Como medida estadística, margen de error cuantifica la incertidumbre en los resultados de una encuesta. Indica mayor precisión y confianza y es fiable cuando ese intervalo es de 95%.
La preocupación latente y permanente de la ciudadanía por los resultados de los sondeos de intención de voto para la presidencia de la República tuvo en estos días un giro sospechoso, pero no inesperado. La falta de objetividad de la información en los medios tradicionales es intolerable.
De hecho, hablar de esas encuestas genera una pregunta simple entre los contertulios: ¿A usted alguna vez lo han encuestado? Resultado: 0%.
La desconfianza y la incredulidad en este tipo de cuestionarios viene en aumento. Los únicos convencidos de la gran verdad de esos guarismos son los dueños de la encuestadora, los que pagan para que se realice y algunos analistas políticos especuladores al servicio de las castas tradicionales, en un juego idiota del “cañazo”. Vergonzoso. Algunas veces les sale “la vuelta”, pero últimamente continúan de capa caída.
En una reciente intervención televisiva, uno de los candidatos a la presidencia, haciendo eco de las quejas de los ciudadanos, exigía que no se politicen esos resultados y que, quienes informan deben limitarse a dar los resultados y hacer los comentarios inherentes, en una clara alusión al mandato constitucional y jurisprudencial sobre el derecho fundamental de libertad de información.
Aquí no es válido, para el periodista, creer o argumentar el derecho fundamental de expresión. Su deber es proteger la información sobre las respuestas aportadas por el público encuestado, en aras de que el receptor se entere de la respuesta en cuestión. El acomedido director de un noticiero de televisión se refirió a una encuesta reciente y comentó que el sondeo “no alcanzó a cubrir el atentado terrorista del fin de semana en el Cauca”, refiriéndose a hechos terroristas ocurridos en el sur del país.
El informante mostró un ánimo tendencioso de ausencia de exactitud y de imparcialidad al informar. El dicho del periodista nada tiene que ver con los hechos fácticos (resultados de la encuesta), que pueden ser verificados, por lo que no admiten los simples pareceres. Las opiniones sobre los datos emanados del sondeo le corresponden a los comentaristas políticos y a los técnicos estadísticos. En este orden de ideas, lo comentado por Juan Roberto Vargas de Caracol TV, no deja de ser una imprudencia que vulnera el derecho al principio de la veracidad. Su juicio de valor es más una mala intención que induce a confundir al televidente; provoca conclusiones erróneas. Lo que se quiso emitir como noticia objetiva dista mucho de una información, es una manera socarrona de contaminar una noticia sobre datos estadísticos de un sondeo, con un hecho delincuencial.
Ahora, desconozco la intención que tuvo Vargas al así proceder, pero incurrió en apología al odio y a la polarización. La hostilidad provocada fue contra el candidato Iván Cepeda al vincular inapropiadamente los actos terroristas con el impacto de los sondeos, mediante un ejercicio perverso de lectura política. Este juicio personal difiere de la imparcialidad que debe preservar la ética del director del noticiero.
El recibo de este tipo de opiniones, por parte de la ciudadanía, genera dos sentimientos contrarios: el de animadversión en unos y el de regocijo o aceptación de parte de otros.
Ese sistemático proceder de los medios de comunicación contrasta con los medios alternativos. Aquí dan razones y argumentos, que al final desmienten con pruebas los sinsentidos periodísticos de los medios masivos tradicionales.
Esas “erosiones del oficio”, como llamaba Gabo a la mala información, a las mentiras periodísticas y a la falta de moral, solo conducen a un periodismo apresurado y sin control ético.
Son estas circunstancias las que nos llevan a precisar que la mejor encuesta la fundamenta el pueblo, como ocurrió este pasado Primero de Mayo cuando abarrotó las plazas públicas en muestra de apoyo de lo hecho por el gobierno Petro, antesala y sondeo verdadero que sin lugar a dudas llevará a Iván Cepeda a la presidencia en primera vuelta, sin tener en cuenta actos delincuenciales que algunos utilizan como estrategia electoral.
Según el necio criterio aplicado por Juan Roberto Vargas, en cualquier espacio informativo sobre el resultado de encuestas, serían perfectamente válidos comentarios como:
- El sondeo no alcanzó a cubrir la noticia de la JEP sobre el número de falsos positivos. Son 7837 y no 6402.
- El sondeo no alcanzó a cubrir la noticia sobre el viaje de Uribe a Ecuador y el incremento del 100% en los aranceles. Una supuesta traición a la patria.
- El sondeo no alcanzó a cubrir las peleas y contradicciones entre Paloma Valencia y Oviedo.
Me pregunto, cómo es posible que los medios de comunicación perseveren durante los años de gobierno de Petro en tantas mentiras y disparates, despilfarrando tanta capacidad creativa inocua y tanta inversión monetaria estéril.
Estos dichos inoportunos, cada vez más frecuentes y escandalosos ante la ética del periodismo, parecen estar afectando, en mayor medida, a los propios medios de comunicación que a la campaña política de Iván Cepeda. Mientras él sube en favorabilidad, la audiencia de los noticieros baja.


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