AFP, Reuters, AP y BBC News han lanzado un comunicado en el que piden a Israel que permita la entrada de ayuda humanitaria en la Franja de Gaza, así como la salida de sus colaboradores del enclave, acosados por las bombas y el hambre.
30/07/2025. “Ahora sé por qué Netanyahu no quería dejar entrar a periodistas en Gaza”, aseguró el historiador Jean-Pierre Filiu a una periodista israelí después de pasar un mes en el enclave palestino. El famoso arabista logró entrar y salir de la Franja de Gaza junto a un equipo de Médicos del Mundo este verano. A su vuelta, relató al mundo lo que había visto: “Descubrí que la Gaza que conocía había desaparecido, se había desintegrado”.
El Gobierno de Israel ha hecho todo lo posible por ocultar a los ojos de la comunidad internacional la destrucción a la que ha sometido a los gazatíes y su territorio. Para lograrlo ha desplegado sus mejores armas diplomáticas, ha puesto en marcha un feroz sistema de propaganda y ha impedido la entrada de periodistas y observadores internacionales en la Franja. Pese a los esfuerzos del Gobierno de Benjamín Netanyahu (Likud), no han logrado acallar las voces de los periodistas que ya se encontraban en el enclave antes del 7-O y que desde entonces retransmiten a diario y en directo el genocidio.
Como el resto de la población civil, el número de periodistas que han muerto bajo bombas, disparos o explosiones en Gaza ha aumentado mucho en muy poco tiempo. Desde los ataques de Hamás el 7 de octubre de 2023, han perecido 180 periodistas palestinos en la Franja de Gaza y en Cisjordania, mientras que otros dos están desaparecidos –es decir, no se han hallado sus cuerpos–, según los datos del Comité de Protección de los Periodistas (CPJ). La cifra también incluye a dos periodistas israelíes fueron asesinados durante los ataques de Hamás del 7-O. Esto supone 8 muertes al mes desde que comenzó el asedio sobre la Franja.
A las bombas y los proyectiles se suma ahora la hambruna a la que está expuesta la población en la Franja de Gaza.De momento, las presiones internacionales han obligado al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, a permitir la entrada de unos 70 camiones de ayuda al día. Una cantidad muy lejana a los 500 que entraban diariamente a la Franja antes del 7-O y que son necesarios para la supervivencia de la población.
Las agencias de noticias alzan la voz
La situación es tan extrema que varias agencias de noticias y medios han solicitado a Israel que permita la salida de la Franja de sus colaboradores y familiares. La primera en hacerlo ha sido la Asociación de Periodistas de AFP, que publicó un comunicado el pasado 21 de julio en el que se negaban “a ver morir” a sus colaboradores. El texto recogía las palabras de Bashar, un fotógrafo palestino con el que AFP lleva trabajando desde 2010: “No tengo fuerzas para continuar trabajando para el periódico. He adelgazado y ya no puedo trabajar”.
Ese mismo día, el equipo directivo de la agencia publicó su propio comunicado en redes sociales. Fabrice Fries, CEO de AFP, declaró en una entrevista en la cadena francesa BFM TV, que la de Gaza era “una situación sin precedentes”. Y añadió: “Nunca un conflicto de esta duración se había dado a puertas cerradas, donde es imposible enviar a periodistas”.
El paso dado por la agencia francesa abrió el camino para que las estadounidenses Associated Press y BBC News, así como a la británica Reuters, se pronunciaran en el mismo sentido. El 24 de julio, un comunicado conjunto firmado por los tres medios, a los que se sumó de nuevo AFP, pedía a Israel que permitiera libertad de movimiento a los periodistas y la entrada de alimentos en la Franja de Gaza.
El texto decía lo siguiente: “Estamos profundamente preocupados por nuestros periodistas en Gaza (…) Han sido los ojos y los oídos del mundo (…)Los periodistas soportan muchas privaciones y dificultades en las zonas de guerra. Nos alarma profundamente que la amenaza de la inanición sea ahora una de ellas. Una vez más, instamos a las autoridades israelíes a que permitan la entrada y salida de periodistas de Gaza. Es esencial que lleguen suministros alimentarios adecuados a la población de allí”.
Como expuso en su comunicado la asociación de periodistas de AFP, es habitual que en algunos periodistas perezcan durante la cobertura de un conflicto: “Desde que se fundó AFP en agosto de 1944, hemos perdido a periodistas en conflictos, hemos tenido heridos y prisioneros en nuestras filas, pero ninguno de nosotros recuerda haber visto morir a un colaborador de hambre“.
De acuerdo a los informes de Reporteros Sin Fronteras (RSF), la mayoría de los periodistas que cubren conflictos bélicos para grandes medios y agencias son freelancers. Esto deja a los trabajadores en una situación de desprotección aún mayor. De hecho, según las cifras del CPJ, el 32% de los periodistas muertos en la Franja de Gaza y Cisjordania no eran trabajadores de la empresa con la que colaboraban, mientras que el otro 68% trabaja para agencias y medios palestinos o árabes.
Dimensionar la catástrofe
Irak es el país del mundo en el que más personas han muerto o desaparecido mientras ejercían el periodismo desde 1992. En total, desde 2003 hasta la actualidad, murieron en su territorio 294 periodistas, cifra a la que se suma otro asesinado en 1994. Israel, la Franja de Gaza y los territorios ocupados palestinos ocupan el segundo puesto del ranking elaborado por el Comité, con 207 periodistas, fotógrafos y comunicadores de todo tipo fallecidos mientras trabajaban.
Sin embargo, si se tiene en cuenta la velocidad en la que se han producido estas muertes, la Franja da signos de ser más letal. El 87% de lastuvieron lugar en los territorios palestinos e Israel en los últimos 35 años, se produjeron a partir del 7 de octubre. Es decir, en un periodo de tiempo que apenas alcanza los dos años. Casi la totalidad de ellos se produjeron en la Franja. En cambio, para alcanzar cotas similares tuvieron que pasar 11 años de guerra en Irak, entre 2003 y 2014.
Es esta “escala” lo que hace “inusual” la guerra en Gaza, explica a Publico Jonathan Dagher, reportero y jefe de la sección de Oriente Medio de RSF. Con ello, advierte el periodista, no pretende destacar la peligrosidad de un conflicto por encima de otro, puesto que todos pueden resultar mortíferos para los periodistas. Sin embargo, Dagher enfatiza lo inusual del elevado número de muertes “en un territorio tan pequeño”, del que los periodistas “no tienen salida, están atrapados”.
El año pasado, los asesinatos de periodistas en las ciudades de la Franja de Gaza superaron el récord de muertes por año desde que existen registros, alcanzando las 82 anuales. En ningún otro territorio del mundo se han constatado tantos fallecimientos de periodistas en un periodo de tiempo tan corto. Al menos, según los registros del CPJ.
Impunidad, el enemigo conocido
El 11 de mayo de 2022, casi un año y medio antes de los ataques de Hamás del 7-O, la periodista de Al-Jazeera Shireen Abu Akleh era asesinada mientras reportaba la intervención de las FDI en Yenín, en la Cisjordania ocupada. Fue disparada en la cabeza mientras llevaba un casco y un chaleco azul donde podía leerse “prensa”. Varias investigaciones periodísticas concluyeron que Abu Akleh había muerto a causa del fuego israelí. Pese a que Israel terminó reconociendo esta posibilidad como “alta”, dio por hecho que se trataba de un accidente y se negó a abrir una investigación criminal.
Su caso es uno de los 22 que, según la base de datos del CPJ, han quedado impunes en los territorios ocupados e Israel desde que hay registros. Esto supone un 11% de las muertes que han tenido lugar en su territorio y el 100% de las que el Comité registró como “asesinatos”. El CPJ etiqueta así únicamente las muertes que han podido confirmar que son represalia directa de su trabajo. El resto de fallecimientos en los territorios palestinos -ocho de cada diez muertes- son registrados en la base de datos del CPJ como resultado del “fuego cruzado” o de “una misión peligrosa”.
La primera etiqueta hace referencia a la matanza en un campo de batalla o un contexto militar, mientras que la segunda abarca las muertes “durante la cobertura de una manifestación, disturbios, enfrentamientos entre gurpos rivales”, etc. En el contexto actual de la Franja de Gaza, convertida en un campo de batalla, sin salida, sobre el que Israel ha bombardeado indiscriminadamente, supone un desafío a estras clasificaciones estancas.
El año en el que CPJ pudo certificar que más asesinatos quedaron total o parcialmente impunes fue 2005, con un total de 40 periodistas. Ninguno de ellos tuvieron justicia. Aquel año, las muertes en la guerra de Irak fue la que engrosó el total de muertos. También quedaron impunes los todos los asesinatos de periodistas en 2008, 2012, 2016, 2019, 2020 y 2021. Por eso, señala Jonathan Dagher, es importante recordad que “esto no comenzó el 7 de octubre de 2023, sino antes”. La impunidad, explica, funciona como un virus que se “contagia” conforme más se practica.
“La falta de rendición de cuentas y de conciencia perpetúa el ciclo de violencia contra los periodistas”. En este sentido, “la impunidad que Israel está obteniendo está siendo utilizada por otras las dictaduras para justificar sus propias acciones contra la prensa”.
En las ciudades palestinas y territorios ocupados, la cifra de periodistas cuyos asesinos permanecen impunes es de 18. Muchos de ellos, como le ocurrió a Shireen Abu Akleh , fueron atacados pese a llevar el chaleco identificativo de prensa. Dos de ellos fueron los periodistas de Al-Jazeera Ismail al-Ghoul y Rami al-Rifi. En protesta por los asesinatos, sus compañeros se deshicieron de sus chalecos en una escena que terminó por hacerse viral. Uno de ellos mostró a cámara el que llevaba al-Ghoul cuando fue asesinado y evidenció “no le sirvió de nada”.
De acuerdo al Estatuto de Roma, los periodistas, en tanto que civiles, deben ser protegidos en un conflicto, de tal manera que el ataque deliberado contra ellos puede ser considerado un crimen de guerra o de lesa humanidad. Siendo la libertad de prensa uno de los mayores símbolos de las democracias liberales, el asesinato de periodistas en zonas de conflicto o de guerra constituye un buen barómetro de la letalidad de un conflicto y del respeto a los derechos humanos y a las reglas de la guerra por parte de las fuerzas beligerantes.
Varios organismos internacionales, como la Corte Internacional de Justicia y la Corte Penal Internacional investigan a Israel y a los líderes de Hamás –en el caso de la CIJ– por saltarse estas normas. Además, los ministerios públicos de Bélgica, Brasil, Argentina o Perú, están evaluando varias denuncias penales contra soldados de las FDI por la supuesta comisión de crímenes de guerra.


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