Nueva Granada 20 de julio de 1810: Independencia irreal o el grito por un mayor poder para los criollos

Se ahonda la crisis del Imperio español

Dominado por sus tradiciones, la burocracia, la corrupción y la vida parasitaria, o por cuenta de sus colonias, el Imperio español se percató tarde de los cambios técnicos, científicos, productivos, económicos, ideológicos y políticos acumulados en Inglaterra y Francia. Es un descuido que le llevaría a perder sus dominios. Para comienzos del siglo XIX, la incapacidad de la Corona se vería potenciada por la mediocre gestión del rey Carlos IV, quien delegaba en sus asesores (en especial Manuel Godoy) la administración, sobre todo económica, del reino, con descuido además de su familia, hasta el punto de propiciar un profundo desprecio en su hijo, el futuro rey Fernando VII. Los efectos de ese adormilamiento se sentían desde el siglo XVIII en las colonias.

No poder comerciar libremente, por fuera de las redes que controlaba el Imperio, era motivo de inconformidad. Además de la exclusión del poder político, la inmensa carga tributaria que apabullaba a la población en general hacía sentir el descontento de los criollos americanos, a través de motines, insurrecciones, levantamientos populares (1).

La incapacidad de la Metrópoli para satisfacer las expectativas económicas de sus colonias (precios, mercados, capacidad de compra y de venta) abrió una brecha entre las dos latitudes y estimuló deseos separatistas, neutralizados sólo por el control político e ideológico impuesto durante tres siglos de dominio, con expresiones de autoridad y/o fidelidad. Pero la fidelidad tiene límites.

Todo ello estaba marcado en los efectos de la Revolución Francesa, cuyos ecos atravesaron los mares y sembraron esperanzas e ilusiones, lo cual conmovía la Corona española, sometida no sólo a sus ecos liberadores sino también a las tensiones derivadas de la guerra entre los dos colosos que ya la desplazaban: Inglaterra y, por supuesto, Francia.

Empecinados en aislar en su soledad y su condición de isla a Inglaterra, Napoleón y Francia avanzan y someten todo el entorno europeo para impedir que el Imperio inglés encuentre comercio y aire para sobrevivir y enfrentar a su contraparte. Esta circunstancia de la geopolítica de la época es lo que acelera aún más la crisis del Imperio español, ahora en ‘cuidados intensivos’. Pero, además, la mediocridad de su dirigencia pone a dudar a Napoleón sobre la capacidad que tendría esta monarquía para evitar que los ingleses la derrotaran y penetraran en el continente. Opta entonces por destituirla e imponer en su lugar a su hermano José. El suceso es bochornoso: Carlos IV abdica a favor de su hijo (Fernando VII), pero éste –según acuerdo con Napoleón, tras acercarse a Bayona–, sin vergüenza ni honor, deja el espacio libre a los invasores franceses.

Con España sometida, la monarquía dominada por rencillas internas que hacían imposible la conducción de “su pueblo” en resistencia, y éste mismo alzado en armas contra el Emperador invasor, la inconformidad criolla en territorio americano tuvo oportunidad para pasar a los hechos. Y vendrán los sucesos de distancia total con la Corona.

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