07 de septiembre de 2026. La economía mundial está creando muy altos niveles de riqueza. Pero gran parte de este crecimiento corresponde a una valuación derivada de los precios crecientes de los activos, más que a una inversión real. De modo simple puede entenderse la riqueza como la abundancia de bienes o productos, de recursos materiales, activos financieros y diversos tipos de atributos o de cualidades.
En términos económicos se considera riqueza al valor de los activos físicos y de los recursos intangibles que tiene una persona o una sociedad, y a los que se sustraen las deudas. En cuanto a un país, se asocia con el producto y los ingresos que se generan; se trata, convencionalmente, del producto interno bruto.
Además, existe el valor, que se asocia con los rendimientos que genera un activo (como la renta de una casa) o un negocio; es decir, las utilidades y su capacidad operativa. En cuanto a la valuación, se trata del método que se sigue para estimar el valor, un procedimiento que fija la percepción acerca del potencial de un negocio. Hay negocios que tienen un potencial aún no realizado para generar valor suficiente y que tiene una valuación muy alta.
Esto se sustenta en las expectativas de que se conseguirá generar ganancias que respalden la inversión que ha de sustentar el valor y que, a su vez, genere suficientes flujos como rendimiento de una inversión.
El caso actual de la industria tecnológica indica que las empresas más representativas han llegado a niveles extraordinarios de valuación, mismos que pueden apreciarse en las cotizaciones que alcanzan en los mercados de acciones, sin que, por ahora, la mayoría de ellas genere las ganancias suficientes para respaldar esos recursos. Y, aún más, en el proceso de conformación del negocio se endeudan de manera significativa mediante la colocación de bonos, con lo que tensan las condiciones financieras en general. Las expectativas deberán validarse eventualmente de modo oportuno y suficiente frente a accionistas y acreedores. Valor, entonces, no es en principio lo mismo que valuación. Las discrepancias pueden ser relevantes.
La cuestión comprende una valuación creciente de los acervos existentes y que se incrementa más de prisa que la productividad y la inflación. Es un aumento de la valuación de los activos sostenido principalmente por un mayor endeudamiento, más que por el ahorro, lo que contribuye a desbalances en los mercados. Y tiene, por supuesto, un impacto en el aumento de la concentración del ingreso y de la riqueza.
Dicho de otro modo, el crecimiento de la economía –del PIB– y de la riqueza que sea sostenible debe erigirse sobre la producción de bienes y servicios que representen un mayor valor y que no sea preferentemente la consecuencia del alza de la valuación de los activos que se soporta en cuestiones como el cambio tecnológico y la especulación.
El valor de un producto o servicio tiene que ver con los elementos considerados fundamentales, tales como su utilidad o lo que los compradores estén dispuestos a pagar. La valuación, en cambio, es un método de análisis y de estimación del valor, una aproximación sujeta a desviaciones por motivos como el de una creciente especulación.
Mientras el valor es tangible, lo que se manifiesta en una transacción real en el mercado, la valuación es finalmente una especie de opinión o de aproximación derivada de ciertos criterios, como los que se desprenden de la información financiera o las expectativas del mercado. El valor deriva de la utilidad y desempeño; la valuación se sustenta en un cálculo, una proyección de los flujos que se genera en un determinado escenario de riesgos y de expectativas.
En un entorno económico de alto impacto especulativo como el que predomina hoy, por ejemplo, en el caso del sector de la inteligencia artificial, las formas de valuación de los activos se basan en la sicología de los inversionistas, en el impulso y la dinámica esperada de un sector o actividad determinada y, sobre todo, en las expectativas de generación de altas ganancias que empujan los bancos, las casas de bolsa y los fondos de inversión. De lado queda por ahora el asunto relevante que es el del valor intrínseco.
Los flujos de recursos son impredecibles, sobre todo en una fase en la que los proyectos aún no generan ingresos y las condiciones se prestan a la especulación. Ocurre, entonces, un proceso observable en el mercado financiero denominado como “reflexividad”, lo que significa que los precios más altos de las acciones atraen un mayor número de compradores, lo que a su vez impulsa los precios al alza y crea un círculo de retroalimentación que distorsiona los factores fundamentales que determinan el valor; se trata de la creación de una trayectoria circular (de un “loop”).
El valor real de algo en términos económicos tiene que ver con la capacidad para generar flujos de rendimiento o ganancias. La valuación es una forma de estimar dicho valor y las premisas en las que se basa tal estimación se derivan de ciertas fórmulas que difieren entre quienes practican la valuación y están sujetas a ciertos sesgos.


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