El liderazgo y la autoridad
¿Cómo lograr que esclavos y pardos acompañen la causa contra el Imperio español? El interrogante no abandonó la mente de Bolívar, más aun al enterarse de que aquéllos esclavos y pardos se sublevaban contra el Imperio, que incumplió el ofrecimiento de romper las cadenas de la esclavitud si se enrolaban a su favor en la guerra contra sus amos y señores. Pueblo frustrado que la causa independentista debía encauzar y Bolívar ganar autoridad para lograrlo.
Como se dice hoy, Bolívar enfrentó hacia 1816-1817 el tema del liderazgo y la legitimidad de la conducción popular, empresa para la cual debió superar a un conjunto de caudillos y hacendados que lo enfrentaron por años, con aspiración de encarnar tal autoridad. Allí estaban Mariño, Piar, Bermúdez, Manuel Castillo y muchos otros.
Simón Bolívar fue consciente: en aquella disputa ya no eran suficientes los laureles de antes, marchitos tras las recientes derrotas. En su estadía en Cartagena, tras perder la II República, debió soportar y confirmar los embates de sus contradictores, que no daban paso para reconstruir el ejército.
El reto es uno. “Ahora le era forzoso, por tanto, comenzar de nuevo; debía demostrar a sus émulos la superioridad de sus aptitudes y hacerse obedecer de tantas gentes que se habían incorporado a la revolución para no obedecer a nadie, y que sólo se sujetarían a la autoridad de quien fuera capaz de imponerla por la reciedumbre de su carácter y la idoneidad de su genio para afianzar en el alma popular una ilimitada confianza en el porvenir” (3). Y esta claridad acompaña a Bolívar en las conversaciones con unos y otros. En medio de las penumbras proyectadas por dos largos años, aparecieron luces.
Dos reuniones vitales. La de Brion fue una. La de Petion, otra. Más potente, sin duda. Con varias jornadas, las conversaciones con el Presidente de la primera revolución triunfante de esclavos empezaron el 2 de enero de 1816, con repetición en otras ocasiones. Una cita como fruto de la audacia del Libertador. De la claridad de su proyecto. De la comprensión del escenario internacional y la importancia que revestía para Haití la derrota del Imperio español –regido por la dinastía francesa de los Borbones–, para formar un frente común por la libertad. Eran circunstancias propicias para que la mano generosa de Petion le extendiera ayuda a la causa que explicó Bolívar.
El acuerdo que contuvo la entrega de armas, víveres y dinero quedó asegurado siempre y cuando las operaciones militares por emprender fueran comandadas en forma exclusiva por Simón Bolívar. Una exigencia igual, por parte de Brion. Su propósito fue evitar que los litigios internos condujeran al fracaso de las operaciones por la libertad.
“A cambio de su generoso apoyo a la causa hispanoamericana, Petion sólo le exigió a Bolívar el compromiso expreso de liberar a los esclavos en el continente y guardar la reserva del caso con respecto al aporte haitiano” (4).



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