
El poder político mundial chequea sus tensiones y temores en una cumbre en la que el aislacionismo de Trump y su tendencia al estrés institucional convivirán con la manifiesta incapacidad del grupo para resolver los retos que lleva una década planteándose
El poder mundial chequea la resistencia de sus costuras este fin de semana en Hamburgo, donde, entre multitudinarias protestas contra los tratados internacionales de comercio y los recortes de libertades, los presidentes de los estados teóricamente más poderosos y/o económicamente potentes del planeta celebran la decimosegunda cumbre del G-20.
El foro, que reúne a los dirigentes de los países del G-7, la UE y otros doce estados entre los que destacan los BRIC (Brasil, Rusia, India y China, 28 billones de dólares de PIB), México, Indonesia y Turquía, se reúne de nuevo tras nueve convulsos meses (“turbulentos”, en palabras de Donald Tusk, presidente del Consejo de Europa) que han puesto sobre la mesa la fragilidad de sus equilibrios.
Las cosas han cambiado mucho desde que el G-20 se reuniera a primeros de septiembre del año pasado en la ciudad China de Hangzou. En cuanto al reparto, se estrenan un aislacionista Donald Trump que colecciona focos de tensión política y económica, un Emmanuel Macron que encadena dimisiones de ministros mientras siente en la nuca el aliento electoral de la antieuropeista Marine Lepen, presidentes bajo sospecha como el brasileño Michel Temer, una Theresa May con tendencia a apuntar hacia su zapato y una UE que, políticamente convulsionada por el Brexit, no acaba de saber qué será dentro de unos años, cuando decrezca.
Refugiados, África, elusión fiscal
En lo que se refiere al guión, siguen sobre la mesa buena parte de los asuntos que centran sus cumbres desde su inicio en 2008, aunque con mayores tensiones en unos ámbitos, como ocurre con las políticas de cambio climático tras el abandono del Acuerdo de París por EEUU y con las políticas comerciales tras el cambio de posición de EEUU con el TTIP, y con manifiestas muestras de incapacidad para resolver otros como la crisis de los refugiados y los migrantes, el desarrollo del continente africano (Guinea y Senegal, por la Unión Africana y la Nueva Asociación para el Desarrollo de África, reforzarán la solitaria presencia de Sudáfrica en el grupo), la llamada lucha contra el terrorismo internacional (con Arabia Saudí en la mesa), las políticas contra la elusión fiscal o el diseño, casi una década después de que la crisis de las hipotecas basura hiciera tambalear la economía planetaria, de un sistema monetario y financiero resiliente.
Objetivos, tareas pendientes y misiones imposibles se entremezclan y confunden en el G-20, cuyas cumbres, como las del G-7 y otros foros similares, no suelen dar lugar a acuerdos prácticos y efectivos aunque en ocasiones sí generan declaraciones de intenciones.
En esta ocasión, sin embargo, el foco de atención va a estar en si el propio grupo se resiste a sí mismo en su primera edición con un Trump que hace bandera del aislacionismo económico y comercial mientras colecciona encontronazos con países como China, Alemania y México (aliados comerciales de EEUU hasta hace unos meses), mientras asuntos como la guerra de Siria y las presuntas ciberinjerencias electorales de Rusia tensan las relaciones de este último país con otros miembros del foro.
“Forjar un mundo interconectado”, es el paradójico lema elegido por la presidencia alemana para la cumbre que Europa considera “ideal” para tratar medidas contra el tráfico de seres humanos a través del Mediterráneo, aunque Tusk, que aboga por que una UE en crisis hable “como una sola voz” en Hamburgo, admite que medidas como crear una lista internacional de traficantes requiere el acuerdo previo de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. Aunque la forma pretenda proclamarlo, nadie sostiene en el fondo la ilusión de una reunión de iguales.
La UE aparenta unidad
Naciones Unidas es uno de los principales invitados de la cumbre, a la que también asisten representaciones del Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, el FMI, la OIT, la OCDE y, por vez primera, la Organización Mundial de la Salud (OMS). España es el único Estado invitado permanente, mientras que en esta edición también estarán presentes Noruega, Holanda, Singapur y Vietnam.
La UE, el único sujeto colectivo con plaza estable en el G-20, comparece, tras el estruendoso diálogo de sordos de la cumbre del G-7 de mayo, en pleno tratamiento de autoestima tras el Brexit, el resultado de la primera ronda de las presidenciales francesas y de las legislativas holandesas y la deriva autoritaria de algunos socios como Polonia. “Una Unión fuerte y decidida es el mejor modo de promover nuestros valores e intereses, apoyar un sistema a base de reglas multilateral, y en última instancia (sic) proteger y defender a ciudadanos”, señalan Tusk y el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, en una carta a los presidentes y jefes de Estado, en la que admiten cómo “muchos ciudadanos en Europa y en otros lugares todavía se sienten olvidados por la recuperación económica y son aprensivos con la globalización”.
La delegación europea se muestra ahora, vistos sus efectos intensificadores de la desigualdad, partidaria de abandonar las políticas austericidas para regresar al keynesianismo. “Trasladaremos una postura común para mejorar la eficacia y la composición de los fondos públicos para que lleven al crecimiento y la equidad”, señalan Juncker y Tusk, que consideran “necesaria” una “atención particular” a la inversión en infraestructuras y la eficacia de los sistemas de seguridad social.
Puntos de desencuentro entre EEUU y Europa
No parece que ese vaya a ser el único punto de desacuerdo entre la UE y EEUU, quizás menos distantes en materias como la aplicación de medidas de censura en internet con la excusa de atacar las vías de propaganda del terrorismo islamista. La lista de desencuentros incluirá, a priori, materias como la actuación ante el cambio climático (el acuerdo de París “no es renegociable” para Bruselas), la creación de una lista de paraísos fiscales y la aplicación de sanciones si no se adecúan a los estándares de transparencia financiera, la financiación de la lucha contra el terrorismo o el diseño de un nuevo sistema financiero internacional con el FMI como eje.
La crisis de los refugiados será otro de los ejes de las sesiones del G-20, en el que la delegación de la UE señalará el desplazamiento forzado y la migración irregular como “los principales desafíos globales”, aunque sin abandonar su política de externalización de fronteras en países como Turquía y Marruecos sino, más bien al contrario, abogando por reforzarla y por fomentar la “vuelta rápida “ de los migrantes a sus territorios de origen al mismo tiempo que su integración en los mercados de trabajo europeos.
Europa pretende combinar esa política de impermeabilización de sus fronteras con otra de desarrollo económico en África para, movilizando 44.000 millones de euros públicos y privados hasta 2020 en inversiones tuteladas, “contribuir al abordaje en origen de las causas de la migración irregular y la radicalización” en países como Costa de Marfil, Etiopía, Ghana, Marruecos, Ruanda, Senegal y Túnez
Violentos choques entre manifestantes encapuchados y policías en la antesala de la cumbre del G20 en Hamburgo
“No sirven estos encuentros de caviar y champán”
Página12
Unas 12.000 personas se reunieron en Hamburgo para protestar contra la política de las principales potencias industrializadas.
La protesta más temida contra la cumbre del Grupo de los Veinte países industrializados y emergentes que comienza hoy en Hamburgo acabó ayer en choques violentos entre manifestantes encapuchados y agentes policiales.
Mientras los poderosos del mundo aterrizaban en la ciudad del norte alemán para participar en la Cumbre del Grupo de los Veinte, miles de manifestantes se reunían con la promesa de convertir el evento en un “infierno” y formar “el mayor bloque negro de Europa”.
Unas 12.000 personas se reunieron bajo un sol radiante en la plaza del Mercado del Pescado de Hamburgo junto al río Elba para dar rienda suelta a su descontento con la política de las principales potencias industrializadas y emergentes y más tarde marchar por la ciudad en la protesta más temida por las autoridades.
Una variopinta comunidad de antisistemas, punks y radicales de izquierda de distintos países de Europa, pero también de ecologistas, jóvenes estudiantes y veteranos de la revolución estudiantil de mayo de 1968 pobló la plaza, muchos vestidos de negro. “Venimos acá porque nuestro primer objetivo es un mundo sin identidades nacionales”, explicó Norman, un estudiante de arte que llegó a Hamburgo a dedo junto con su compañera Vanessa. “Estos encuentros de caviar y champán no son importantes y es lo que queremos dejar claro”, lo secundó su amiga.
“La forma masiva y dura en que ha actuado hasta ahora la Policía motiva a la gente a probar cosas”, opinaron los estudiantes. “No hemos venido a armar lío, pero si intentan detenernos, no seremos nosotros los responsables”, lanzó la advertencia Kemal, un kurdo residente en Alemania que blandía una gran pancarta en la que demandaba “Un mundo sin imperialismo ni fronteras”.
La protesta fue organizada por un grupo de antisistemas en torno al centro “Rote Flora”, un antiguo teatro ocupado desde 1989 que suele ser escenario cada 1 de mayo de violentos choques con las fuerzas de seguridad. Los organizadores esperaban la asistencia de unas 10.000 personas, pero llegaron más. La Policía calculaba que entre ellas podría haber hasta 8.000 violentos y manifestó especial temor a cómo se comportará el cerca de millar de activistas llegados de países como Grecia, Italia, Francia o Escandinavia.
Un tren fletado especialmente arribó esta mañana proveniente de Basilea llevando a unos 800 militantes del extranjero. El convoy tardó en vaciarse debido a que todos los pasajeros fueron controlados por la Policía. Dos italianos con antecedentes de violencia fueron interceptados en el aeropuerto y devueltos a su país.
A primera hora de la tarde reinaba la calma antes de la tormenta. Grupos de música como la banda punk “Die Goldenen Zitronen” (“Los limones dorados”) con el tema “Si fuera una zapatilla” sobre la facilidad con que las zapatillas cruzan las fronteras y la dificultad de los seres humanos para hacerlo se alternaban sobre un escenario con oradores de distintas partes del globo.
Entre ellas destacó la activista mexicana María Trinidad Ramírez, del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) de la localidad de San Salvador Atenco, en la que está prevista la construcción del nuevo aeropuerto internacional de la ciudad de México en contra de la voluntad de lugareños y campesinos. “(El presidente Enrique) Peña Nieto no nos representa a los mexicanos. Representa al despojo de las tierras, la violación a los derechos humanos de los pueblos originarios”, sostuvo Ramírez, mientras en el público gritaban “Zapata vive y vive” en solidaridad con el movimiento zapatista mexicano.
Los temores se confirmaron unas horas más tarde, cuando la columna de manifestantes quiso ponerse en marcha y cerca de un millar se tapó la cara, algo que está prohibido en Alemania, y lanzó botellas y tablones a la nutrida dotación de policías en el lugar, según dijo la Policía.
Las fuerzas del orden contestaron con cañones hidrantes y gas pimienta y demandaron al resto de los manifestantes a separarse del llamado “bloque negro”. Hubo heridos y la protesta se dio por terminada, pero algunos grupos siguieron protagonizando destrozos.
El tema de la seguridad ha sido una obsesión para los organizadores del G20 en Hamburgo. Unos 20.000 policías de todo el país están destacados en la ciudad. En la antesala del encuentro se produjeron los primeros choques entre manifestantes y policías en los que también los agentes emplearon cañones de agua y gas pimienta. El duro accionar policial fue criticado en las redes sociales.
La manifestación “Bienvenidos al infierno” es una de casi una treintena de marchas, actos y bloqueos organizados en Hamburgo para protestar contra los poderosos del mundo. El punto culminante será la gran marcha programada para el sábado, el último día de la cumbre, a la que se espera la participación de hasta 100.000 personas.



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