Recientemente, una coalición de sindicatos y organizaciones civiles europeas ha impulsado, mediante una carta abierta (https://acortar.link/RdLgli) una campaña que, entre otras cosas, exige a sus gobiernos y a la Comisión Europea rescindir los contratos actuales con la empresa Palantir Technologies y vetar a dicha corporación de contratos futuros. Esencialmente, consideran que su operación no tiene cabida en entornos democráticos.
Un mes antes, pero en Argentina, un grupo de personas disfrazadas de magos (autodenominadas Los Gandalfs del Sur) desplegaron una manta que decía “You shall not pass, la concha de tu madre” frente a la casa de Peter Thiel, el influyente inversor y cofundador de Palantir, quien en el contexto de su benéfica relación con el ecosistema libertariano argentino, decidió cambiar temporalmente su residencia hacia el país sudamericano. Los magos fueron claros: “Nuestra tierra no quiere ser laboratorio de alquimias orquestadas por millonarios” (https://acortar. link/K1bvCV), en directo rechazo a la serie de encuentros oficiales entre el presidente libertariano Javier Milei y el magnate tecnológico.
Ambos eventos son parte de un fenómeno complejo que –aunque se desarrolla de forma desigual y combinada– se extiende a escala global y mantiene ciertas ramificaciones en cada vez más movimientos sociales actuales, como las muestras de solidaridad con Palestina o la organización contra los centros de datos y sus efectos negativos en Estados Unidos y otras regiones del mundo: la lucha global contra la neorreacción tecnológica, dentro de la cual, la búsqueda por hacer retroceder o ralentizar el avance geopolítico de Palantir se presenta como objetivo específico.
Y es que, hasta este momento, la operación de dicha empresa se despliega mediante distintas ramificaciones que funcionan como “tentáculos digitales”, los cuales terminan por conectar, en una gran plataforma de procesamiento de información, grandes cantidades de datos provenientes de las fuentes más diversas que, como se ha visto ya en el genocidio en Gaza, la guerra en Irán o la persecución a migrantes en Estados Unidos, son esencialmente instrumentalizados para la reproducción del control social, la optimización de la guerra y la aceleración de la acumulación privada, en beneficio de proyectos imperiales y las fracciones oligárquicas de sectores dominantes.
Palantir, fundada en 2003 por Peter Thiel, Stephen Cohen, Nathan Gettings, Joe Lonsdale y Alex Karp y con base en Colorado, es una empresa tecnológica dedicada al desarrollo de software orientado a su adopción en grandes organizaciones (gobiernos, empresas y sector militar) para la gestión y análisis de grandes cantidades de datos, con el fin de diseñar intervenciones diversas en escenarios previamente estudiados.
Su oferta tecnológica se cristaliza en dos grandes programas: Gotham (orientada al sector de defensa y gobierno) y Foundry (para adopción comercial). Es, además –y esto es particularmente importante– la expresión más desarrollada de la metamorfosis que se despliega en el seno del complejo militar-industrial estadunidense, el cual ha tomado la forma de un nuevo complejo militar-industrialdigital, como lo denominan Andrea Coveri y otros. Éste depende cada vez más –en términos de su infraestructura operativa– de un conjunto de proveedores privados con investigación tecnológica de frontera. Un punto clave en esa metamorfosis es, como plantea el Departamento de Guerra, la búsqueda por convertir el capitalismo en poder de combate.
La preocupación de sindicatos, organizaciones civiles y otros actores deriva en que, desde su conformación, tanto Thiel como Karp han mostrado con mucha claridad la abierta intencionalidad política y la vocación geopolítica de la corporación, no únicamente gracias a su financiación inicial por parte de una incubadora de la Agencia Central de Inteligencia, sino porque su planteamiento de intervención en el mercado busca dejar de lado la tendencia orientada hacia el consumo individual –que ha permeado en Silicon Valley– para optar por un programa empresarial más políticamente comprometido, vinculado a colaborar con el proyecto de disputa global de Estados Unidos.
En consonancia con lo anterior, Palantir ha participado en proyectos militares del gobierno estadunidense (así como ha logrado gran cantidad de contratos en las áreas más diversas de la gestión estatal de dicho país). Un producto de tal colaboración es el Maven Smart System, que Estados Unidos utilizó durante las primeras 24 horas de la guerra contra Irán para atacar más de mil objetivos (https://acortar.link/aNi2hN), escalada en la que el bombardeo a una escuela en Minab asesinó a más de 150 personas (la mayoría niñas).
Las figuras centrales de la empresa, Thiel y Karp, han mostrado posturas abiertamente reaccionarias: eugenésicas, antiprogresistas, antidemocráticas (la democracia ya no es compatible con la libertad, afirma Thiel), libertarianas y consistentes con una versión fundamentalista del cristianismo sionista, que parece derivar de una lectura particularmente conservadora del dispensacionalismo, esto acompañado de afirmaciones polémicas, como la declaración de Thiel respecto a que el Papa es el “idiota útil” del Partido Comunista Chino.
En este contexto, la resistencia contra el proyecto tecnorreaccionario resulta fundamental. No obstante, ésta será insuficiente si se circunscribe a la construcción de un cordón sanitario en torno a Palantir. Como permite ver el proceso electoral en Brasil, el gran capital tecnológico, el pensamiento neorreaccionario y un evangelio instrumentalizado por la clase dominante requieren una respuesta popular más amplia. El horizonte debe apuntar hacia la organización en distintos niveles para construir formas tecnológicas soberanas, entre otras cosas, por medio de la cooperación internacional genuina, la internacionalización universitaria y la construcción de políticas industriales centradas en el bien común.
11 de octubre de 2026
*Profesor FFyL-UNAM
@MaurroJarquin


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