25 años de los BRICS: la rebelión del sur global
Imagen de los líderes del grupo BRICS en una reunión en SudáfricaRicardo Stuckert / Europa Press

09/09/2026

La XVIII Cumbre de los BRICS, que se celebra en Nueva Delhi los días 12 y 13 de septiembre, coincide con un aniversario de especial significado. Hace 25 años apareció por primera vez el acrónimo BRIC para identificar a Brasil, Rusia, India y China como grandes economías emergentes. Lo que entonces era una previsión económica formulada desde los círculos financieros occidentales se ha convertido en una de las transformaciones geopolíticas más relevantes del inicio del siglo XXI. 

Los BRICS+, con once miembros de pleno derecho y una creciente relación con países socios, representan hoy cerca de la mitad de la población mundial, mientras los países del G7 no llegan al 10%; alrededor del 40% del PIB mundial medido en paridad de poder adquisitivo, con el G7 por debajo del 30% y aproximadamente una cuarta parte del comercio internacional. Son cifras que muestran que el centro de gravedad económico y demográfico del planeta ya no se encuentra en Occidente. 

Sin embargo, esta transformación apenas se ha trasladado a las instituciones que gobiernan la economía mundial. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial continúan respondiendo al reparto de poder surgido de Bretton Woods en 1944, cuando buena parte de Asia y África permanecía bajo dominio colonial y economías como China, India o Brasil tenían un peso incomparablemente menor. Los BRICS+ disponen en el FMI de un derecho de voto de tan sólo el 12,93% frente al 38,61% de los países del G7 (que sobrepasa el 50% al sumar a los países occidentales más pequeños que no están en el G7). 

Estados Unidos y Europa (G7) conservan una capacidad de decisión muy superior a su peso demográfico y económico y Estados Unidos mantiene por sí solo capacidad de veto efectivo sobre determinadas decisiones fundamentales del FMI, mientras los países del Sur Global permanecen claramente infrarrepresentados. Esta situación permite que desde hace 80 años Europa nombre al Director del FMI y Estados Unidos al del Banco Mundial, mientras la mayor parte de la humanidad se queda al margen de las decisiones. 

La defensa del multilateralismo

Frente a una concepción del orden internacional en la que unas pocas potencias establecen las reglas y el resto debe aceptarlas, los BRICS+ defienden una gobernanza basada en una representación equilibrada, el respeto a la soberanía, la no injerencia y la búsqueda del consenso. Un multilateralismo hoy debilitado por la aplicación selectiva y la manipulación del derecho internacional, dramáticamente evidenciada en Gaza, y por unas Naciones Unidas cuyo Consejo de Seguridad sigue reflejando el equilibrio de poder de 1945 y no el mundo actual. 

La diversidad interna de los BRICS+ demuestra que es posible otra forma de cooperación. Sus integrantes tienen sistemas políticos, culturas e intereses geopolíticos diferentes. No constituyen una alianza ideológica ni necesitan pensar igual. Comparten la defensa de la soberanía, de la cooperación y de un desarrollo que tiene que volver a situar entre sus prioridades los compromisos de la Agenda 2030, progresivamente abandonados ante el regreso de la confrontación, el rearme y la política occidental de bloques. 

Esta filosofía explica el creciente atractivo de los BRICS+ para numerosos países del Sur Global, que reclaman instituciones verdaderamente representativas y rechazan que sus opciones de desarrollo sigan condicionadas por decisiones adoptadas en centros de poder donde apenas tienen representación.

El privilegio del dólar

La moneda estadounidense ocupa desde hace décadas una posición privilegiada en el comercio, las reservas y los sistemas internacionales de pagos. Este predominio otorga a Estados Unidos un poder excepcional sobre la economía mundial y le permite financiar sus desequilibrios en condiciones inaccesibles para cualquier otro país. 

Pero ese privilegio se ha convertido también en un instrumento de coerción política. Las sanciones financieras, la congelación de activos soberanos, las restricciones de acceso a sistemas de pagos y la aplicación extraterritorial de decisiones estadounidenses han demostrado al mundo que depender del dólar supone una vulnerabilidad estratégica frente a Washington. 

Los BRICS+ están capitaneando la construcción de alternativas y el creciente comercio en monedas nacionales, el desarrollo de mecanismos alternativos de pagos y liquidación y la creación del Nuevo Banco de Desarrollo responden a la necesidad de reducir la dependencia de una arquitectura financiera dominada por Occidente y recuperar márgenes de soberanía económica.  

Esta capacidad para construir alternativas será decisiva durante los próximos 25 años. Los BRICS+ deberán avanzar hacia una arquitectura financiera propia, profundizar el comercio en monedas nacionales y desarrollar sistemas de pagos, financiación, cooperación tecnológica, energía, infraestructuras e industrialización capaces de convertir la autonomía financiera en una herramienta efectiva de desarrollo para el Sur Global.

Una puerta a la esperanza

Veinticinco años después de la aparición del acrónimo BRIC, la duda es si las estructuras de gobernanza internacional controladas por Occidente y, especialmente, Estados Unidos aceptarán pacíficamente una realidad que pone fin a siglos de supremacía occidental. 

El Sur Global reclama unas Naciones Unidas verdaderamente representativas, un FMI y un Banco Mundial acordes con la economía del siglo XXI, un sistema financiero menos sometido al dólar y unas relaciones internacionales libres de sanciones, bloqueos y restricciones tecnológicas utilizados como instrumentos de coerción. Frente a estas demandas, Washington responde con proteccionismo, guerras comerciales, sanciones extraterritoriales, invasiones como la de Venezuela, guerras sin control como en Irán y una política de contención destinada a preservar una primacía cada vez más cuestionada. 

El significado histórico de los BRICS+ es que está abriendo al Sur Global el camino hacia un mundo que no dependa de Occidente. Un mundo donde Washington no pueda imponer unilateralmente sus intereses y donde Pekín, Nueva Delhi, Brasilia, Pretoria y muchas otras capitales participen en igualdad de condiciones. Un mundo donde la mayoría de la humanidad deje de estar subordinada en las instituciones que supuestamente la representan. 

Los BRICS+ han abierto así la posibilidad histórica de dejar atrás un orden basado en la hegemonía norteamericana y avanzar hacia otro fundado en el equilibrio, la soberanía y el multilateralismo. Pero esta transición encierra el enorme riesgo de que Estados Unidos, ante su pérdida relativa de poder, intente impedirla mediante una escalada de confrontación económica, tecnológica, política o militar. 

En tiempos de creciente agresividad estadounidense hacia los países del Sur Global, el fortalecimiento de los BRICS+ representa un instrumento de autonomía para el Sur Global y, frente a una hegemonía que se resiste a desaparecer, una puerta a la esperanza.

Por, Pedro Barragán, economista y editor de China Información y Economía

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Opinión
Autor/a: Pedro Barragán
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Fuente: Público

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