Tipos de ciudadanía
“Al proponeros la división de los ciudadanos en activos y pasivos, he pretendido excitar la prosperidad nacional por las dos más grandes palancas de la industria, el trabajo y el saber. Estimulando estos dos poderosos resortes de la sociedad, se alcanza lo más difícil entre los hombres, hacerlos honrados y felices.
“Título 3.
“Sección 1. De los ciudadanos
Artículo 1. Los ciudadanos se dividen en activos y pasivos
Artículo 2. Es ciudadano activo el que goza el derecho de sufragio, y ejerce por medio de él la Soberanía Nacional, nombrando sus representantes.
Artículo 3. Ciudadano pasivo, se llama aquel que estando bajo la protección de la ley, no tiene parte en su formación, no ejerce la Soberanía Nacional, ni goza del derecho de sufragio.
Artículo 4. Para ser ciudadano activo, y gozar de sus derechos se necesita;
1. Haber nacido en el territorio de la República, y tener domicilio o vecindario en cualquiera parroquia;
2. Ser casado o mayor de veintiún años;
3. Saber leer y escribir; pero esta condición no tendrá lugar hasta el año 1830;
4. Poseer una propiedad raíz de valor de quinientos pesos en cualquiera parte de Venezuela. Suplirá la falta de esta propiedad, al tener algún grado, o aprobación pública en una ciencia, o arte liberal o mecánica; el gozar de un grado militar vivo y efectivo, o de algún empleo con renta de trescientos pesos por año. […]
Artículo 7. Los militares, sean naturales o extranjeros, que han combatido por la libertad e independencia de la patria en la presente guerra, gozarán del derecho de ciudadanos activos, aun cuando no tengan las cualidades exigidas en los Artículos 4, 5, y 6 de este Título.
Artículo 8. Pierde el derecho de ciudadano activo
1. Todo el que se ausentare del territorio de la República por cuatro años continuos, no siendo en comisión, o servicio de ella, o con licencia del Gobierno;
2. El que haya sufrido una pena aflictiva, o infamatoria, hasta la rehabilitación;
3. El que haya sido convencido y condenado en un juicio por haber vendido su sufragio, o comprado el de otro para sí, o para un tercero, bien sea en las asambleas primarias, en las electorales, o en otras.
Artículo 9. El ejercicio de ciudadano activo se suspende;
1. En los locos, furiosos, o dementes;
2. En los deudores fallidos y vagos, declarados por tales;
3. En los que tengan causa criminal abierta hasta que sean declarados absueltos, o condenados a pena no aflictiva ni infamatoria;
4. Los deudores a caudales públicos con plazo cumplido;
5. Y los que siendo casados no vivan con sus mujeres sin motivo legal”.
“La reunión de Nueva Granada y Venezuela en un grande Estado ha sido el voto uniforme de los pueblos y gobiernos de estas Repúblicas. […]. Al contemplar la reunión de esta inmensa comarca, mi alma se remonta a la eminencia que exige la perspectiva colosal, que ofrece un cuadro tan asombroso”.
“Título 11. Disposiciones generales
Artículo 15. Verificada la unión que se espera de Venezuela y la Nueva Granada, conforme al voto, y al interés de ambos pueblos, esta Constitución será de nuevo examinada, y discutida en el Congreso General ha de formarse. Entretanto los ciudadanos de Nueva Granada serán reputados ciudadanos de Venezuela por nacimiento, y tendrán opción a todos los empleos, residiendo en su territorio”.
Leyes dictadas por el Congreso de Angostura
Mientras discutía la nueva Constitución, el Congreso también se preocupó por dictar leyes con respecto a las principales ramas de la administración de la República. Entre las más celebres tenemos:
- La del 26 de marzo, que estableció dos Cortes de Almirantazgo.
- La del 6 de mayo, reglamentó el gobierno y la administración de las Misiones de Caroní, para evitar que los indios fueran vejados, a los que se libertó de reclutamiento y otros servicios gravosos.
- La del 12 de mayo, autorizó al Ejecutivo la venta de 500 leguas cuadradas de tierras baldías, cada una de 5.000 varas, fijando el precio de 1 peso por 150 varas cuadradas; y para contratar un empréstito de 3 millones de pesos.
- Leyes del 20 y 23 de junio. Mandaron secuestrar y confiscar los bienes de los españoles europeos y de los americanos que emigraban de los pueblos del país ocupados por las armas de la República.
Luego de aprobar la Constitución, el Congreso de Angostura prosiguió en labores, y aprobó, entre otras medidas, la creación de un Consejo de Administración de la Guerra, presidido por el Jefe de la República y en su falta por el Ministro o Secretario del Ramo.
“Decretada la creación de la República de Colombia”, Bolívar quiso aprovechar la impresión favorable que este grande acto de política podría tener en Europa. Resolvió, pues, enviar a la Gran Bretaña una misión respetable para negociar el reconocimiento de la Independencia, y un empréstito, además, concluir con otros arreglos importantes.
Legión inglesa e irlandesa. El segundo jefe de la República, Francisco Antonio Zea, nombrado para esta comisión diplomática, debía cumplirla luego que el Congreso terminara. Partieron también, varios comisionados hacia diferentes puntos en busca de armas, municiones y otros aprestos militares. Al mismo tiempo, el Libertador organizó una columna a fin de reforzar el ejército de Apure, y dispuso que en Margarita se reuniese la parte que arribó de la Legión Irlandesa enviada por el general D’Evereux. Confirió su mando al coronel Mariano Montilla. “(fuerza que destinó para) hacer un desembarco en Riohacha, para obrar contra las provincias de Maracaibo, Santa Marta y Cartagena, en combinación con las tropas que existían en el departamento de Cundinamarca o Nueva Granada”. (11).
La República de Colombia
Mientras el Congreso de Angostura sesionaba durante todo el año de 1819, la iniciativa militar no quedó atrás. Durante ese mismo año, la Campaña Libertadora obtuvo importantes victorias militares: la de Boyacá que marcó la definitiva liberación de la Nueva Granada. El plan avanzó con firmeza. De manera simultánea, el Congreso aprobó las leyes de la consolidación, cada vez más profundas, y la Vicepresidencia expidió los decretos complementarios. Hasta, la aprobación por el Congreso, en diciembre 17, de la Ley Fundamental, que ratificó el Congreso de Cúcuta en 1821 con su artículo primero: “Las Repúblicas de Venezuela y la Nueva Granada quedan desde este día reunidas en una sola bajo el título glorioso de República de Colombia”.
1 Larrazábal, Felipe. Simón Bolívar. Vida y escritos del Libertador, Tomo II, p. 227, Ediciones Presidencia de la República, Caracas, 20012 íbid., pp. 232-233
3 íbid, p. 227
4 íbid., pp. 247-248
5 íd.
6 Liévano Aguirre, Indalecio, Bolívar. Ministerio de Educación, Caracas, 1974, pág. 212
7 Reglamento. Segunda convocatoria del Congreso de Venezuela. 17 de octubre de 1818. Correo del Orinoco, Nº 14, 24 de octubre y No.15, 21 de noviembre
8 Bolívar, Simón, Discurso de Angostura, en, Pensamiento bolivariano. Origen, desarrollo, vigencia, ediciones desde abajo, Bogotá, 2005.
9 Larrazábal, Felipe. Simón Bolívar. Vida y escritos del Libertador, Tomo II, p. 212, Ediciones Presidencia de la República, Caracas, 2001
10 Bolívar, Simón, Discurso de Angostura, en, Pensamiento bolivariano. Origen, desarrollo, vigencia, ediciones desde abajo, Bogotá, 2005. Nota. En Adelante, todos los apartes del discurso del Libertador en el Congreso de Angostura son tomadas de esta edición.
11 Restrepo, José Manuel, Historia de la revolución de Colombia, tomo IV, Editorial Bedout, Medellín, 1969, p. 119
México
¡Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe!
¡Viva la América y muera el mal gobierno!
Con estas consignas amanecía el 6 de septiembre de 1810. Un cura de Dolores Guanajuato se alzaba en armas contra el orden colonial mexicano. Era Miguel Gregorio Antonio Hidalgo y Costilla.
La proclama resumía el momento que se vivía: una sociedad estratificada, de subordinación, abusos y pobreza. Los acontecimientos en Europa, con sus ecos y consecuencias, llegaban a Nueva España (México) como un llamamiento a defender la religión. Para Hidalgo, la consigna se condensaba en defender a la Virgen de Guadalupe como Madre Santísima y profundamente mexicana, logrando aglutinar a los diferentes miembros de la población, mestiza, india, en torno a su defensa.
Sus proclamas, que combinaban la necesidad de asumir cambios para Nueva España y el ingrediente religioso lograban que las comunidades indígenas se sumaran al movimiento encabezado por Hidalgo, pues sentían una unidad espiritual, influidos por las órdenes jesuitas llegadas al país en 1572. Hidalgo decía: “Nosotros no conocemos otra religión que la católica, apostólica y romana. Estamos prestos a sacrificar gustosos nuestras vidas en su defensa […] Para felicidad del reino, es necesario quitar el mando y el poder de las manos de lo europeos […] hijos de la patria, que ha llegado el día de la gloria y de la felicidad pública de esta América” (p. 66).
Hidalgo y sus dotes intelectuales, bajo el influjo de la Ilustración francesa, lo comprometía con ideales renovadores, materializados en actividades académicas en que impulsaba sus ideas reformistas mientras fue rector del Colegio de San Nicolás. Para 1792 fue enviado a los curatos (puestos menores), donde canalizó su gusto por la música y creó una orquesta con los indios de allí. En San Felipe impulsó proyectos de agricultura e industria, con preferencia por la mano de obra indígena. Todas estas actividades culminaron con una denuncia ante el Tribunal de la Inquisición, que no lo pudo condenar, pues los testimonios demostraban el carácter humanitario de Hidalgo.
En 1802, en Dolores (Guanajuato), muere su hermano y le llega el nombramiento en su reemplazo. Desde ese momento se dedicó a alfabetizar a los feligreses y promover actividades comerciales para elevar el nivel de vida de los habitantes.
“Grito de Dolores”
A principios de septiembre de 1810, la insurrección era descubierta, y en la mañana del 16 de septiembre Hidalgo lanza el “Grito de Dolores”, incitando a los indios y los mestizos a luchar contra la dominación española y por la defensa de la religión. La revuelta se extendió a todo Guanajuato. Los blancos españoles y los criollos ligados al poder político fueron el centro del ataque de la población. Toda la fuerza reunida era un complejo grupo humano de distintas formas y colores: “Marchaban codo a codo soldados realistas defeccionados, mayordomos y peones. Se confundía el criollo, el mestizo y el indio; las casacas azules de los militares con trajes de charro y los harapos de los indios. Unos de a pie y otros a caballo, cuyas armas era fusiles, arcabuces, lanzas, machetes, garrotes e instrumentos de labranza” (p. 73).
En una semana, los rebeldes tomaban a Guanajuato, encabezando Hidalgo una fuerza de 9.000 indios con arcos y flechas, 4.000 con lanzas y machetes, 12.000 indios, mestizos y negros a caballo. Guanajuato era defendida por 300 españoles. La toma de la ciudad les facilitó armas, dinero, centro de operaciones, instalaciones para la fundición de cañones y una casa de la moneda. Para octubre, los rebeldes llegaban a 60.000, y para la toma de Valladolid el número seguía en aumento, llegando a 83.000.
Sin embargo, las fuerzas realistas se organizaban, y se hablaba de la llegada de grandes contingentes de refuerzo para combatir a los rebeldes. Tras la batalla de Monte de las Cruces, se producen muchas deserciones y se agota la munición, lo cual determina que los insurgentes no entren en la ciudad de México. En noviembre, Hidalgo estaba en Valladolid y la otra parte los rebeldes, encabezados por Allende, marcharon hacia Guanajuato.
A pesar de los contratiempos, la revolución seguía su marcha por distintos puntos de México. El 10 de noviembre, José María Torres tomaba Guadalajara; Rafael Iriarte conquistaba Zacatecas, Aguascalientes y San Luis Potosí; el cura José María Mercado controlaba la costa de Sinaloa; y en el sur, el cura de Carácuaro, José María Morelos, se hacía fuerte en Acapulco. Junto a Torres en Guadalajara, Hidalgo se dispuso a organizar el gobierno a través de dos ministerios: el de Gracia y Justicia, y el de Estado y Despacho. Para difundir su propuesta, contó con el primer diario independiente, El Despertador Americano. Pero las noticias de la llegada de las fuerzas realistas a Guadalajara dispusieron nuevamente las fuerzas hacia el combate. Hidalgo, confiado en el triunfo, tras haber visto crecer en tres meses su ejército de 7000 a 90.000 personas, partió al combate.
El 17 de enero de 1811, en el Puerto de Calderón se encontraron las fuerzas insurgentes con las realistas, al mando de Callejas. La derrota del numeroso ejército de Hidalgo fue total, más de 1000 bajas y toda la artillería abandonada. La política de indultos y la utilización de la fuerza criminal por parte del Virrey Vargas debilitaban aún más a los rebeldes.
El 21 de marzo de 1811, en Coahuila, Hidalgo y sus oficiales fueron emboscados y hechos prisioneros. Por miedo a la reacción de la población, fueron trasladados a Chihuahua, enjuiciados y sentenciados a la pena de muerte. La sentencia se cumplió. Un día después de su fusilamiento, fueron decapitados, y sus cabezas exhibidas por 10 años. Sin embargo, las huellas dejadas por la rebelión de Hidalgo habían marcado en los indios, los mestizos, los campesinos, el sueño de una realidad distinta: más justa, libre e igualitaria. El general español Callejas le escribía al Virrey: “La insurrección está todavía muy lejos de calmar; ella retoña como la hidra a proporción que se cortan las cabezas” (p. 79).
• Varios autores, La Patria es América, Ediciones Madres de la Plaza de Mayo, Argentina, 2009, pp. 65-80.


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