Con sus batallas, la gesta independentista de estos países, que eran colonias hace 200 años, es motivo para precisar cómo y por qué ocurrió ese hecho histórico y quiénes nos dieron el ejemplo. Todo suceso en la vida y en la historia se desencadena a causa de elementos internos y externos, económicos, sociales, políticos, militares, de cultura, lugar y ubicación geográfica. En este primer suplemento especial, de una serie de 12 sobre la efeméride bolivariana, en desde abajo abordamos aspectos como el entorno y la situación internacional que el Libertador debió comprender y enfrentar. En la próxima entrega trataremos la característica que tenía nuestra región y las resistencias sociales y los alzamientos que se llevaron a cabo.
Siglo XVIII, cruz y espada. Luego de tres siglos de imperar estos dos signos e instrumentos de poder y fuerza en América Latina, el letargo de la sociedad colonial llegó a su fin. Como un parto, con patriotas sin camisa y descalzos, se abre paso una lucha socio-política que hace emerger varias repúblicas con anhelo de libertad.A la par, y como consecuencia y acción dialéctica, se derrumbará el imperio español, uno de los más importantes de la época. En la Historia, un imperio sigue a otro. Entonces ganaron su espacio con nuevas características –monetarias, comerciales, militares y del conocimiento–, el inglés y el francés.
Para nuestra independencia, varias fuerzas y factores confluyen y la hacen posible. Uno es la novísima identidad que alcanzan las clases dominantes –criollos o mantuanos–, dotándose de teoría de la Ilustración y de energía para su alzamiento con lanzas y cañones, y de liderazgo contra el orden imperial y el rey. Otro es la quiebra del feudalismo en Europa. Un sistema de siervos y dueños de la tierra, cuando no era un tiempo de bancos ni ciudades con ‘plazas de mercado’ para el canje de alimentos y productos. Este sistema cayó bajo el empuje y el ascenso de comerciantes y creadores –intelectuales, investigadores, científicos–, conocidos pronto como burgueses, los mismos que impulsaron la construcción de nuevas relaciones sociales y nuevos espacios poblacionales.
Su auge dio paso a los dos grandes sucesos vividos hasta entonces por la humanidad: la Revolución Industrial y la Revolución Francesa –sin dejar de mencionar la reforma protestante del clérigo Martín Lutero, que conmovió la silla papal, la teología y la fe. Revolución política e industrial como un conjunto de transformaciones que también se pueden medir en la incorporación de nuevas palabras y nociones, entre ellas industria, fábrica, clase media, clase trabajadora, capitalismo, socialismo, ferrocarril, liberal, conservador, científico, nacionalismo, ingeniero, proletario, crisis, estadística, sociología, crisis económica, ideología, huelga, y otros muchos vocablos y conceptos sin los cuales es imposible imaginar la profundidad de la revolución producida en aquellos años, revolución que supuso la mayor transformación en la historia humana desde los remotos tiempos en que los hombres y las mujeres descubrieron la agricultura y la metalurgia, la escritura, la ciudad y el Estado.

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