Enseñanzas de la asamblea por el agua y la vida
Foto Anavi

La séptima Asamblea Nacional por el Agua, la Vida y el Territorio (Anavi), celebrada el 8 y 9 de agosto en la comunidad wixárika Zitakua, en Tepic, contó con la participación de 427 adultos y 60 niños, de 18 pueblos originarios y siete países. Cada pueblo expresó los agravios que sufre, desde el saqueo a las fuentes de agua y al territorio hasta las violencias y violaciones que afectan a las personas que las defienden. 

Sometieron a crítica rigurosa el “gran proyecto de reorganización del territorio nacional a través del Plan México”, los planes hídricos nacional y regionales que ofrecen a las empresas el abastecimiento ilimitado de agua, así como la posibilidad de descargas tóxicas de las industrias que convierten los ríos en cloacas. Criticaron la pretensión de que exista un fracking “sustentable”, aunque bajo el argumento de la soberanía energética. 

Los miembros de la Anavi no se hicieron la menor ilusión sobre el futuro inmediato. La industria de los centros de datos prevé sextuplicar su capacidad eléctrica actual, pasando de los 280 megavatios (MW) operativos a más de mil 500 MW hacia el año 2030. Lo que indica que el saqueo del agua crecerá de modo exponencial, en todos y cada uno de los países de América Latina. Nuestros territorios se han convertido en tapices donde se despliega la más brutal acumulación capitalista. 

La violencia del crimen organizado, coludido con autoridades e instituciones estatales, estuvo en el centro de las denuncias. No es casualidad que, en casi todos los casos, las víctimas se encuentren entre las personas y comunidades que defienden el agua y se oponen al saqueo. Los más de 133 mil desaparecidos son una muestra de la barbarie de este sistema de muerte. 

Los asambleístas también recordaron las victorias obtenidas en los últimos años: la recuperación de la biblioteca comunitaria y la creación de la casa del pueblo Tlamachtiloyan en San Gregorio Atlapulco, Xochimilco; el cierre del pozo de Bonafont-Danone en San Mateo Cuanalá, Puebla; el fin del saqueo del agua por camiones cisterna en Santiago Mexquititlán, la toma del IMPI en Ciudad de México y su conversión en Casa de los Pueblos Samir Flores Soberanes por la comunidad otomí. 

Quisiera formular tres cuestiones que, siendo mi primera asistencia a la Anavi, he aprendido en este evento y creo marcan los rumbos que recorrerán en el futuro inmediato. 

La primera se relaciona con el destacado papel de las mujeres, y en particular de una generación que asistió a universidades pero no se convirtió en académica, sino que está aportando sus aprendizajes en acciones comunitarias para la resistencia. Escuchar por ejemplo a Estela Hernández Jiménez, otomí de Santiago Mexquititlán, o a Argelia Betanzos, mazateca de Eloxochitlán de Flores Magón, así como a las jóvenas otomís de la Casa de los Pueblos o las wixárikas de la comunidad Zitakua que nos recibió, alienta esperanza y contento. 

Ellas están en la primera fila de las resistencias, utilizan sus saberes (Argelia es abogada, Estela doctora en educación) no para recorridos individuales sino para fortalecer a sus pueblos, mostrando un camino inverso al que promueven el capitalismo y los gobiernos progresistas. Se trata de una generación que enseña un recodo respecto a sus antecesoras, que redunda en el aporte de nuevos saberes a pueblos y comunidades. 

La segunda es el papel de las niñas, niños y adolescentes. Durante los dos días que sesionó la Anavi, se realizó una asamblea a partir de la cual se desplegaron en talleres sobre serigrafía, elaboración de murales, un libro cartonero, papiroflexia y juegos tradicionales. Los mayores de 12 años incursionaron en la medicina tradicional, crearon filtros de agua y performances como la exhibición de hip hop por indígenas coca del lago de Chapala. 

Imposible no recordar a Verónica, sentada entre el capitán Marcos y el subcomandante Moisés en el Cideci, durante los semilleros en San Cristóbal de las Casas, que encarna a esa más reciente generación que amenaza con dejarnos boquiabiertos y pasmados ante su desparpajo insumiso y rebelde. Esta es una de las más emocionantes noticias que estamos recibiendo en estos años, ya que nos permite cierto optimismo en medio del colapso sistémico. 

La tercera la señaló un joven quien, en una actividad en la UNAM días después, explicó que la política había “invadido” todos los espacios del encuentro de Tepic, no recluyéndose sólo en la asamblea o en las cinco mesas de trabajo, sino en todos y cada uno de los espacios y tiempos de la Anavi. Considero esta observación de gran importancia, ya que ilustra que el camino de la autonomía desborda los marcos institucionales, haciendo que todas las actividades, colectivas o individuales, tengan un carácter político. 

La séptima asamblea mostró el potencial que los pueblos originarios están desplegando, tanto para resistir el despojo como para abrir caminos de dignidad y autonomía, construyendo sus propios mundos. No es poco para los tremendos tiempos que corren.

21 de agosto de 2026

Información adicional

Autor/a: Raúl Zibechi
País: México
Región: Norteamérica
Fuente: La Jornada

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