Cuando se habla de Estados Unidos como gran nación de progreso, el país de la “libertad”, pero existen problemas como la crisis por el fentanilo, los tiroteos en colegios y las redadas del ICE (1) que han dado como resultado el asesinato de civiles, la detención de niños, la violación de mujeres y un sinfín de irregularidades, surgen una serie de cuestionamientos importantes, no porque Estados Unidos sea el centro del mundo, sino porque sus acciones repercuten en otras latitudes de manera relevante y significativa. Al pensar en el mandatario de este país, es claro que el poder no siempre está en las manos adecuadas, porque Donald Trump además de negar el cambio climático, se cree dueño de la vida y la distribución de las especies en el planeta, decide hacer propagandas poniendo pingüinos en regiones donde naturalmente no existen, muy al estilo de Pablo Escobar, es un mandatario muy al estilo de la Gestapo.
Frente a este escenario, es acertado pensar que la justicia es inexistente, que la democracia se ha desvanecido, el “Leviatán” aparece como un ser ahora inofensivo, ineficaz, casi inexistente. En las circunstancias enunciadas para muchos ciudadanos el recurso de la tecnología termina siendo un medio para la exigencia de garantías, las personas usan sus teléfonos como testigo de las atrocidades, sin embargo, este mecanismo está resultando insuficiente para afrontar la violencia. El poder ha estado desbalanceado hace mucho y los sucesos recientes han permitido evidenciar las consecuencias de este desbalance.
Frente al escenario de un mandatario que se cree dueño del mundo, que es capaz de invadir países, adueñarse de recursos naturales tomándolos como suyos y ejerce su posición amenazando con hacerse dueño de territorios por la fuerza, entonces, ¿Qué le depara a la humanidad? ¿cuál es la resistencia que podemos dar frente a este tipo de acontecimientos?
Lamentablemente, quizás, mis reflexiones no son estructuras de pasos a seguir, mucho menos pretendo decirles a las personas que hacer, el punto está realmente en cuestionar, ver los fenómenos desde diferentes enfoques y tal vez, empatizar, fraternizar en ideas, en posibilidades para la resistencia frente al tiempo actual que atraviesa la humanidad, ¿crisis o caída del capitalismo? No podría afirmar nada al respecto con absoluta certeza, pero respecto a la crisis climática y los problemas próximos por recursos naturales, si los veo claramente venir, y como habitante de un país megadiverso, es mi deber y mi convicción hablar en pro de la defensa del territorio, de la tierra fértil, de las especies fructíferas, en pro de la seguridad alimentaria para las culturas que habitan tanto Colombia como sur América, y quizás, ojalá, como sur global.
Veo con preocupación los actos del presidente de los Estados Unidos, ciertamente, me parece un ser ignorante en muchos sentidos, por supuesto, un hombre blanco, heterosexual, del mal llamado “primer mundo” lleno de privilegios, un malcriado al que siempre le han dado todo, un pedófilo en el poder, un ser que podría catalogarse como inhumano, alguien acostumbrado a que todo salga a su acomodo; preocupa muchísimo, porque además de invadir Venezuela, ha propuesto la reconstrucción de Gaza, para su propio beneficio y el de los suyos, sin remordimiento, sin asco como se dice coloquialmente y no solo eso, lo hace de manera directa y sin escrúpulos.
Frente a este crudo panorama creo que lo que podemos hacer, la resistencia que nos queda es la de amar nuestro territorio, defenderlo más allá de la confrontación, hemos de saber defender nuestra tierra entendiendo el verdadero significado de la riqueza, que va más allá de la valoración económica.
Hemos avanzado, por fortuna gracias al presidente Gustavo Petro. Si bien, asumir el poder en Colombia es algo bastante retador, se han logrado algunas luchas por la igualdad, principalmente en términos de clase; su mandato ha correspondido con muchas de las promesas hechas, y así mismo ha sido posible materializar cambios en conjunto con el senado de la república, por lo cual creo que debemos seguir avanzando por ese camino en las elecciones de este año. Muchos de los logros que se pueden apreciar están asociados a la reforma laboral, las modificaciones a la ley 30 (2), el aumento del salario mínimo, y el apoyo a las comunidades a través de convocatorias para las regiones direccionadas por el Minciencias.
Quizás puede parecer laxo el enlace entre una cosa y la otra, sin embargo, el punto radica en que en gran medida la defensa de nuestro país consiste en la mejora de las oportunidades, para que las mentes que cultivan los bananos y las guanábanas de esta tierrita sean quienes puedan más adelante tomar las riendas. Sé que hay muchas personas que amamos infinitas cosas de este país, más allá de la desigualdad, la falta de oportunidades y la precariedad en muchos aspectos, si creo firmemente que hemos avanzado, y que en gran medida el aumento de posibilidades para la gente es una estrategia que puede ser fructífera para la protección de lo que tenemos. Yo no pretendo decir que el intelecto nos vaya a salvar, es una fracción de la ecuación en este dilema, pero una fracción importante, porque entre más personas aprendan a establecer estrategias de restauración, formas de producir de manera sostenible, estrategias financieras que respeten la vida y los ecosistemas, nos acercamos más a la pervivencia del territorio y lo vivo, lo que lo habita este país en conjunto. Saber manejar nuestros recursos y tomar rutas políticas e intelectuales para su protección, representa la posibilidad de vislumbrar transformaciones en los territorios, para el mantenimiento de la riqueza real que poseemos, la tierra fructífera que es este país, lleno de montañas, selvas, ríos y mares.
No puedo asegurar que el mundo no vaya directo a las múltiples distopias auguradas por muchos autores desde, lo que sí puedo hacer es incitar a la reflexión, hacer un llamamiento para que los que podamos, los jóvenes de este país no olvidemos las frases de Jaime Garzón, las enseñanzas de Camilo Torres y Fals Borda, yo tengo la esperanza de que los jóvenes y los mayores, los sabios, las abuelas indígenas y las infancias que están creciendo en la educación ambiental y el respeto por el planeta, seamos los que dirijamos este país, porque si no asumimos la dirección del país “nadie va a venir a salvarnos”.
Mi invitación entonces es, a no olvidar nuestros tesoros, cuidarlos y hacer lo posible para mantenerlos. Además, por supuesto, tratar de conversarlo porque si algún día nos invaden, entre más despiertos y conscientes estemos, mejores posibilidades tendremos. Esto último no lo propongo desde un tono alarmista, pero en este punto de mi vida y frente a la realidad actual, no soy fan de la ingenuidad, por lo que creo que lo mejor es estar conscientes de que lo que está sucediendo no es un fenómeno aislado, tanto a gran escala como a pequeña escala siguen ocurriendo injusticias, por lo tanto, mi llamamiento es a ser cómplices en el amor por esta tierra, y así, conversarlo, rejuntarnos, reflexionar, y no hacernos los de la vista gorda frente a lo que está pasando, porque ha sido Gaza, ha sido Venezuela, le ruego al universo que no seamos los próximos, pero si sucede, nuestra única esperanza es estar unidos, saber que nuestra verdadera riqueza proviene de la tierra, el agua, nuestras montañas, mares y ríos, nuestra garantía para la vida son nuestra fauna y nuestra flora.
Por siempre, hija del monte. Hija de la tierra. Amante del Martín pescador y el chivito de páramo, en constante relatoría del aire que me atraviesa, aquí seguimos, defendiendo la vida.
Por, Jeraldyn Castro. Bióloga. Coleccionista de imágenes y recopiladora de reflexiones
- Siglas en inglés para “Servicio de Control de Inmigración”.
- Una lucha del movimiento estudiantil por la igual y la gratuidad.


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