El aplastante triunfo demócrata sacude los cimientos del trumpismo y abre la batalla por la Casa Blanca
Donald J. Trump se dirige este miércoles a los trabajadores de la construcción en el nuevo salón de baile de la Casa Blanca. EFE

  • La ola azul no solo pone límites al poder de Trump sino que también posibilita una renovación generacional e ideológica de toda la política estadounidense. El Partido Republicano se coloca ante una crisis existencial similar a la de los demócratas hace dos años: redefinir su identidad.
  • El Partido Demócrata tendrá que asegurarse ahora de que la ciudadanía percibe que hay algún tipo de cambio, es decir, corregir el error de un Biden que aplicó políticas con un impacto positivo en la vida de muchos estadounidenses pero no supo trasladarlo a la opinión pública.

Washington DC-04/11/2026

Un voto de castigo que también es un voto de confianza. El tsunami azul que ha arrasado en las elecciones de medio mandato en Estados Unidos no solo ha sido un cataclismo electoral para Donald Trump y los suyos. También ha sido una catarsis política para el país que supone la antesala del fin de una década marcada por la figura histriónica que en 2016 dio un vuelco a la manera de hacer política como se conocía hasta entonces. Tanto dentro como fuera del país.

En un lapso mucho menor de tiempo, algo similar ha pasado en este ciclo electoral. La derrota de Trump constata el agotamiento de su capital político, el cual creía inagotable, y sitúa al Partido Republicano ante una crisis existencial similar a la de los demócratas hace dos años: redefinir su identidad después de Trump. Algo que ya hace tiempo que los grandes tótems del movimiento MAGA estaban planteando ante el envejecimiento del líder, que este año ya cumplió 80 años. El año pasado, en plena cisma por los papeles de Epstein, la influencer de extrema derecha Laura Loomer ya señalaba cómo “el trumpismo no sobrevivirá a Trump”.


Una renovación en ambos partidos

Ahora, el Partido Republicano se ve obligado a encontrar nuevos relevos mientras los sucesores lógicos empiezan a marcar distancias con Trump. El vicepresidente JD Vance ya ha publicado un largo tuit en X donde ha remarcado cómo “la razón” por la que perdieron “fue la guerra” de Irán. Mientras tanto, en el podio de la victoria demócrata, la gran mayoría de nombres que este enero van a estrenarse en el Congreso son rostros nuevos. Outsiders jóvenes que ya no están vinculados a una cúpula demócrata ante la cual las bases del partido ya se rebelaron durante el ciclo de primarias.

La victoria de candidatos de los Socialistas Democráticos de América (DSA), como Melat Kiros en Colorado o Darializa Avila en Nueva York, se ve aún más reforzada con el triunfo de Abdul El-Sayed. El progresista, que rechaza la etiqueta de socialista, ha demostrado que una campaña de izquierdas sí puede ser competitiva en estados bisagra como Michigan. Tal como planteaba la congresista Alexandria Ocasio-Cortez (AOC), si un musulmán hijo de inmigrantes egipcios y outsider de la política puede ganar en Michigan, cualquiera puede hacerlo en cualquier lugar. Una reflexión que también aplica a la misma AOC, que, gracias a este resultado, ve cómo su candidatura a las presidenciales de 2028 parece un poco más factible.

La cúpula del Partido Demócrata ya se prepara para el pulso con esta ala más a la izquierda. Más allá de ejercer un contrapoder efectivo a Trump, el otro gran reto será precisamente este: evitar caer en luchas intestinas que desgasten la formación.

Mayoría frente al poder de veto

A falta de confirmar si Misisipi también girará y qué pasará con Alaska, los demócratas ya tienen 54 escaños en el Senado (el mínimo para la mayoría era 51) y en la Cámara de Representantes tienen 229, 11 más del mínimo necesario para llegar a la mayoría. Aunque tener el control del legislativo no se traduce automáticamente en que puedan gobernar por encima de Trump, quien en reiteradas ocasiones ya ha mostrado su predisposición a desacatar las decisiones parlamentarias. El último episodio fue el acuerdo para obtener diésel ruso a pesar de que un mes antes el Senado había aprobado el mayor paquete de sanciones para Rusia.

En esta tarea para actuar como freno de Trump, los demócratas tendrán que asegurarse de que la ciudadanía sienta que hay algún tipo de cambio. Básicamente, supone corregir el error de la administración Biden, que aplicó políticas con un impacto positivo en la vida de muchos estadounidenses, pero que nunca supo trasladarlas de manera que las sintieran.

Uno de los grandes problemas que pueden encontrarse los demócratas es que Trump ejerza su derecho a veto, tal como ya insinuó durante la noche electoral al poco de iniciarse la ola azul. Aunque en las últimas horas, el presidente estadounidense ha suavizado sus palabras hasta reconocer la victoria de los demócratas y decir que intentará gobernar con ellos en el Congreso. Ahora solo hay que ver si eso ocurre.

Con el control del legislativo, los demócratas pueden aprobar leyes, a la vez que también pueden impedir que el magnate siga avanzando en nuevas normas. Por ejemplo, la renovación del recorte de impuestos para las grandes fortunas de Trump que se aprobó en 2025 a costa de recortar subsidios médicos ahora no podría avanzar. Será interesante ver si los demócratas avanzan algún tipo de proyecto de ley para reparar esos recortes en las ayudas para ir al médico, especialmente después de una campaña donde el derecho al acceso a la sanidad ha sido uno de los grandes reclamos.

Más allá de entorpecer la agenda del republicano, también pueden desgastar aún más su figura iniciando investigaciones. El principal demócrata del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, Robert García, ha situado la corrupción de Trump y su familia como su principal prioridad. Muy probablemente, los demócratas iniciarán pesquisas en torno a cómo el republicano se ha beneficiado de la información privilegiada que le da el cargo y cómo también ha extendido este enriquecimiento a su entorno más cercano.

¿El retorno de Epstein?

El congresista Jamie Raskin ha pedido información sobre los negocios del yerno de Trump, Jared Kushner, y de su hijo Donald Trump Jr. Otro congresista, Jason Crow, que forma parte de los comités de Servicios Armados y de Inteligencia, asegura que también abrirá una investigación sobre posibles desvíos de fondos destinados a defensa y que habrían acabado en empresas vinculadas a la familia Trump.

Lo que puede reaparecer en escena también es el caso de los papeles de Epstein. A pesar de que al final se consiguió forzar al Departamento de Justicia a que aceptara publicar millones de documentos relacionados con las investigaciones sobre el pederasta Jeffrey Epstein, muchos de los papeles nunca llegaron a ver la luz. De entrada, solo publicó unos 3,5 millones de páginas de los 6 millones que tenía en su poder y justificó que el resto eran duplicados. Además, ha habido malestar entre congresistas de los dos partidos por las numerosas supresiones de contenido en algunos documentos y por la divulgación aparentemente accidental de los nombres de víctimas en otros.

En el aire queda si habrá ‘impeachment’ o no. Se necesitan dos tercios del Senado, unos 67 votos, para realizar un juicio político. Con 54 escaños, este es un horizonte muy difícil para los demócratas, que necesitarían conseguir el apoyo de 13 senadores republicanos. Por no mencionar que Trump en su primer mandato ya sobrevivió a dos ‘impeachments’

Información adicional

Autor/a: Antònia Crespí Ferrer
País: Estados Unidos
Región: Norteamérica
Fuente: Público

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