Lo testaruda que es la realidad. Hay segunda vuelta, por celebrarse el próximo 21 de junio. Una realidad no valorada por muchos, todos aquellos que afanados por el deseo, con gran peso ideológico, creían y difundían que era posible ganar en primera vuelta.
En Le Monde diplomatique y en desdeabajo estábamos convencidos que habría segunda vuelta, una realidad desprendida de la correlación de fuerzas persistente en el país, correlación de fuerzas que coloca en el centro de la realidad política que aún está por liderarse y concretarse una gran y persistente iniciativa cultural y de disputa de la opinión pública con el propósito de ganar para una causa de futuro de justicia e igualdad a un sector de la sociedad, que sin ser opulenta sí se siente agredida y en riesgo de ser afectada por el programa progresista. Esa realidad nos llevó titular y diseñar la portada de la edición de mayo como puede verse a continuación:


Los datos arrojados el 31 de mayo nos dieron la razón, además de evidenciar, una vez más, como cuatro años atrás, que el país está dividido claramente en dos. Una realidad que permite anticipar que, gane quien gane, Colombia ya entró en la senda suramericana de ardua confrontación, inestabilidad, conflictividad social, por la cual conoceremos, a lo largo de 16 años o más, el vaivén pendular en la conducción del gobierno, oscilación que encontrará una pausa cuando una clase y sectores sociales aliados a la misma logren consolidar, de manera mayoritaria, su proyecto de país. Un proyecto de unidad nacional, por tanto, es necesario y urgente que tome forma y emprenda su marcha para ganar esta disputa. Una propuesta que debe implicar factores económicos, ambientales, sociales, políticos y, de manera especial, culturales. Sin este componente no es factible darle forma a esa pretendida unidad nacional. Sin olvidar ni dejar de lado, que esta disputa también responde y está determinado por la crisis que sobrelleva la hegemonía imperial de los Estados Unidos, imperio decidido a revertir tal realidad.
Mientras todo esto suceda, la calle puede llegar a verse como hoy se registra en Bolivia. Esto en caso de perder el gobierno el Pacto Histórico. La novedad de Colombia, a diferencia de otros países de la región, es su conflicto armado, el cual también puede incrementarse, con implicaciones en todos los órdenes, en especial para la seguridad de los liderazgos populares.
En este panorama, como lo enunciamos dos párrafos atrás, con pretensiones de hacer girar el péndulo hacia la tradición, están los Estados Unidos y su Estrategia de Seguridad Nacional, más las políticas de diverso orden con las que pretende recuperar su pleno control sobre una gran parte del mundo: todos aquellos territorios que estén ubicados de la línea ecuatorial hacia el norte. Allí está Colombia. ¿Cómo actuará el gobierno Trump para inclinar el péndulo en dirección a los intereses de Estados Unidos? Esa decisión pesará de manera notable en el resultado de la segunda vuelta.
Esta realidad, y las meditaciones que suscita, está retomada en la editorial de junio de Le Monde diplomatique, en la cual el editorialista se vale de la reflexión ficticia del Presidente sobre sus cuatro años de mandato, con preocupaciones sobre lo que hizo y dejó de hacer, y sobre el futuro de mediano y de largo plazo que tiene ante sí. Allí se plantea:

“Mira, piensa. Abre una ventana de la fría edificación que habita, y entonces se encuentra, a través del Capitolio, con la Plaza de Bolívar. Está vacía. ¿Cuántas veces el pueblo la llenó ante su llamado para presionar el trámite de un proyecto de ley? Líder y muchedumbre. ¿Será ese el camino para que la democracia colombiana deje de gatear, se levante enhiesta y camine con resolución? O líder y pueblo. Sí, pueblo, sujeto consciente de sus retos presentes y misión histórica
[…]
Es eso, precisamente, pueblo, lo que ha hecho falta a lo largo de estos años. Miles de personas reunidas en movimientos sociales y con claros objetivos para el presente y los tiempos que vienen, sin temor de criticar ni de exigir, al tiempo que hacen, al tiempo que tejen el futuro en el presente por medio de nuevas instituciones que van configurando aquí y allá, como de centenares y miles de emprendimientos que ponen a andar sin esperar a que el gobierno los autorice o los financie. Tejer por propia mano para hacer realidad una necesaria dualidad de poderes, factor que cambiaría la correlación de fuerzas cuando lo exija el pulso con el poder.
¿Dónde quedó ese pueblo? ¿Y por qué le ganó la partida la muchedumbre? ¿Cuáles serán las consecuencias que esto arroje en el escenario de Abelardo o Paloma entrando el 7 de agosto a esta Casa? ¿Por qué la decisión fue por el silencio acrítico? ¿Y por qué los movimientos sociales aceptaron comportarse así? ¿Cuáles serán las medidas necesarias por tomar, para remediar en algo esta situación?”.
Y prosigue sus meditaciones, las cuales invitamos a leer en la edición referida. Un reflexionar que hoy, con los resultados arrojados por las urnas, deben estar agrandadas, con referencias a lo que implicó para el país un gobierno de coalición como el encabezado por él, formato que de nuevo tiene el Pacto Histórico ante sí como única vía para vencer en la campaña en curso. Una coalición que implica darle de nuevo juego a todo lo criticado por sectores del Pacto Histórico e incluso por el mismo Presidente, a la convivencia con fuerzas no propiamente dispuestas al cambio y sí a contar con ventajas (ministerios y otras instituciones a sus órdenes) para acrecentar sus intereses de grupo o personales; fuerzas tratadas en la última etapa de este Gobierno como enemigas, es decir, abrirle espacio de nuevo a la conciliación, la cual dilata cualquier posibilidad de cambio real
En la edición del periódico desdeabajo de junio 15, trataremos en profundidad estos temas. Anímese, suscríbase, y reciba en el lugar que nos indique la edición impresa, tanto del periódico desdeabajo como de Le Monde diplomatique.



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