que, a pesar de todo, también en esta obra se aplica una vez más el procedimiento o paradigma del cambio de escala, sólo que ahora de una manera por así decirlo invertida, en la que partiendo desde el determinado nivel de los modelos “macrohistóricos” habituales de explicación de la historia europea, el argumento del texto va a remontarse, cambiando una vez más la escala de análisis, a otro nivel aún más “macrohistórico” y de hecho, al nivel más “macrohistórico” posible, que es sencillamente el nivel de la entera historia universal de la cultura y de los símbolos de la humanidad en cuanto tal, a lo largo del entero periplo de su largo recorrido histórico consumado hasta el día de hoy.

Movimiento de cambio de escalas desde el nivel de la historia europea hacia el nivel de la historia humana en general y de regreso, que muestra como dicho paradigma de la modificación de la escala de análisis es igualmente aplicable, pero también igualmente fructífero y revelador de nuevas dimensiones, elementos y realidades históricas, cuando nos lleva desde la macrohistoria hasta la microhistoria y de regreso, como lo postula el clásico procedimiento o ejercicio ‘microhistórico’, que cuando nos hace remontarnos desde un cierto nivel macrohistórico hasta otro nivel macrohistórico mucho mayor y de retorno, como en el caso de este ambicioso texto ginzburguiano de 1989.


El modelo de análisis que Carlo Ginzburg ha construido entonces para el estudio y explicación de los diversos casos y fenómenos de la historia cultural que ha ido abordando sucesivamente, destaca, como es evidente a partir de todos nuestros argumentos anteriores, por su excepcional y enorme riqueza, complejidad, originalidad y agudeza. Trazos de su enfoque específico sobre los hechos y procesos culturales, que se prodigan y multiplican también en los varios libros publicados por nuestro autor en los últimos siete lustros, y que constituyen todos ellos distintas recopilaciones de sus ensayos y artículos principales, escritos en este mismo lapso más reciente de su producción intelectual.

Porque vale la pena señalar el hecho, reconocido por el propio Carlo Ginzburg, de que si observamos el entero periplo de su camino intelectual, el mismo está constituido por dos claros periodos, diferenciados por el carácter de los textos que ha escrito y publicado, y divididos por el año de 1989, año de la edición original de su libro Historia nocturna. Pues desde 1959, año de publicación de su primer texto, que fue una reseña crítica de una compilación de artículos de Marc Bloch en italiano, hasta 1989, Ginzburg dedicó le esencial de su esfuerzo de investigación a la escritura de libros importantes de largo aliento, como Los Benandanti, El queso y los gusanos, e Historia nocturna, además de a algunos ensayos que eran sobre todo de carácter metódológico. En cambio, después de 1989 y hasta 2026, y a pesar de haber dudado en ocasiones de emprender nuevamente alguna investigación de mas largo aliento, es claro que los esfuerzos centrales de nuestro autor se concentraron más bien en la escritura de ensayos breves e incisivos, los que fue sucesivamente compilando y publicando a lo largo de este segundo periodo de su producción intelectual (12).

Pues en esos diferentes libros volvemos a encontrar constantemente múltiples “ejercicios microhistóricos”, en los que el permanente movimiento desde los problemas generales y macrohistóricos hacia los estudios de caso individuales y microhistóricos y viceversa, funciona siempre para reproponer nuevas y más complejas hipótesis macrohistóricas, y nuevos modelos generales para la explicación de los problemas singulares y concretos abordados. Y ello, en muchas ocasiones, tanto a partir de sutiles “lecturas indiciarias” de los textos, las fuentes y los testimonios disponibles que le permiten a Ginzburg construir sus siempre audaces e inteligentes conjeturas históricas de explicación, como también a partir del claro análisis exhaustivo e intensivo de los casos, individuos, obras o fenómenos microhistóricos estudiados.

Por ejemplo cuando Ginzburg retoma a Sklovski, Tolstoi, Marco Aurelio, Vasco de Quiroga o Montaigne, entre otros, para explicarnos una de las precondiciones epistemológicas esenciales de la construcción de todo discurso o pensamiento social posible que aspire a ser genuina y radicalmente crítico, y que es la necesaria postura o actitud del “extrañamiento” o “desfamiliarización” respecto de la realidad o fenómeno específicos que estamos investigando. Procedimiento epistemológico del “extrañamiento”, que nos propone recuperar nuevamente la distancia necesaria para, primero, ser capaces de disolver la banalización, simplificación y deformación de las cosas y las realidades que estudiamos, y que deriva de su resignificación por parte de los discursos dominantes y justificadores de la realidad en turno como ‘el mejor de los mundos posibles’.

Radiografía magistral de los códigos de comportamiento, los mecanismos de elaboración y los modos de funcionamiento de esa cultura popular campesina de la Italia y también de la Europa de los siglos XVI y XVII, que bajo esta mirada construida a contrapelo de las historias oficiales y de las historias entonces dominantes, va a mostrársenos como una cultura popular y subalterna mucho menos pasiva, receptiva y estacionaria de lo que pretenden esas visiones tradicionales de la historia de las ideas, todavía dominantes en buena parte del siglo pasado.

Distanciamiento o extrañamiento frente a las explicaciones cotidianas y ‘pseudoconcretas’ de los hechos, que en un segundo momento hará posible mostrarlas a nuestra mirada bajo una nueva luz y desde ángulos distintos a los habituales, lo que es el camino para volver a ser capaces de acceder a su verdadera esencia y a su significado profundo. Y finalmente, y a partir de estos dos pasos previos, esos hechos, fenómenos o procesos estudiados desde esa nueva mirada distanciada y ‘extrañada’, y desde esos emplazamientos analíticos no habituales, podrán revelarnos nuevamente sus dimensiones y elementos fundamentales, los que tanto por el contacto cotidiano como por su reinserción dentro de los códigos de la cultura dominante, habían terminado por ser encubiertos, deformados y en ocasiones hasta eliminados del campo de nuestra propia percepción.

Procedimiento metodológico del ‘extrañamiento’, que no sólo es la puerta obligada de acceso a toda posible visión realmente crítica de las diversas realidades que investigamos, sino también una muy adecuada plataforma propedéutica para abordar una de las ideas medulares que recorren al conjunto de los ensayos incluidos en el libro Ojazos de madera, y que es la original pregunta de cómo se construyen y estructuran las diversas formas que los seres humanos utilizan para ‘duplicar’ aquella realidad que, de múltiples y complejas maneras, intentan aprehender, comprender y asimilar.

Pues una de las preocupaciones reiteradas de todos esos ensayos, es la de las específicas funciones, figuras, mecanismos y resultados que producen esas varias maneras de duplicar y de reproducir bajo distintas formas lo real, y que están presentes lo mismo en el complicado proceso de construcción y luego de utilización de los mitos humanos, como también en las diversas formas de la ‘representación’, pero igualmente en la elaboración de ídolos o de imágenes, en la plasmación de las obras de arte de todo género, en la edificación complicada de las configuraciones de la memoria, distinta de la historia, o hasta en la definición de los propios sentimientos de los seres humanos frente a sus semejantes.


Acercamiento muy original y novedoso a esos temas mencionados, que también está presente, de otra manera, en el conjunto de ensayos compilados en el libro Relaciones de Fuerza. Historia, Retórica, Prueba, libro en donde una de las interrogantes centrales será la de abrir pistas nuevas y multiplicar las posibles entradas al enorme y muy difícil problema del diálogo entre diferentes culturas. Diálogo que hoy se ha vuelto una de las encrucijadas principales de la humanidad, en virtud de la acrecentada y cada día más intensa universalización profunda del género humano, y que Carlo Ginzburg va a retomar, una vez más, desde inéditos emplazamientos y con también muy originales resultados, al reconstruir como Aristóteles y los griegos crean y recrean para sus contemporáneos las distintas imágenes de los pueblos llamados ‘barbaros’, o como nuestro presente rescata las culturas del pasado, o también como los europeos miran e interpretan una revuelta ‘indígena’ en una isla, o cómo es posible, en sucesivas épocas y momentos y desde diversas perspectivas, descifrar o ‘leer’ un célebre espacio en blanco flaubertiano, o finalmente como desde un cuadro excepcional de la pintura de Picasso, pueden replantearse radicalmente los diálogos, vínculos, invenciones y complejas transferencias y recuperaciones entre universos culturales tan diferentes como los de las culturas europeas y las culturas africanas.


Riqueza enorme de las aproximaciones de Ginzburg a los distintos temas y problemas que aborda, que está igualmente presente en su libro El hilo y las huellas, en donde de una manera agudamente rica y compleja, Ginzburg va a mostrarnos el complicado abanico de posibilidades que recorre el paso desde lo que podemos llamar ‘verdadero’ hasta lo que sin duda podríamos catalogar como ‘falso’, y que incluye lo mismo lo semiverdadero, lo verosímil, lo factible, lo posible, lo probable, lo imaginario, lo ficticio, lo inventado, lo mentiroso, lo erróneo, o lo falsificado, entre otros, lo que naturalmente complica enormemente el trabajo de los historiadores, pero incluso también de todos los científicos sociales. Porque entonces, si el trabajo de historiadores y científicos sociales es sin duda el de reconstruir y establecer las verdades históricas y sociales respecto de las distintas realidades estudiadas, ese trabajo no será una simple discriminación entre dos claros espacios o universos, sino más bien un difícil y sofisticado proceso de desciframiento y de reconstrucción de este complicado abanico de dimensiones y espacios mencionado.


Abordaje una vez más novedoso y original de este estatuto y definición de lo que es la verdad histórica y social, que además está explícitamente encaminado a cuestionar frontalmente a las irracionales posiciones posmodernas y poscoloniales dentro de la historia, las que al postular absurdamente la identidad o casi entre narración histórica y narración literaria o de ficción, o al relativizar hasta lo absurdo la validez de un pensamiento sólo por su origen geográfico y por su supuesto ‘eurocentrismo’, no sólo simplifican hasta el extremo estos complejos problemas, sino que también banalizan el sentido y los objetivos de la ciencia histórica, al emparejarla con objetivos e inquietudes puramente estéticos, o al defender la delirante tesis de crear ciencias y filosofías diversas de las europeas, y construidas desde lo ‘latinoamericano’, o lo ‘africano’, o lo local y autóctono correspondiente.


Crítica radical de las desencantadas e irracionales visiones posmodernas y poscoloniales sobre la historia, que Ginzburg prolonga y lleva más allá, al aplicar también las herramientas del análisis histórico ahora para el estudio de textos literarios, y por ende, con el claro objetivo de establecer verdades históricas y conocimientos reales y comprobables, lo que es en sustancia uno de los ejes de su libro Ninguna Isla es una Isla. Cuatro visiones de la literatura inglesa desde una perspectiva mundial. Con lo cual, Ginzburg da una vuelta más de tuerca a su crítica al posmodernismo en historia, no sólo insistiendo en la diferencia entre textos históricos científicos y textos literarios, sino ahora demostrando como estos últimos también pueden ser objeto de estudio histórico y científico, y en esta vía, también fuentes posibles de la construcción de verdades sociales e históricas.


Lo que además, se complementa con una constante experimentación historiográfica, de orden metodológico y epistemológico importantes que nuestro autor declara explícitamente en su ‘Introducción’, y que es la novedosa propuesta de recorrer el camino de la investigación no partiendo de las preguntas sino de las respuestas, es decir, de una vez constatada una filiación o vínculo intelectual importante, avanzar hacia atrás para rastrear las razones, modos, implicaciones y derivaciones múltiples de ese nexo o conexión que fue nuestro punto de partida. Y todo esto para comprender las modalidades del encadenamiento generado por la transmisión, interpretación, y desarrollo de los conocimientos humanos a través de los sucesivos autores que se leen y recuperan en torno de problemas similares o comunes, es decir el vínculo entre lectura de los textos y escritura de nuevos textos, aunque más en general entre recuperación del pasado desde el presente y proyección hacia el presente desde el pasado.


E igualmente sucede con el conjunto de ensayos compilados en el libro Miedo, Reverencia, Terror. Cinco ensayos de Iconografía Política, en donde Carlo Ginzburg va a jugar ahora con el tema del uso y el abuso de las imágenes, especialmente sus usos y abusos políticos, y también con el tema de la relación entre religión y política, para relativizar su supuesta oposición radical y hasta exclusión, y para sugerir que bien puede desarrollarse una suerte de culto semicristiano o religioso de un líder popular radicalmente antieclesiástico, o crearse una teología política que ocupa el lugar de la antigua teología religiosa, pero también cómo un mismo ‘efecto de imagen’ de un personaje que mira al espectador, apuntándolo con el dedo, ha podido volverse inmensamente popular y ser utilizada igual por la izquierda que por la derecha, y también por los más diversos regímenes nacionales o políticos.


Por su parte, el libro de Nondimanco. Maquiavelo, Pascal, parte de una afirmación retadora del mismo Maquiavelo, que alguna vez afirmó que ‘la política es un arte’. Entonces Ginzburg nos propone que quizá Maquiavelo ha sido capaz de revolucionar la teoría política de su propia época, precisamente porque la concibe como si fuese una forma más del arte, y no una ciencia. De este modo, a partir de este desplazamiento epistemológico enorme y original, se desatan múltiples consecuencias heurísticas, que nos remiten por ejemplo a dos líneas de argumentación cercanas a las preocupaciones habituales del propio teórico del paradigma indiciario.


Primero, la que nos recuerda que, mientras el paradigma platónico galileano se aplica a materias y realidades cuyo comportamiento es predecible y ya conocido, es decir, derivable del comportamiento anterior de esa realidad estudiada, en cambio el paradigma indiciario se aplica a actividades y realidades que incluyen una parte de comportamiento impredecible y no derivable de los comportamientos pasados. Por lo cual, ese comportamiento posible debe ser intuido, calculado, buscado, anticipado o semiprevisto, precisamente mediante el saber de los indicios y la aplicación de estrategias indiciarias. Y puesto que en la actividad de la política nadie sabe a ciencia cierta cómo reaccionaran las masas a una determinada medida del príncipe, o a una crisis económica, o a un estallido social, o etcétera, entonces concebir la política como arte y no como ciencia, la aproxima claramente al saber y al paradigma indiciario, al mismo tiempo en que le abre posibilidades de caracterización inéditas e inesperadas.


Una visión que no es tan lejana de la concepción de Marx de la política, que no la concibe ni como arte ni como ciencia, sino más bien como una forma deformada, autonomizada, y en los tiempos recientes, muy degradada de lo propiamente social, de donde se desprendió y autonomizó al surgir las clases sociales, y hacia donde se reabsorberá para desaparecer totalmente en un futuro no capitalista muy cercano ya a nosotros.


Por último, los dos libros más recientemente publicados de Carlo Ginzburg, La letra mata y El vínculo de la vergüenza, son dos riquísimas colecciones de ensayos de tipo metodólogico, que abordan temas tan centrales como por ejemplo cuál es la manera de construir un riguroso experimento de microhistoria, o las implicaciones diversas de llevar a cabo una verdadera lectura a contrapelo de los testimonios históricos para buscar en ellos ‘las huellas de la opresión’, o recuperar para la historia la distinción de los puntos de vista ‘emic’ y ‘etic’, o problematizar las relaciones entre microhistoria e historia universal, pero también los varios caminos o estrategias metodológicas para conectar el problema investigado con sus específicos contextos, convirtiendo a veces un simple dato o hecho o documento histórico, en un verdadero ‘caso’ vinculado a una norma, y susceptible de eventuales ‘generalizaciones’, o los frutos de la investigación genealógica, comparatista y clasificatoria de ciertas realidades históricas bajo estudio, o también la noción misma de ‘individuo’ y de ‘identidad individual’ concebidas como un abanico de líneas divergentes que coinciden en un punto determinado, o un largo etcétera difícil de presentar en unas pocas líneas.

***

Por todas estas razones, bien podemos decir que Carlo Ginzburg se ha ido convirtiendo, ya desde hace varias décadas y sin duda alguna, en un verdadero autor clásico de los estudios históricos actuales. Porque si como lo ha dicho Italo Calvino, un clásico se define, entre otros rasgos, porque es un texto que se relee varias veces, y que enriquece siempre a quienes lo leen, lo releen y lo recuperan continuamente, porque es un texto que influye siempre de una manera particular en sus lectores para volverse inolvidable o para convertirse en parte del inconsciente individual o colectivo, y que cada relectura suya significa un nuevo (re)descubrimiento, puesto que es un texto que no termina nunca de decirnos lo que tiene por decir, porque en cada relectura se aparece cómo nuevo, inédito e inesperado (13), entonces toda la rica y densa obra que nos ha legado Carlo Ginzburg es ya, seguramente, una obra clásica de la historiografía crítica más contemporánea.


Y si, como ha dicho alguna vez Van Gogh, son nuestras obras las que pueden y deben hablar por nosotros, entonces la obra de Carlo Ginzburg nos habla fuerte y profundo, desde las mejores y más esenciales tradiciones de esa historia genuinamente crítica, que desde Marx y hasta hoy, sigue alimentando a los mejores y más agudos seguidores de la Musa Clío.

  1. Sobre el complejo concepto de cultura, y sobre el original y rico modelo ginzburguiano de análisis de la historia cultural, cfr. Carlo Ginzburg, ‘Prefacio’ en El queso y los gusanos, Ed. Océano, México, 1998, ‘Introducción’, en Historia Nocturna, Ed. Muchnick, Barcelona, 1991, “Introduzione”, en el libro de Peter Burke, Cultura popolare della Europa moderna, Ed. Giulio Einaudi, Turín, 1980, “Premessa giustifacativa”, redactada por Ginzburg, al número de Quaderni Storici, num. 41, 1979, y “Progetto di un fascicolo sulla ‘Religione Popolare’”, en Quaderni Storici, num. 37, 1978, así como todos los ensayos de Ginzburg incluidos en el dossier ‘Homenaje a Carlo Ginzburg’, en el número 36 de la revista Contrahistorias, 2023. Véase también Bolívar Echeverría, Definición de la Cultura, Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 2010, y Vuelta de Siglo, Ed. Era, México, 2006.
  2. Sobre este punto cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, “Il formaggio e i vermi, un modello di storia critica per l’analisi delle culture subalterne”, en Storiografia, num. 7, Roma, 2003, y “Popular Culture and the Teaching of History: a Critical Reflection” en el libro Mirror Images. Popular Culture and Education, Ed. Peter Lang, New York, 2008. Y para la lectura sesgada de la obra de Geertz, cfr. Giovanni Levi, “Los peligros del geertzismo”, en el libro Luz y contraluz de una historia antropológica, Ed. Biblos, Buenos Aires, 1995.
  3. Sobre la influencia esencial de la obra de Marc Bloch sobre el pensamiento de Carlo Ginzburg, cfr. Carlo Ginzburg, Cinco reflexiones sobre Marc Bloch, Coedición Ed. Prohistoria/Editorial Contrahistorias, Rosario, 2018, y Dialogue avec Marc Bloch, Ed. Presses Universitaires de Lyon, Lyon, 2025. Véase también el texto “Un lapsus de Marc Bloch”, en el sitio: https://legrandcontinent.eu/es/ del 17 de junio de 2026, aunque esta versión periodística NO incluye las importantes notas a pie de página que Ginzburg si incluyó en la versión original de su ensayo.
  4. Vale la pena señalar que en los últimos tres o cuatro años, Carlo Ginzburg había decidido retrabajar la obra de Walter Benjamin, proyectando escribir en torno de ella varios ensayos nuevos. Lamentablemente, este proyecto ha quedado inconcluso. Sin embargo, un primer resultado de este revisitar la obra de Benjamin es su ensayo “Testi, immagini, riproduzioni. Sulle spalle di Walter Benjamin”, incluido en su último libro hasta ahora publicado, Il vincolo della vergona. Letture oblique, Ed. Adelphi, Milán, 2025.
  5. Sobre esta importante corriente de la microhistoria italiana, que es la más importante tendencia historiográfica dentro de los estudios históricos italianos de la segunda mitad del siglo XX, cfr. Henrique Espada Lima, A micro-história italiana. Escalas, Indícios e Singularidades, Ed. Civilizaçâo Brasileira, Rio de Janeiro, 2006, Darío Barriera, Ensayos sobre Microhistoria, Ed. Jitanjáfora, Morelia, 2002, Anaclet Pons y Justo Serna, Cómo se escribe la microhistoria, Ed. Catédra, Madrid, 2000, y Carlos Antonio Aguirre Rojas, Micro-história Italiana. Modo de Uso, Ed. Universidade Estadual de Londrina, Londrina, 2012.
  6. Para esta predilección consciente de Carlo Ginzburg respecto de los casos anómalos, cfr. la entrevista “Doce ‘flashazos’ de una conversación con Carlo Ginzburg”, incluida en Contrahistorias, num. 36, 2023, antes citado, y Carlos Antonio Aguirre Rojas, El método de Carlo Ginzburg. Casos, indicios, detalles y anomalías, Ed. Prohistoria, Rosario, 2023.
  7. En este punto, no deja de ser interesante comparar El queso y los gusanos de Ginzburg, con las obras principales de autores como Fernand Braudel, Marc Bloch o Edward Palmer Thompson. Así, igual que Fernand Braudel escribe El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II en 1949, para sólo en 1958 teorizar y explicitar de manera formal su propuesta metodológica acerca de la larga duración y de los tiempos históricos diferenciales, o como Marc Bloch, que sólo después de escribir La sociedad feudal, publicada en 1939 y 1940, va a teorizar y a explicitar sus principales lecciones metodológicas, en su texto inconcluso de la Apología para la historia, o al igual que Edward Palmer Thompson, que luego de editar en 1963 su libro La formación de la clase obrera en Inglaterra, escribirá sólo en 1971 su crucial ensayo sobre el concepto de la ‘economía moral de la multitud’, así también Carlo Ginzburg va a publicar primero El queso y los gusanos, para solo después hacer explícita su teorización acerca del procedimiento microhistórico, del análisis y la lectura intensivos del caso microhistórico, y sobre todo y muy particularmente, del paradigma indiciario.
  8. A esta luz, no deja de ser muy interesante releer ahora uno de los primeros trabajos de Carlo Ginzburg, que es su contribución a la obra colectiva Storia d’Italia de la Editorial Einaudi. Se trata de su capítulo de más de 70 páginas, titulado “Folklore, Magia, Religione”, en donde Ginzburg intenta reconstruir las grandes líneas de la evolución cultural de la península italiana durante casi dos milenios y hasta la situación actual, desde una genuina perspectiva braudeliana de larga duración. Cfr. Carlo Ginzburg, “Folklore, Magia, Religione”, en Storia d’Italia Einaudi. I caratteri originali II, Ed. Giulio Einaudi, Turín, 1972, y después una reimpresión en 1989 (Desafortunadamente, este texto de Carlo Ginzburg aún no ha sido traducido al español).
  9. Hablamos de los libros de Carlo Ginzburg, Los Benandanti, Ed. Universidad de Guadalajara, Guadalajara, 2005, El queso y los gusanos, antes ya citado, Pesquisa sobre Piero, Ed. Muchnick, Barcelona, 1984 (aunque en esta edición en español no se incluyen, naturalmente, los cuatro importantes ‘Apéndices’ de la nueva edición italiana de 1994, Indagini su Piero, Ed. Giulio Einaudi, Turín, 1994), Historia Nocturna, ya antes referido, Ojazos de madera, Ed. Península, Barcelona, 2000 (en la nueva edición en italiano de este libro, Occhiacci di legno, Ed. Quodlibet, Macerata, 2019, se incluye un décimo ensayo, “Schemi, preconcetti, esperimenti a doppio cieco. Riflessioni di uno storico”, no incluido en la edición en español, pero si ya publicado en español en la revista Contrahistorias num. 36, antes citada), Relaciones de fuerza. Historia, retórica, prueba, Ed. Contrahistorias, México, 2018, Ninguna Isla es una Isla, Ed. Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, Villahermosa, 2003, Tentativas, Ed. Universidad Michoacana, Morelia, 2003, El hilo y las huellas. Lo verdadero, lo falso, lo ficticio, Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2010, Miedo, reverencia, terror. Cinco ensayos de iconografía política, Ed. Contrahistorias, México, 2014, Nondimanco. Machiavelli, Pascal, Ed. Adelphi, Milán, 2018, La letra mata, Ed. Fondo de Cultura Económica, Santiago de Chile, 2024, y también Il vincolo della vergogna. Letture oblique, Ed. Adelphi, Milán, 2025. Sin mencionar el texto de 1975, en coautoría con Adriano Prosperi, Giochi di pazienza, Ed. Einaudi, Turín, 1975, la colección de ensayos metodológicos, Mitos, emblemas, indicios, Ed. Gedisa, Barcelona, 1989, el libro El juez y el historiador, Coedicición Ed. Muchnik – Ed. Anaya, Barcelona, 1993, los dos pequeños libros Jean Fouquet. Ritratto del buffone Gonella, Ed. Franco Cosimo Panini Editore, Modena, 1996 y Das Schwert und die Glühbirne. Picassos ‘Guernica’, Ed. Suhrkamp, Frankfurt, 1999 (incluido este en el libro de Miedo, Reverencia, Terror. Cinco ensayos de iconografía política), el interesante diálogo Vittorio Foa – Carlo Ginzburg. Un diálogo, Ed. Feltrinelli, Milán, 2003 y En el taller de Dante, Ediciones La cebra, Santiago de Chile, 2021.
  10. Sobre esta dimensión crítica general del paradigma indiciario, que nos sea permitido remitir a nuestro ensayo, Carlos Antonio Aguirre Rojas, “Le lezioni di Carlo Ginzburg sui limiti della razionalitá borghese moderna”, en el libro Lezioni di Teoria Crítica, Ed. Aracne editrice, Roma, 2024.
  11. Cfr. Carlo Ginzburg, “Huellas. Raíces de un paradigma de inferencias indiciales”, e “Intervención sobre el paradigma indiciario”, en Tentativas, antes citado. También “Reflexiones sobre una hipótesis: el paradigma indiciario, veinticinco años después”, en Contrahistorias, núm. 7, 2006, número dedicado a replantear las lecciones del paradigma indiciario, en los textos incluidos en el Dossier “Retorno al paradigma indiciario”.
  12. Carlo Ginzburg declara en una entrevista que en 1989 terminó su trabajo en los archivos, y que a consecuencia de ello, sus textos cambiaron también, para llevarlo a privilegiar la escritura de ensayos, mucho más que la de libros. Al respecto, cfr. la entrevista de Matthew Collins, “Thinking Backward”, en el sitio https://news.harvard.edu/gazette/story/2015/04/thinking-backward/. Y aunque Ginzburg, en los últimos siete lustros, solo publicó libros que eran todos colecciones de ensayos y artículos, eso no impidió que en un momento dado había proyectado alguna investigación de más largo aliento, que bautizó como un nuevo ‘ejercicio de microhistoria’, pero que al avanzar en ella se reveló como imposible y poco fructífera. Ese intento fallido de una investigación más amplia se concretó en su ensayo “Latitude, Slaves and the Bible. An experiment in Microhistory”, publicado en Critical Inquiry, vol. 31, número 3, Chicago 2005. También en otro momento Ginzburg trabajo en torno de la obra de Dante Alighieri, escribiendo varios ensayos que se editaron en el libro En el taller de Dante. Cuatro ensayos, ya citado, aunque sin dar lugar a un nuevo libro particular escrito de conjunto y en una sola redacción. Finalmente, Ginzburg trabajaba sobre los textos de Walter Benjamin en los últimos años, aunque ya no alcanzó a concretar tampoco un libro al respecto. También hay que señalar que junto a sus investigaciones históricas más concretas, y sus ricos y sugerentes ensayos, Ginzburg continuó siempre también su rico trabajo de reflexión metodológica y epistemológica, como puede verse, por citar sólo un ejemplo, en su ensayo “Nuestras palabras, y las suyas. Una reflexión sobre el Oficio de Historiador, hoy”, en Contrahistorias, núm. 19, México, 2012, o en su declaración explicita en el Prefacio del libro La letra mata, ya citado, donde dice: “Como se habrá entendido (…) las reflexiones sobre el método son un elemento recurrente en las investigaciones recogidas aquí” p. 14.
  13. Sobre estos rasgos de lo que es un texto clásico, cfr. Italo Calvino, “Perché leggere i classici” en el libro Perché leggere i Classici, Ed. Arnaldo Mondadori Editore, Milán, 1995. Véase también, sobre la ‘construcción’ y ‘desconstrucción’ de un clásico, pero también de su valor intrínseco, más allá de estas vicisitudes de su recuperación o negación, J. M. Coetzee, “¿Qué es un clásico? Una Conferencia” en Costas Extrañas, Ed. Random House Mondadori, México, 2011.

Información adicional

In Memoriam Carlo Ginzburg
Autor/a: Carlos Antonio Aguirre Rojas
País:
Región:
Fuente:

Leave a Reply

Your email address will not be published.