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Nuevo estadio de la comunicación

Nuevo estadio de la comunicación

Hoy asistimos a un nuevo estadio en las formas y la construcción de modos de comunicación. De los artefactos de comunicación a distancia –desde el telégrafo hasta el satélite– que nos devuelven una oralidad secundaria, posescritural a las tecnologías de la memoria, se suman las de la inteligencia. El uso de Internet genera nuevos ámbitos perceptivos, culturas diferentes y atmósferas particulares. Las distintas aplicaciones de la web (chats, foros, blogs, wikis, redes sociales como Facebook y Myspace; Youtube, Twitter) traen aparejadas modificaciones en el alcance, el tipo y la forma de interacción y, a la vez, renovadas capacidades productivas. El uso de estas tecnologías, cada vez más intensivo y diversificado –en los ámbitos del trabajo, la educación, la diversión, el ocio, las relaciones con amigos, colegas y familiares– es un fenómeno social que no podemos pensar fuera de este particular contexto histórico-cultural.

En pocos años, los múltiples dispositivos mejoraron y potenciaron lo que ya veníamos haciendo con otras herramientas. Un solo ejemplo: antes enviábamos cartas, hoy mails y SMS. Los modos de hacer, los usos sociales, siempre remiten a una categoría totalizadora como la de cultura; se establecen a través de la experiencia, de los discursos circulantes en el boca a boca, de los saberes de los circuitos informales que corresponden al hacer cotidiano. Se generan, así, hábitos que promueven gustos, esquemas operacionales, maneras de hacer, de pensar; un estilo de inventiva técnica y de adecuación a las necesidades. Y si no, pensemos qué hicimos en estos últimos años con el celular, convertido ahora en una herramienta multipropósito.

Hasta hace poco, la web había sido un lugar al cual recurríamos principalmente para buscar información. En un período no muy largo –y propiciado por la difusión de la banda ancha– los usuarios pasamos de ser sólo lectores-consumidores de información a producir contenidos. Y lo hacemos conformando comunidades virtuales que promueven la inteligencia colectiva. En el 2004, O’Reilly usó por primera vez el término web 2.0 para referirse a una segunda generación de web basada en comunidades de usuarios y una gama especial de servicios, como las redes sociales, los blogs, los wikis o las folcsonomías, que fomentan la colaboración y el intercambio ágil de información entre los usuarios. Durante un discurso en la Universidad de Berkeley, O’Reilly sentenció: “Una verdadera aplicación web 2.0 es una que mejora mientras más personas la usan. Por eso, el corazón verdadero de la web 2.0 es la capacidad de aprovechar la inteligencia colectiva”. El uso de estas aplicaciones está transformando el acceso, diseño, organización e intercambio de información. La web va adquiriendo nuevas características como la presencia de información más descentralizada, amplia diversidad de contenidos administrados por usuarios que no necesitan grandes conocimientos de informática, información en permanente cambio, softwares gratuitos y comunidades que comparten y distribuyen conocimientos.

Lo que esta nueva web está transformando, sin lugar a dudas, es el modo de promocionar el consumo de bienes simbólicos y materiales y, en consecuencia, el modelo de negocio. Hace unas semanas, el dúo panameño de reggaetón Wisin y Yandel llenó dos Luna Park sin publicidad ni demasiada difusión en medios masivos. Para que en nuestro país se convirtieran en un fenómeno musical/cultural para adolescentes, sólo les bastó aprovechar la dinámica comunicacional de Internet: Myspace, Youtube, blogs, etc. (http://www.wisinyandelpr.com). Lost, la serie estadounidense, trascendió lo popular que ya era en su país y se convirtió en un fenómeno de consumo global porque millones de usuarios subían/bajaban de la red los capítulos subtitulados por la comunidad a poco de su emisión en la cadena ABC. Y no sólo eso, también crearon un sinnúmero de comunidades virtuales de seguidores que discutían las distintas tramas y los fenómenos sobrenaturales y mitológicos a través de foros y blogs.

Todo un fenómeno comunicacional que se traduce en nuevas formas de poder social y nuevos medios para la acción colectiva en el momento justo y en el lugar adecuado. Porque en una revolución tecnológica todas las instituciones, de manera y en grados distintos, participan en el cambio y, por ende, dan respuestas a las innovaciones y los desafíos que plantean esas tecnologías en la comunidad.

 Por Silvana Comba y Edgardo Toledo*
* Docentes e investigadores de la Carrera de Comunicación Social, Universidad Nacional de Rosario.


¿Qué hay en un byte?

Las personas que usamos computadoras y otros dispositivos electrónicos, con frecuencia conversamos sobre la capacidad de almacenamiento y la velocidad de transferencia de datos de dichos aparatos. Hemos adoptado en nuestro lenguaje cotidiano anglicismos intraducibles como “gigas”, “bytes” y “bits”, y nos lamentamos porque nuestra PC tiene una memoria RAM (o de acceso aleatorio), inferior a dos gigas… Pero, ¿qué es, a fin de cuentas, un gigabyte?

Pese al uso diario, rara vez vinculamos esos términos con las dimensiones físicas que involucran. En su relación expresada en potencias de diez, un gigabyte equivale a mil megabytes. Pero, ¿qué representa esa magnitud? Nuestra matemática de base diez, nacida del hecho de contar con nuestros diez dedos, dispone de las potencias para expresar cantidades. Las tecnologías de información y comunicación (TIC), usan dichas potencias para representar cantidades mínimas y máximas de información.

Un bit es la unidad básica de información. Por ejemplo, las dos posiciones, encendido y apagado, de un interruptor. En teoría de información, y en el lenguaje binario de las computadoras, el cero y el uno son, cada uno, un bit: palabra inglesa que significa una pequeñísima cantidad de algo, pero, a la vez, es la contracción de binary digit (dígito binario).
Un byte (pronunciado bait), por lo general está formado por ocho bits, y constituye la unidad básica de almacenamiento de información en las computadoras o los nuevos dispositivos reproductores de datos, como el iPod.
Una palabra tiene diez bytes. Cien bytes equivalen a la extensión de un mensaje de texto en el celular o del viejo y desusado telegrama. Un kilobyte (mil bytes o 103), equivale a menos de una página mecanografiada (o tecleada en la PC). Diez kilobytes, a una página impresa de una enciclopedia o una página web estática.

Una fotografía con baja resolución tiene cien kilobytes. Un megabyte representa un millón de bytes (106 bytes), y equivale a una novela corta o lo que podría contener un disquete de 3,5 pulgadas, también en desuso ahora. Una foto con alta resolución tiene dos megabytes.

Las obras completas de Shakespeare ocupan cinco megabytes, los cuales equivalen a un comercial de 30 segundos de video (atención, estamos hablando de cantidad de información, no de calidad… El texto ocupa menos información que el sonido, y el sonido, mucho menos que el video).

Un minuto de sonido de alta fidelidad tiene diez megabytes. Una enciclopedia en dos volúmenes, o un metro de libros colocados en un estante, tienen cien megabytes. Un CD-ROM tiene 500 megabytes.

Un gigabyte (mil millones de bytes o 109), es equivalente a la carga de una camioneta pickup llena de papel, o una sinfonía en sonido de alta fidelidad, o una película de televisión. Veinte metros de libros en un estante equivalen a dos gigabytes. Y cien gigabytes es lo que ocupa un piso entero de periódicos académicos o lo que contiene una sola cinta de almacenamiento digital ID-1.

Un terabyte (un billón de bytes o 1012), equivale al papel producido con 50 mil árboles, o al contenido textual de un millón de libros. Una biblioteca de investigación académica suele contener dos terabytes de información. Toda la colección impresa de la famosa Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos tiene unos diez terabytes.
Un petabyte son mil billones de bytes o 1015. Toda la información disponible en la World Wide Web a comienzos del siglo XXI equivalía a ocho petabytes (hoy, por supuesto, es mucho más que eso).

Un exabyte es un trillón de bytes (1018). La producción total anual de información mundial en soporte impreso, fílmico, óptico y magnético suma (según estimación para 1999) era de unos 2,12 exabytes. Y todas las palabras pronunciadas por la especie humana equivalen a unos cinco exabytes.

A partir de aquí, la sensación de vértigo es excesiva, pues grandes cantidades como el zettabyte (1021), y el yottabyte (1024), desbordan nuestra imaginación, aunque no necesariamente nuestra capacidad de producir información. Baste pensar que el número de granos de arena de todas las playas de la Tierra no supera la cifra de 1020…

Por Carlos Eduardo Cortés S. *
Desde San José de Costa Rica

* Gerente de Radio Nederland Training Centre – América latina.

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