Naciones Ingas, Cofanes, Quillacingas, Pastos, Awa, Misak y Nasas de los departamentos del Cauca y Nariño se movilizan en la Plaza de Bolívar, centro de Bogotá, exigiendo diálogo directo con el presidente Petro para su reconocimiento, garantías, inclusión y equidad de derechos a sus organizaciones. ¿Los escuchará el Gobierno del Cambio? El sábado 5 de abril llegarán más delegaciones indígenas a la capital colombiana.
Al frente del Palacio Lievano, sobre la carrera octava con calles doce y trece, sede del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones –MinTic–, están parqueadas un centenar de coloridas chivas. Sus placas registran regiones de procedencia como Piendamó, Pasto, Popayán, entre otras muchas. En su interior, esperando el momento de ahondar la presión sobre el Gobierno, reposan algunas personas, entre ancianos, jóvenes y niños, mientras que en su parte superior o capacete otras más sentadas contemplando la panorámica de los Cerros Orientales de la ciudad. Al frente de las chivas hay unos plásticos negros templados y amarrados con pitas a unos palos anclados a unas alcantarillas. Estos cambuches cubren a las personas de la lluvia y dentro tienen fogones de leña, estufas a gas, alimentos y utensilios con los que cocinan.
En uno de estos cambuches encontramos a Wilson Valencia, el coordinador político del «Movimiento de los Sin Tierra Nietos de Manuel Quintín Lame» que dice, en compañía de dos integrantes del Movimiento, que desde el 30 de marzo se movilizaron para Bogotá siete pueblos indígenas porque no tienen representaciones a la hora de delinear y definir las políticas que tocan con ellos, aunque participen en eventos electorales y movilizaciones.
«Venimos solamente con un objetivo: que nuestro presidente Gustavo Petro nos escuche y se sienta con el pueblo olvidado, ya que nosotros no estamos recogidos por otras organizaciones que existen, como la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic), el Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) o Cabildo Mayor, y entre otras siete plataformas que no nos recogen. Entonces, pedimos que se siente con nosotros y escuche nuestros pliego de peticiones», dijo el líder con una pañoleta roji-verde colgada de su cuello, con el nombre de su organización y el micrófono en mano para una entrevista con Desde Abajo TV (DATV).
El ambiente que reina en la ciudad el dos de abril es cálido, luego de estar sometida por más de una semana a lluvias constantes, el sol está acompañado de intensos vientos y una fuerte corriente de estos se hace sentir sobre el cambuche donde estamos llevando a cabo la entrevista, con fuerza suficiente como para levantar los plásticos que le dan forma, y de inmediato, con sentido de pertenencia, varias mujeres recogen los palos que los sostienen y templan los caídos plásticos. Wilson no pierde la concentración y continúa la entrevista: «Para llegar a estos espacios de discusión y definición deben ser reconocidos los cabildos que desde hace 15, 8, 5 o 3 años están esperando una resolución del Ministerio del Interior. Sin contar con ese reconocimiento es difícil tener acceso a los derechos que nos corresponden. En Nariño hay unos acuerdos que no han cumplido, al igual que en el Cauca a nuestro “Movimiento de los Sin Tierra Nietos de Manuel Quintín Lame”. Solo han sido letra muerta. Si nos reconocen como autoridades ya podremos, con la cartera ministerial, hacer ciertos convenios, pero sin tener eso es imposible. Como dice nuestro Presidente: “El pueblo debe estar movilizado”, y nos estamos movilizando, exigiendo».

Mientras estamos escuchando sus precisiones, alguien toca una corneta, y de inmediato todas las personas salen de los cambuches y se dirigen a la entrada del Congreso de la República. Allí les actualizarán sobre cómo va la reunión de los voceros/as de las organizaciones indígenas con la delegación gubernamental. Wilson observa lo que pasa, y termina su intervención: «Nosotros venimos de un escenario donde está el conflicto armado, una disputa entre los mismos actores armados pero también hay un conflicto interétnico: campesinos e indígenas y, entre los mismos indígenas estamos macheteándonos. Debe haber una revisión profunda. El diálogo y el respeto del pensamiento deben prevalecer».
Al frente del Congreso de la República, con una sombrilla en la mano, se cubre de una leve llovizna que de repente empezó a refrescar el ambiente Felipe Tombe del Resguardo Indígena Guambiano de la María de Piendamó (Cauca), contó que se han movilizado bajo el nombre de Confederación de Territorios y Naciones Originarias de Colombia, organización conformada por varios pueblos con distintas necesidades: «La Confederación no solamente va a limitarse a vincular a los pueblos que estamos movilizados el día de hoy sino que lo hará con más pueblos que estén ubicados en diferentes territorios de Colombia y tengan esa necesidad de ser escuchados, que no se han sentido representados o no comparten la política de ciertas organizaciones o movimientos con trayectoria y reconocidos por el Estado».
Felipe explicó que esto no es una exigencia surgida de la noche a la mañana, dijo: «La mayoría de personas a nivel nacional han escuchado de las continuas movilizaciones que se han venido presentando. Sin embargo esos espacios se han agotado. De manera muy pacífica hemos tratado siempre de llamar la atención del Estado, sus dependencias y delegados pero, lastimosamente, postergan, retrasan y dilatan las soluciones planteadas “por temas de agenda”, que es la excusa común. Nosotros procedemos a accionar con vías de hecho, manifestaciones o movilizaciones, como la que estamos realizando el día de hoy».

En un comunicado dirigido a la opinión pública, la Confederación de Territorios y Naciones Originarias de Colombia dice: «Reivindicamos nuestras malokas, chagras, mingas, tulpas, tejidos de pensamiento y asambleas como espacios esenciales de resistencia y conservación de nuestra identidad. La comunidad de base, desde los territorios ancestrales, es el núcleo que preserva la verdadera esencia de nuestras naciones originarias, más allá de los intereses políticos y centralistas, motivación por la cual exigimos:
1- Respeto y garantía del artículo 7 de la Constitución Política de Colombia, que salvaguarda la diversidad étnica del país.
2- Inclusión real y efectiva de las 115 naciones originarias, sin exclusiones ni discriminaciones.
3- Reconocimiento efectivo con nuestros connacionales originarios que han tenido que habitar la ciudad.
4-Que para construir paz, es necesario reivindicar a todas las naciones originarias en equidad de derechos, cumpliendo lo establecido en los distintos acuerdos pactados históricamente».
Las organizaciones indígenas a las que pertenecen tanto Felipe Tombe como Wilson Valencia reiteran que no están en contra de las otras plataformas indígenas que ya están reconocidas sino que exigen al Gobierno una igualdad de condiciones. Piden a este que les abran las puertas para construir sus propios espacios independientes y así dar pie a la creación de políticas públicas mancomunadas. Concuerdan en que tampoco están en contra del presidente Gustavo Petro y están movilizados para ser escuchados pues el mismo mandatario ha convocado al pueblo a las calles para exigir sus derechos.
Sin embargo, según Wilson Valencia, hasta el momento el Gobierno no ha querido sentarse realmente y no hay un orden del día para tratar sus peticiones. «No hay voluntad, pues el Gobierno nos está pidiendo que regresemos a los territorios y hablemos con las organizaciones reconocidas», dijo el líder. Se espera que este sábado 5 de abril lleguen más organizaciones indígenas a la capital de Colombia para sumarse a la movilización.
De acuerdo a esto, la disputa abierta podría extenderse, ¿permitirá el actual Gobierno que esto suceda?
Lea todo el comunicado a la opinión pública, de la Confederación de Territorios y Naciones Originarias de Colombia, aquí:


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