Del 14 al 18 de julio se desarrolló el Congreso Internacional “10 años del Acuerdo de Paz: Entre la firma y la realidad”, un evento académico e institucional liderado por la Contraloría General de la República de Colombia en alianza con diversas universidades colombianas para realizar un balance sobre la implementación del acuerdo de paz entre el Estado de dicho país y las extintas Farc-EP.
En el marco de este congreso se realizó la exposición pedagógica “Las huellas del arte en la guerra” que recogió 30 obras de 28 artistas, en su mayoría firmantes de paz, pertenecientes a 5 distintos territorios de Colombia. La exposición, realizada en el edificio “Rogelio Salmona” en la Universidad Nacional, sede Bogotá, expuso pinturas, fotografías, esculturas e instalaciones que incentivan a reflexionar con los distintos mundos abstractos y concretos de ex-combatientes que hacen arte.
«Logramos que la Facultad de Artes junto con cinco alumnos desarrolláramos la curaduría de las 30 obras que trajimos. Hicimos un ejercicio, una buena sinergia, entre autodidactas en el tema del arte con alumnos que están terminando su formación artística» contó para el periódico desdeabajo Arturo Zamora, firmante de paz, curador de la exposición e integrante del proyecto Frutos de Paz.
Además, los y las integrantes de Frutos de Paz planean realizar junto con el Museo de Arte Moderno de la Universidad Nacional escuelas de formación con estudiantes entorno a cómo han narrado los ex-combatientes los 10 años de la firma de los Acuerdos de Paz. También proyectan una exposición en alianza con la Secretaria de Cultura de la Gobernación del Magdalena y la Secretaria de Cultura de San Juan del Cesar en La Guajira, una muestra de que hay cierta institucionalidad que le sigue apostando a la paz.
«Hay una necesidad en torno al miedo que hay. Nosotros en 8 años no hemos tenido una sola agresión. Eso significa que el respeto por la cultura y el arte rompe las fronteras de la violencia. Rompe de pronto las iniciativas de las contradicciones y nos ponen en lenguajes asertivos para recoger otras experiencias artísticas» relacionó Arturo por los recientes pronunciamientos del presidente electo, Abelardo de la Espriella, sobre su oposición frontal y futuras tomas de medidas contra todo lo relacionado a política de paz en el país.
La exposición “Las huellas del arte en la guerra” hizo énfasis en el arte sobre la guerra y cómo nacieron las obras expuestas durante un proceso de paz. El público encontró una amalgama de sensibilidades y conceptos plasmados en visualizaciones, sonoridades, materias y estéticas mixtas propuestas de las experiencias de firmantes de paz en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCRs) como también de víctimas y sobrevivientes de la Unión Patriótica (UP).

En foto de izq a der: Yeison González, Claudia Cañas, Dante González, Arturo Zamora y Rubén Patiño.
Entre las y los artistas expositores se encontraba Rubén Darío Patiño Londoño, firmante de paz y artista plástico empírico. Él aprendió, a mediados de la primera década del siglo XXI, a pintar al óleo sobre lienzo y acrílico mientras estuvo privado de la libertad en la cárcel La Modelo. «Siempre me ha gustado el arte pero nunca tuve espacio porque siempre estuve en movimiento, en función de la lucha y era guerrillero de las Farc» recordó mientras se disipaba el vapor que emanaba de un vaso de café un su mano. En reclusión conoció a un maestro de arte que le enseñó a él y otros 15 reclusos sobre teoría del color y a pintar en óleo y acrílico.
Su obra está enfocada a transmitir el paisaje cultural y social campesino. Mostrar la ruralidad y la vivencia del campo pero también la ciudad de las áreas marginales. Sus más recientes intereses han sido la naturaleza y capturar, en la finura de sus trazos, distintas aves endémicas que se pueden extinguir.
«Hay que actuar para detener el ecocidio que las multinacionales vienen cometiendo en todo el planeta. En nuestro caso, en la región andina, por el extractivismo de los recursos naturales. Soy de la región del eje cafetero y el monocultivo del aguacate hass nos ha generado un ecocidio muy tremendo. Ahorita, con las amenazas de fracking por parte del Matagatos, si es que lo dejamos posesionar en el gobierno, se viene algo muy terrible para para nuestros ecosistemas» contó Rubén esta preocupación política que también plantea en sus pinturas.
En uno de sus cuadrados “Los mochileros” pinta, posadas sobre unas ramas, a estas aves de alas amarillas y ojos azules. Para Rubén esta ave es una artesana, recolecta la paja y, teje y teje ella misma sus nidos hasta que quedan colgados, como aretes, en las ramas de los árboles. Esta ave se encuentra mucho en el nordeste antioqueño. El lienzo expuesto acompaña a un nido original que colocó Arturo Zamora, la simbiosis como el contraste de la instalación provocó trasladar la imaginación del espectador al campo.
«Tengo la facultad de tener muy buena memoria de los paisajes. Cierro los ojos y me imagino mirando el potrero, al fondo, un árbol con los mochileros» recordó el pintor dejando noción del ejercicio de imaginar, recrear y volver al pasado con las imágenes y paisajes almacenadas en su cerebro para recuperarlas y capturarlas en otros lienzos con colibríes o barranqueros para los turistas que, hacen avistamiento de aves en el Eje Cafetero, se lleven un recuerdo.

El cuadro “Los mochileros” junto con la instalación de un nido real de estas aves tejedoras.
Otra de las pinturas que expuso Rubén se llama “Cotidianidad”, en esta se ve a una mujer reflejada en una plancha, el artista dice: «Es la cotidianidad de lo que ha sido la mujer campesina y empleada de grandes ciudades, un reflejo de un trabajo mal o nunca remunerado, pero un reflejo de alegría y color que, de una u otra manera, tienen nuestras mujeres de sectores populares».
El nombre de la exposición “Las huellas del arte en la guerra” incita a una reflexión traumática que causa dolor a todos los actores involucrados, meditó Rubén mientras observaba las demás obras expuestas en el recinto. Él cree que ese trauma se puede transformar, pero se necesitaría de una revolución con una transformación real, profunda, perenne como es el arte. «¿Qué estamos haciendo y qué debemos hacer para realmente llegar a la paz? Hubo, hace 10 años, un acuerdo de La Habana pero no ha habido paz realmente», concluyó el firmante de paz.

Rubén Darío junto a la pintura de su autoría titulada “Cotidianidad”.
Puede conocer las obras realizadas por las y los firmantes del Acuerdo de Paz y del proyecto Frutos de Paz, al cual pertenecen tanto Arturo como Rubén, en su sede que queda ubicada en Bogotá en el barrio Park Way, en la calle 42 #22 – 45. Además, en este lugar realizan exposiciones de arte y conversatorios sobre literatura.



Leave a Reply