Nueva Granada 20 de julio de 1810: Independencia irreal o el grito por un mayor poder para los criollos

Carbonell, libre por pocos días. La lucha contra esta realidad de opresión con la cual se encuentra José María Carbonell, una vez liberado junto a sus compañeros, el 8 de diciembre de 1810, “por no existir cargos contra él”, estimula de nuevo su acción revolucionaria. Ahora, con el apoyo de Antonio Nariño. La evidencia de que la Junta de Gobierno no sabía cómo administrar aquella sociedad, y que protegía a cualquier precio sus intereses, se encontró un mes más tarde, el 17 de enero de 1811. De nuevo, Carbonell es apresado.

Ya no queda duda de que la sociedad está dividida en dos bandos diferenciados: los que pretenden la independencia, y quienes añoran la metrópoli, los mismos que, como Camilo Torres y Tomás Tenorio, intrigan e insisten en recibir a don Francisco Javier Venegas, el nuevo Virrey enviado desde España. Las diferencias entre unos y otros se precisarán mucho más en el Primer Congreso del Reino, instalado en Santafé el 22 de diciembre de 1810. Poco a poco, la disputa entre federalistas y centralistas iba tomando cuerpo.

En su marcha, el federalismo impulsado por Camilo Torres evidencia sus contradicciones. No acepta la participación de los delegados de regiones como Sogamoso, que no era provincia pero que ahora se separa de su centro rector, Tunja en este caso. Al mismo tiempo, la independencia, que era el tema crucial del momento, no encuentra eco. Las sesiones del Congreso se levantan tres meses después, una vez que el delegado de Pamplona –Camilo Torres– se retira de las deliberaciones.

Un mes después, la Junta de Santafé cita a un nuevo Congreso del Reino, en el cual se dispone sustituir esta instancia de carácter provisional por un gobierno permanente y definitivo. “Citan, al mismo tiempo, al llamado Colegio Constituyente de Cundinamarca, cuya tarea sería darle una Constitución Política a la provincia capital y elegir sus autoridades” (16).

En sus sesiones –6 de marzo-2 de abril de 1811– se redactó la Constitución para el Reino de Cundinamarca, conservando el poder de Fernando VII. Este Colegio Constituyente encargó del poder ejecutivo, como Vicerregente de Fernando VII –para no decir Virrey, a Jorge Tadeo Lozano, a quien el pueblo ridiculizó como “Su majestad Jorge I”. Tomaba cuerpo así la Colonia interior, en la cual correspondía a la oligarquía asentada en Santafé desempeñar las funciones de Metrópoli.

Partido Popular. Contra este engaño se movilizaron Nariño, Carbonell y los miembros de la Junta Popular que salvaron el 20 de julio, ahora organizados como Partido Popular. El 17 de septiembre de 1811, tras ardua preparación, los habitantes de las barriadas, los trabajadores de los talleres, volvieron a la calle. La respuesta oligárquica fue idéntica: exigirle a Jorge Tadeo Lozano la detención de los líderes populares, declarar la suspensión de las garantías constitucionales y asumir la dictadura.

La propuesta, desproporcionada a todas luces, propicia la renuncia del Presidente.

19 de septiembre. Con estos sucesos en marcha, el 19 de septiembre el pueblo se vuelca a la calle, y no regresará a sus casas hasta conseguir su propósito: exigir la renuncia de Tadeo Lozano y el nombramiento de Antonio Nariño como nuevo Presidente.

Los tres poderes públicos son citados de manera extraordinaria, aceptando la renuncia de Jorge Tadeo Lozano y de su Vicepresidente, José María Domínguez. Al final, la presión popular se impondría y la Presidencia es encomendaría a Nariño. Su única exigencia para asumir: que le permitieran derogar la Constitución heredada.

Cartagena da el paso. Mientras estas tensiones prosiguen en Santafé, en Cartagena también se ahondan las disputas entre la Junta Suprema allí constituida y los Gutiérrez de Piñeres, la misma que termina con la declaración de independencia del 11 de noviembre de 1811, la primera que conoció el país: “Nosotros, los representantes del buen pueblo de Cartagena de Indias, con su expreso y público consentimiento, poniendo por testigo al Ser Supremo de la rectitud de nuestra causa, declaramos solemnemente, a la faz de todo el mundo, que la Provincia de Cartagena de Indias es desde hoy, de hecho y por derecho, Estado libre y absolutamente independiente, puede hacer todo lo que hacen las naciones libres e independientes” (17).

“Este documento y las Actas firmadas anteriormente en Mompóx fueron las primeras e inequívocas Declaraciones de Independencia absoluta pronunciadas en la Nueva Granada, y tales Declaraciones, que excluían definitivamente el reconocimiento de Fernando VII y de la Regencia española, se debieron, tanto en el caso de Mompóx como en el de Cartagena, a los hermanos Celedonio, Germán y Gabriel Gutiérrez de Piñeres” (18), pioneros de nuestra Independencia, y a los cuales debemos el reconocimiento negado por las clases dominantes, quienes han escrito y acomodado la historia a sus intereses.

Centralistas y Federalistas

Estos fueron los orígenes y las características iniciales de la disputa entre Centralistas y Federalistas, período conocido en nuestra historia como la “Patria Boba”, designación con la cual los historiadores oficiales quisieron mostrar una irreal armonía social, y ocultar al mismo tiempo el verdadero trasfondo de un conflicto que enfrentó a comerciantes y terratenientes, y al pueblo y la oligarquía. Un conflicto aún no resuelto en nuestra sociedad: una verdadera unidad nacional, sólo posible de construir sobre firmes bases de justicia, soberanía y libertad.

1    Periódico desde abajo Nº 154, febrero – marzo. Suplemento Bicentenario Nº 2.
2.    Liévano Aguirre, Indalecio, Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia, Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, 1973, volumen II, p. 535.
3.    íd.
4.    Liévano Aguirre, op. cit., p. 534.
5.    Miguens, Silvia, La gloria eres tú. Manuela Sáenz rigurosamente confidencial, pp. 77-79, Ediciones Aurora, Bogotá, 2001.
6.    Liévano Aguirre, op. cit., p. 543.
7.    Liévano Aguirre, op. cit., pp. 557-558.
8.    Liévano Aguirre, op. cit., p. 576.
9.    Liévano Aguirre, op. cit., p. 579.
10.    Liévano Aguirre, op. cit., p. 585.
11.    Liévano Aguirre, op. cit., p. 591.
12.    Liévano Aguirre, op. cit., p. 595.
13.    Liévano Aguirre, op. cit., p. 596.
14.    Liévano Aguirre, op. cit., p. 602.
15.    Liévano Aguirre, op. cit., pp. 603-604.
16.    Liévano Aguirre, op. cit., p. 667.
17.    Liévano Aguirre, op. cit., p. 703.
18.    íd.

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