La lucha de las mujeres le sienta muy bien al fútbol

El fútbol femenino ha crecido durante décadas a base de derribar puertas, de superar prejuicios y de exigir respeto; también a base de demostrar que era muy rentable apostar por ellas.

Seguramente las futbolistas españolas preferirían centrarse en practicar el deporte que han elegido, sin embargo, el mundo del fútbol, su cultura, sus estructuras, les obligan con frecuencia a levantar la voz, reclamar su espacio y exigir sus derechos. Esta vez ha sido el despropósito de Luis Rubiales el que ha precipitado su reacción y en menos de una semana han pasado de celebrar un campeonato del mundo a darle la puntilla al presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF).

Es importante remarcar esto porque Luis Rubiales acumulaba muchas polémicas a sus espaldas, pero había conseguido esquivar todas hasta que ha chocado con el movimiento feminista. Y hablamos de un mundo, el del fútbol, que está acostumbrado a que los escándalos aparezcan y desaparezcan sin que los máximos dirigentes se vean afectados. Julio Grondona, histórico dirigente de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) y vicepresidente de la FIFA hasta su muerte en 2014, llevaba siempre un anillo con la inscripción “todo pasa”. Pasan los escándalos de corrupción, pasan los futbolistas, pero las instituciones siguen igual. Porque en el fútbol no gustan mucho los cambios, mucho menos si no son iniciativa de los propios dirigentes. La FIFA, la UEFA y también la RFEF son instituciones bastante conservadoras, acostumbradas a tomar decisiones sin que los futbolistas, verdaderos protagonistas del espectáculo, levanten la voz. Esto viene siendo así en el fútbol masculino, en el que la opulencia de sus protagonistas suele ser un buen antídoto contra las protestas. El fútbol femenino, en cambio, ha crecido durante décadas a base de derribar puertas, de superar prejuicios y de exigir respeto; también a base de demostrar que era muy rentable apostar por ellas.

Esta vez la selección española de fútbol femenina, el movimiento feminista en general, han dado una lección al mundo, demostrando que determinadas actitudes ya no se toleran, por más que seas el presidente de una federación nacional y vicepresidente de la UEFA. Ellas han sido vanguardia de la fuerza que tiene actualmente este movimiento, pero no es la primera vez que el fútbol femenino se ha enfrentado a los mandamases de este deporte. 

El pasado febrero, la FIFA demostró gran torpeza y poca conciencia al anunciar que la autoridad de turismo saudí, Visit Saudí, sería patrocinador del Mundial que acaba de ganar la selección española. El absurdo de que uno de los países en los que menos se respetan los derechos de las mujeres pudiera patrocinar un mundial de fútbol femenino provocó la reacción contundente de las jugadoras, incluyendo a muchas de sus máximas estrellas, y obligó a la FIFA a dar marcha atrás. Visit Saudí finalmente no ha sido patrocinador del Mundial, pero no tardó en encontrar otra competición en la que promocionarse. Ahora es patrocinador de La Liga. Sí, la española, y lo ha hecho sin que nadie haya levantado una ceja para mostrar su rechazo.

El fútbol femenino ha sido también vanguardia a la hora de conseguir la igualdad salarial. En 2019 la selección de fútbol femenina de Estados Unidos demandó a la federación de su país exigiendo el mismo salario que cobraban los hombres. Su capitana, Megan Rapinoe, se enfrentó al entonces presidente del país, Donald Trump, y la presión de todas las jugadoras se llevó por delante al presidente de la federación de fútbol, Carlos Cordeiro. Las jugadoras terminaron por ganar la batalla y la federación acordó un salario igualitario entre la selección masculina y femenina, igual que previsiblemente ocurrirá con las reivindicaciones que hace menos de un año provocaron la renuncia de 15 futbolistas españolas a la selección y que ahora han cobrado más fuerza que nunca.

Cuando el pasado mes de diciembre se celebró el Mundial masculino en Qatar, llamó la atención la ausencia de declaraciones o gestos de protesta entre quienes iban a ser protagonistas de la competición y también entre las propias federaciones. El fútbol masculino adoptó una vez más una actitud silenciosa ante un evento que venía despertando muchas críticas. Con motivo del sorteo del Mundial, la FIFA convocó su congreso en el mismo Qatar. No se esperaba que hubiera voces de protesta, pero la presidenta de la federación de Noruega aprovechó para reclamar cambios y transparencia en la FIFA, reivindicar la igualdad y denunciar que la elección de Qatar se había producido de una manera “inaceptable y con consecuencias inaceptables”. “Los derechos humanos, la igualdad, la democracia no entraron en el once inicial”, añadió Lise Klaveness. Fue la única voz de protesta en aquel congreso y venía de una mujer.

Así es como el fútbol femenino se está ganando su espacio en un entorno que sigue siendo muy machista y en esa lucha le está haciendo mucho bien al fútbol. Ya le ha marcado límites a la FIFA varias veces y se ha llevado por delante a más de un presidente. Es cierto que cuentan con el enorme altavoz que supone el fútbol y que otros deportes no tienen, pero están sabiendo aprovecharlo y se están convirtiendo en ejemplo para mucha gente. Han conseguido avances a los que el fútbol masculino ni siquiera ha querido aproximarse y que muchas veces tampoco han sido reconocidos. Porque si en Arabia Saudí existe selección de fútbol femenina no es porque Rubiales y Piqué negociaran llevar allí la Supercopa de España, más bien es porque el feminismo ha logrado que hasta los más machistas se vean obligados a dar pasos para ser aceptados en el mundo del fútbol.

Y sí, a las futbolistas seguramente les gustaría no tener que insistir una y otra vez en sus reivindicaciones, poder centrarse en jugar y que hablen de ellas por sus logros deportivos, pero la realidad es que han removido los cimientos de un deporte tradicionalmente muy conservador y su lucha le está sentando muy bien al fútbol.

Por, Xabier Rodríguez

@xabierRodriguez

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Deportes
Autor/a: Xabier Rodríguez
País: España
Región: Europa
Fuente: El Salto

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