Las cuentas pendientes del Pacto Histórico frente a su reorganización y hacia el futuro

Aunque el Pacto Histórico logró tener las bancadas más grandes en el Congreso y casi llegó a la presidencia por menos de 250 mil votos en 2026, su proceso de reorganización sigue generando ruido, en medio de decisiones tácticas que han dejado más derrotas que victorias, a un mes de que Abelardo de la Espriella se haya posesionado. Con reclamaciones por democracia interna, choques entre congresistas y un Gabinete por la Vida que no se mueve mucho, ¿existe posibilidad de evitar que el Pacto se disgregue como proyecto de unidad?

Idas y venidas… vueltas y revueltas

Desde que han existido opciones políticas de izquierda en Colombia, la constante de los ciclos de unidad y atomización ha relucido entre sus diferentes expresiones. Ciclos en su mayoría ligados a coyunturas políticas en las cuales la unidad es el resultado de una lectura en la que existe la posibilidad de acceder al poder, y la atomización sucede cuando esa posibilidad no se materializa en el tiempo. 

La historia lo reconfirma. De la unidad que llevó a la izquierda agrupada en el Polo Democrático a derrotar al liberalismo serpista y ubicarse detrás de Álvaro Uribe Vélez en las elecciones presidenciales de 2006 (que pasó sin segunda vuelta), hubo un viraje hacia la ruptura con la salida del bloque de Progresistas, movimiento de Gustavo Petro, que vino antes de la expulsión del Partido Comunista del bloque del Polo y de la resurrección de la Unión Patriótica con su personería jurídica, en la década de 2010. Lo mismo podríamos decir del proyecto de la Unión Nacional de Oposición entre 1972 y 1982, que se unió en 1974 bajo la coyuntura de llegar con una opción política viable al Congreso y a la Presidencia, pero que se disgregó tras los enconados debates frente a la lucha armada y a la posición entre la URSS y China que se estaba dando en el seno del marxismo imperante de aquellas épocas.

Por lo anterior es que no deberíamos preocuparnos, en sí, de que un proyecto de unidad como el del Pacto Histórico termine eventualmente disgregándose. No lo afirmo como una realidad fáctica, pero sí asumo que una lectura honesta sobre qué es lo que ocurre en su interior debería partir del reconocimiento de que la izquierda colombiana ha sido, al menos durante los últimos 50 años, bastante proclive a privilegiar alianzas tácticas de corto plazo frente a la posibilidad de consolidar un proyecto de mediana o larga duración. No es tampoco su culpa. En parte, la izquierda colombiana también refleja las tensiones más abstractas que han prevalecido entre cómo construir partido, en tiempos donde la estructura política partidaria ha tendido a volverse más gaseosa y difusa, especialmente ante la imposibilidad de responder quién es el nuevo sujeto político que debe encabezar el proceso de transformación social y cuáles deben ser los puntos de articulación de un potencial programa político que debe poner en diálogo agendas que, en algunos casos, pueden ser incompatibles entre sí.

A partir de este “sinceramiento” (palabra que se ha puesto en boga de todo el mundo por culpa de Miguel Gómez, nieto de Laureano Gómez, hoy ministro de Hacienda), creo que es posible hacer un diagnóstico mucho más descarnado y aterrizado de lo que ocurre en el Pacto Histórico, que no es más que la conjunción de tres fenómenos que no terminan de tomar forma en el bloque de unidad: (1) La carencia de un programa político concertado y dialogado que unifique a todas las tendencias dentro de una serie de objetivos comunes en el corto, mediano y largo plazo; (2) La definición de mecanismos de resolución interna de conflictos que permita la expresión de la democracia interna y, al mismo tiempo, permita la coexistencia pacífica de las diferentes tendencias que conforman a los partidos que hacen parte del bloque de unidad; y (3) la redistribución de las cuotas de poder entre estas tendencias, sin que se privilegie a ninguna por criterios electorales o políticos.

El Pacto terminó siendo un proyecto construido de afán

El primer problema que aparece tras el triunfo de Gustavo Petro y la bancada del Pacto Histórico en las elecciones de 2022 tiene que ver con la búsqueda de un proceso de unidad que uniera a los diferentes partidos que conformaban en ese momento la coalición de partidos que llegó al poder. En cierto punto, comenzó a estar en boga de todos los congresistas del bloque la necesidad por construir partido. Del mismo modo, el entonces presidente Petro ya hacía llamados a conformar el “partido del Pacto Histórico” como manifestación última de la democracia popular que, según él mismo, representaba.

Las primeras discusiones tomaron cuerpo en enero de 2024, con los llamados que en su momento realizó María José Pizarro a que cada uno de los partidos que conformaban el Pacto realizaran sus congresos para fusionar las personerías en un nuevo movimiento político. Este llamado, luego, fue contestado por Petro, quien pidió a las más de 1.500 personas elegidas por la coalición en las elecciones regionales de 2023 reunirse en un Congreso y definir los criterios para la unificación. Todo esto, luego de que el Pacto no pudiera capitalizar en esas elecciones su triunfo un año antes y terminara cediendo bastiones importantes, como Bogotá y Cali, donde esperaban al menos alcanzar o retener las alcaldías.

Ya en febrero de 2023 había existido también la construcción de un documento pidiendo la unidad, y en la que se señalaba la urgencia por consolidar un nuevo partido con pretensión de poder que lograra mantenerse en 2026. El problema en ese momento, y durante gran parte del proceso de unificación, fue que los partidos más pequeños y los que habían recién llegado con su personería jurídica (que terminaron perdiéndola entre 2024 y 2026), terminaron bloqueando la posibilidad, ante el riesgo de perder su personería jurídica y no volver a tener capacidad de presentarse a un escenario electoral futuro. Ese fue el argumento que esgrimió Mais en 2024 para no unirse al Pacto, lo que llevó a una tensa discusión entre Pizarro y las directivas de ese partido para que ella y su tendencia pudieran desligarse y continuar con el proceso de unidad. Discusión que se resolvió tarde, entre octubre y noviembre de 2025, cuando el partido estaba próximo a recibir la personería jurídica para validar la candidatura de Iván Cepeda a la presidencia.

Luego, en agosto de 2024, la Colombia Humana, en una asamblea que no estuvo exenta de cuestionamientos y ruido por las denuncias en la forma como fueron nombrados sus cargos directivos, terminó aprobando la unificación en un solo partido. Luego lo hizo la Unión Patriótica, quien también aceptó ceder su personería jurídica. En abril de 2025 el turno le correspondió el Polo Democrático, del mismo modo que el Partido Comunista en un congreso extraordinario. Para el 13 de junio de 2025, los 4 partidos y la tendencia del Mais de Pizarro comenzaron su proceso de fusión, que en septiembre de 2025 se detuvo, luego de que el Consejo Nacional Electoral señalara que sólo permitiría la fusión del Pacto Histórico entre el Polo, la UP y el PCC. La Colombia Humana quedó relegada puesto que, según el CNE, los estatutos del partido exigían que la decisión de fusionarse se tomara con un quórum de las dos terceras partes de sus afiliados, lo que implicaba que más de 75 mil personas hubieran votado sobre la fusión. Esto terminó inhabilitando las decisiones que la Asamblea de agosto de 2024, con menos integrantes, ya había tomado. La situación de la Colombia Humana se terminó resolviendo en marzo de 2026, cuando el CNE finalmente permitió la fusión con el resto de los partidos, lo que impidió que la candidatura de Iván Cepeda se midiera en una consulta interpartidista con otras agrupaciones políticas de centroizquierda y centro, proyectada para ese mismo mes.

Aunque, entre los documentos entregados al CNE para la fusión estaba un ideario programático de unidad que establecía los puntos en común que unían a los partidos que se decidieron unir en el Pacto Histórico, la promesa de un Congreso Fundacional que articulara este ideario en un programa político mucho más estable quedó en el aire. De hecho, en su discurso de aceptación de la candidatura del Pacto Histórico en pleno, a finales de octubre de 2025, Iván Cepeda habló de la necesidad de articular a los movimientos integrantes del bloque en una construcción programática que se reflejara en su programa de gobierno a la presidencia. Promesa que se quedó allí, en tanto la campaña del candidato Cepeda se concentró en dos documentos programáticos basados en sus discursos de campaña, en los que la mayoría del bloque de izquierdas se articuló sin un escenario amplio y previo de discusión política.

Tras la derrota de Cepeda en la primera y segunda vuelta a la Presidencia, entre mayo y junio de 2026, se filtró un documento en construcción con directrices internas del Pacto Histórico para afrontar el escenario político posterior al triunfo de De la Espriella y la reorganización del partido en un escenario de regreso a la oposición política. Entre otras cosas, este documento (titulado “Circular política y organizativa”) señaló que el programa político se sustenta en el programa de transformaciones democráticas del gobierno Petro, validado, según el mismo, por los 12,7 millones de votos que logró Cepeda en segunda vuelta. También indicaba que la tarea del Pacto era actualizar ese programa con las necesidades del futuro para que se vuelva la ruta de guía hacia las elecciones de 2027 y 2030.

Del mismo modo, frente al Congreso Nacional del Pacto, señaló que existe una comisión transitoria para conformar el proyecto de resolución para convocarlo, así como también extendió el mandato de los órganos interinos existentes (la Coordinación Nacional Provisional) hasta que éstos determinen y reglamenten el procedimiento para los mismos. Según algunas fuentes al interior del Pacto Histórico que han hecho declaraciones en redes sociales, este Congreso estaría proyectado para febrero de 2027.

Es decir que, por ahora, no hay proyección concreta de una fecha para la realización del Congreso, así como tampoco existe, consecuentemente, un programa mucho más definido más allá del documento de 2022 que sostuvo al gobierno Petro en estos últimos 4 años, luego de que el mismo presidente renegara del Plan Nacional de Desarrollo como parte de esas premisas programáticas para el progresismo, en 2025.

Esto es importante, porque también la interinidad está jugando en contra del proyecto de unidad. De hecho, la interinidad misma demuestra que el Pacto Histórico se encuentra frágil ante la falta de mecanismos claros de resolución/organización interna en los cuáles pueda estructurarse. De hecho, la decisión que llevó a la conformación del “Gabinete por la vida” fue tomada de manera vertical por Gustavo Petro, quien fue nominado por el Pacto como jefe de la oposición, luego de que Iván Cepeda señalara al expresidente como copiloto en una entrevista realizada en la Casa de Nariño el pasado 26 de junio. También Petro tomó la decisión de apartar a Alirio Uribe de las candidaturas a la magistratura del CNE por ese partido, luego de señalar que no había cumplido su rol como vigilante de los escrutinios que, para Petro, fueron alterados.

Pero y entonces, luego de este recuento cronológico, ¿por qué afirmo en el título que fue una “movida de afán”? Es claro que, en parte, es posible señalarlo así, en tanto (1) los partidos que luego conformarían el bloque de unidad tuvieron más de 2 años y medio para realizar sus congresos y organizarse frente a las elecciones de 2026. Que el proceso de fusión se haya realizado en junio de 2025 ya apretaba los tiempos, más aún cuando se tenía conocimiento de que el CNE podía tomar medidas que irían contra los intereses del proyecto de unidad, como claramente sucedió en septiembre de 2025 (2). De haber realizado estos congresos pronto y el proceso de fusión más temprano, hubiera sido posible la construcción de un programa político mucho más aterrizado y concertado, que sirviera como brújula y base programática hacia las elecciones de 2026. Sin ello, la candidatura de Cepeda (y, con ello, el proceso de unificación) decidió aplazar la discusión programática para darle prevalencia a la campaña electoral, sin tener en cuenta que no tener un programa concertado contribuyó parcialmente a las tendencias por las cuales se perdieron estas elecciones.

Es decir, el partido adolece de falta de coordinación y de frecuentes choques internos, debido a que no tiene ni un programa discutido y votado en consenso, así como tampoco tiene mecanismos claros para dirimir diferencias (como el choque entre Iván Cepeda y Carolina Corcho, luego de que 5 congresistas del Pacto votaran en la Comisión de Acusaciones de la Cámara en favor de permitir que la Corte Constitucional indique si la investigación contra Álvaro Uribe Vélez debe proseguir en esa Comisión o en la Fiscalía General de la Nación), ni organizar estructuras y tendencias internas. Lo que lleva a que se privilegie el liderazgo jerárquico y vertical de Gustavo Petro como mecanismo de resolución de conflictos, coordinación y decisión de ese bloque de unidad, hasta que al menos se lance el Congreso Nacional.

Como consecuencia de lo anterior, la tendencia está llevando a que exista un privilegio por la autonomía que pueda estar reflejando cierta atomización del proceso de unidad, como ya se ha notado en los roces entre congresistas (como Isabel Zuleta contestándole a Corcho tras el señalamiento de Cepeda de tener “intereses personales electorales” frente al pedido de autocrítica de la senadora en el episodio de la Comisión de Acusaciones), así como también en la falta de coordinación legislativa, en la consolidación de procesos de base que siguen organizándose sin mayor derrotero que las declaraciones de Gustavo Petro, de Iván Cepeda o de su propio criterio organizativo e ideológico. También a que, bajo la presión de la coyuntura electoral de 2027, posiblemente el Congreso Nacional no tenga un enfoque programático sino, de nuevo, ligado a las alianzas tácticas y la consolidación de candidaturas, lo que puede aplazar esta discusión hacia más adelante y puede terminar fracturando al Pacto en las grietas existentes, que ya se están haciendo muy notables.

A modo de cierre

Pero, es posible que el lector, luego de este diagnóstico tan denso, señale el papel y pregunte «Pero y entonces, ¿qué hacer? ¿Es posible o imposible salvar este nuevo experimento de unidad?». La respuesta corta es: sí, es posible. La respuesta larga es: es posible, pero requiere de varias medidas que pueden generar choques, especialmente algunos que generan ruido tanto en los grupos cercanos al excandidato presidencial, como al mismo expresidente Petro. Lo primero tiene que ver con la convocatoria a un Congreso Nacional en un plazo de tiempo mucho más cercano al establecido en febrero de 2027. El argumento del Pacto para sostener esa fecha, es que pueden recibir apoyo de la Registraduría para la elección de listas de delegados en esas fechas. No obstante, existen reclamos para que esa fecha se corra hacia el cierre de 2026, aprovechando el inicio del calendario electoral en octubre. 

Los demás puntos son dependientes de esa convocatoria al Congreso Nacional. Esto, debido a que tienen que ver con la construcción orgánica del partido. Lo segundo tiene que ver con la consolidación de escenarios de democracia interna. Empezando por que la dirigencia del Pacto debe ser colegiada y representativa de los partidos y tendencias que la conforman. Así mismo, la repartición de los escenarios directivos, tanto en términos de la mesa directiva como de los principales comités integrantes del partido debería ser proporcional a un criterio de equidad entre tendencias, y no frente al peso electoral que hayan tenido los partidos tanto en las elecciones al Congreso en 2022 como en 2026. Igualmente, debería existir rotación de estos cargos directivos entre las tendencias, para evitar que cada una se atrinchere en escenarios burocráticos internos, como lo realiza el Frente de Izquierda de los Trabajadores – Unidad (Argentina), cuya supervivencia ha dependido, en parte, de que cada tendencia y partido tiene iguales posibilidades de acceder a la estructura del partido cada cierto tiempo, descentralizando las decisiones y democratizándolas de forma horizontal.

También es urgente el Congreso Nacional para definir, en tercer lugar, la construcción de un programa político que siga el modelo de programa mínimo y programa máximo como eje orientador de estrategia política a corto plazo y declaración de principios a largo plazo. Esto es importante porque la concertación de premisas fundacionales puede llevar eventualmente a la clarificación de la estrategia y la táctica política en un escenario de retroceso y retirada táctica ante la llegada de un gobierno de extrema derecha. También porque un programa con principios puede llevar a la construcción de reglas de juego y escenarios de contención de las diferentes tendencias, y la creación de mecanismos de concertación y resolución de conflictos internos. En ese sentido, Corcho tiene razón, como lo señaló en una entrevista a Caracol Radio hace varios días, de que “los trapos sucios no deben lavarse en casa”, pero es verdad que también deben existir mecanismos para que no exista un riesgo de fragmentación y ruptura cada vez que existan tensiones internas dentro del bloque de unidad.

Ahora, estas medidas pueden generar choques con la figura de Petro y con los liderazgos tradicionales en las izquierdas y el progresismo, porque implica cuestionar su rol a cambio de incrementar la democracia interna, incluso si la misma lleva a que no ocupen escenarios protagónicos ante otros actores emergentes y cuadros políticos que lleven la dirección de las discusiones en los grandes temas del partido. Aunque Petro ha hecho un llamado precisamente a esa unidad interna, convocar este Congreso Nacional también puede tocar heridas frente a la autocrítica que el Pacto aún no ha realizado frente a la derrota del 21 de junio, ni frente a las elucubraciones de fraude esgrimidas por el entonces presidente Petro, ni mucho menos ante las decisiones que el Pacto como oposición ha tomado en los últimos días.

De hecho, la urgencia por tener estas discusiones y que su consecuencia sea la concertación de un programa político y una estructura más firme del partido hace que, en parte, al menos se elijan los ruidos y los silencios que el Pacto va a tener como estructura, pero de forma democrática y amplia. Si el bloque de unidad quiere salvarse de la arremetida con la que el gobierno de Abelardo de la Espriella se le abalanzará en los próximos meses, debe tener una estructura firme. Si no, como a los palenques que se entierran en terreno blando, las marejadas venideras pueden desbordarlos y derruidos hasta los cimientos. Aún hay tiempo para salirse del ciclo de unidad y atomización al que, parece ser, está condenada la izquierda en Colombia. 

* Politólogo – Universidad Nacional de Colombia. Estudiante de Maestría de Análisis de Problemas Políticos, Económicos e Internacionales Contemporáneos – Universidad Externado de Colombia. Analista Político, periodista e investigador

Información adicional

Autor/a: Alejandro Chala*
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico desdeabajo Nº339, Septiembre 17 - Octubre 17 de 2026

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