Madrid-02/11/2026
La economista Clara E. Mattei, profesora en la Universidad de Tulsa (Oklahoma) y presidenta fundadora del Forum for Real Economic Emancipation (FREE), se ha erigido en los últimos años en una de las voces más críticas contra el capitalismo. “Hay que desmitificar la idea de que es un sistema democrático y libre, porque en realidad no lo es. La gente está expresando esto con mucha claridad a través de sus protestas [en Francia]”, asegura, contundente, en una charla con Público celebrada en Madrid con motivo de la presentación de su último libro, Escapar del capitalismo (Capitán Swing), un breve pero intenso ensayo en el que invita a superar la propia naturaleza y las reglas de un sistema económico en el que “lo que tiene prioridad es la acumulación de más capital”.
Sin embargo, a veces esas personas que nos gobiernan sí son malvadas. En la parte final de su ensayo, Mattei aborda la violencia económica que ejerce Israel sobre Palestina. “Este ejemplo permite ilustrar, de forma muy acentuada, dinámicas que la economía convencional ha ocultado sistemáticamente. La acumulación de riqueza se ha nutrido de la extracción y la explotación de las poblaciones más vulnerables”.
“En los territorios palestinos, la relación económica con Israel constituye, en realidad, el núcleo de la violencia. Es evidente que hoy presenciamos una violencia física atroz, llevada a un extremo absoluto; pero lo fundamental es comprender que dicha violencia física está intrínsecamente vinculada a la violencia económica en Palestina. Esto queda patente en el hecho de que el genocidio ha resultado sumamente rentable para nuestra economía, tanto en la fase de destrucción —que involucra a diversos sectores— como en la posterior fase de reconstrucción. No existiría el desarrollo sin el subdesarrollo; lamentablemente, la forma en que el pueblo palestino ha sido destruido a lo largo del tiempo —desde los inicios, incluso desde la época del mandato británico en 1917— es un claro ejemplo de ello”, analiza Mattei a este respecto
Por estas y otras circunstancias, Mattei propone una alternativa: escapar del capitalismo. ¿Qué significa realmente eso? “La idea es que recuperemos nuestra capacidad de decisión sobre todo lo que nos rodea. Se trata de cuestionar todo aquello que damos por sentado: hemos normalizado la coacción económica fundamental que rige nuestras vidas y que nos obliga a trabajar para otros con el fin de obtener el dinero necesario para cubrir nuestras necesidades”, responde la economista.
“Tenemos que trabajar en favor de un sistema que rompa con el orden económico actual. Se trata de lograr una mayor participación de la ciudadanía en la economía, lo cual puede adoptar diversas formas. Pero el primer paso es comprender qué es lo que debemos superar: nuestra economía capitalista”, añade Mattei.
El camino está marcado, pero harina de otro costal es cómo transitarlo. Las dificultades son máximas. En ese marco, por ejemplo, es en el que hay que situar las protestas sociales de las últimas semanas en Francia y en otros países europeos. “La reacción es brutal: los Gobiernos capitalistas, ya sean de izquierda o de derecha, priorizan la represión de aquellas luchas que buscan derrotar la lógica del beneficio económico en favor de la satisfacción de necesidades básicas. Creo que lo que vemos aquí es, una vez más, la gran brecha que genera el capitalismo entre las personas que están estructuralmente explotadas y dependen del mercado, y las élites que encarnan la lógica de nuestra economía capitalista y que nos gobiernan”, se lamenta Mattei.
Es la injusticia social la que ha llevado a la gente a salir a las calles. Y esa injusticia se manifiesta en la desigualdad económica. Mattei explica que “todo el proceso de producción se basa en la desigualdad”. Para ella, “si la mayoría de la población tuviera sus necesidades básicas cubiertas, la desigualdad no sería un problema tan grave”. “El problema es que esa injusticia social es la que provoca que la mitad de la población mundial viva en la pobreza”, matiza.
Hay otro obstáculo en el camino: la austeridad económica. Mattei ha desarrollado una interesante teoría al respecto: sostiene que la austeridad no es necesaria, sino que es un instrumento impuesto por los economistas —amparados en una supuesta (y falsa) superioridad intelectual— para disciplinar a los trabajadores. “La austeridad forma parte del ADN del capitalismo. En realidad, el capitalismo no puede existir sin la austeridad, porque ésta funciona como una herramienta activa para preservar el equilibrio de clases, la dependencia del mercado y la protección de los grandes inversores. La austeridad resulta muy eficaz para mantener a la mayoría en una posición de debilidad y a la minoría en una de fortaleza. Esa es la base del sistema”, ilustra Mattei.
En este sentido, Donald Trump, Javier Milei, Giorgia Meloni e incluso Santiago Abascal en España, pueden ser considerados hijos políticos de la austeridad. “Sabemos que la razón por la que figuras como Meloni, Trump y otros llegaron al gobierno, se debe al éxito de la austeridad aplicada por Gobiernos anteriores. Es un proceso a largo plazo que podríamos describir como la formación de un ‘sentido común’ mediante el cual las personas interiorizan la lógica de sus opresores”, señala Mattei.
La economista profundiza en su análisis para explicar como personajes como Trump o Milei han llegado al poder: “Los Gobiernos anteriores —supuestamente liberales o de centroizquierda— normalizaron tanto la austeridad que provocaron una falta de poder organizado entre los trabajadores, una ausencia de conciencia de clase y un sentimiento de ‘Odiamos a los migrantes, somos pobres y tenemos que salvarnos a nosotros mismos’. Por tanto, estos Gobiernos de derecha, en cierto modo, se han beneficiado de la austeridad previa”.
Mattei considera necesario rebelarse contra ese sentido común que se trata de imponer a la ciudadanía. “Desde la izquierda, tenemos la gran responsabilidad de no caer en gran parte del discurso que favorece a la derecha. Lo que intento hacer en este libro es proponer nuevas categorías que vayan más allá de la idea convencional de que, por ejemplo, basta con aumentar la productividad, o de que los estímulos sociales son positivos para el crecimiento. Debemos abandonar la idea de que es posible hacer compatibles las necesidades sociales con el crecimiento económico y las categorías del capitalismo. Es fundamental tener claro que, si queremos satisfacer las necesidades sociales, debemos oponernos a la lógica del capitalismo”, insiste Mattei.
Para cambiar esa lógica, Mattei aporta su propia receta: “Es necesario construir una narrativa mucho más contundente”. “Existe una contradicción esencial entre la lógica de la necesidad y la lógica del beneficio; eso es lo que la gente necesita escuchar. Si logramos expresar esto con claridad, podremos transformar, poco a poco, el sentido común imperante”, añade.
Por supuesto, esto debe ir acompañado de “prácticas de solidaridad y de nuevas formas de organización”, dice Mattei. Será bajo una forma de revolución. “La cuestión es que una revolución es un proceso, y este comienza desafiando el núcleo mismo del sistema”, señala Mattei. “Es necesario ejercer una presión radical. Los derechos no se regalan; así ha sido la historia del capitalismo. Si existen ciertos derechos bajo el capitalismo, es porque se ha luchado por ellos. Por tanto, esta lucha requiere una visión a largo plazo que exige mucha valentía”, sentencia.
Para algunos este discurso puede parecer demasiado optimista e incluso iluso. Mattei sí se declara optimista, pero no ilusa: “¡Solo tenemos que ponernos manos a la obra! Me he vuelto más optimista al ver a tanta gente dispuesta a participar y el amplio margen que existe para crear nuevas instituciones”, exclama antes de explicar que el Forum for Real Economic Emancipation (FREE), esa especie de think tank que ha fundado, recibe cada vez más apoyos.


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