Mientras los espíritus ganaban nuevas tonalidades en tierras americanas, el ejército francés batió a Andalucía, último refugio de las fuerzas españolas, cuya derrota obliga a la Junta Central de Sevilla a replegarse en desbandada y bajo la protección de la armada inglesa en la isla de León. Se constituye allí un Consejo de Regencia que convocó las Cortes del Reino para afrontar la crisis. El 24 de febrero de 1810 se decretó la ampliación de la representación de América, siendo justos con el total de la población de cada región. Era un intento para apaciguar el creciente descontento en las colonias.
En proclama dirigida a los españoles americanos, decían: “Os veis elevados a la dignidad de hombres libres […]. Tened presente que al pronunciar o escribir el nombre del que ha de venir a representaros en el Congreso Nacional, vuestros destinos, no dependerán ya de los ministros, ni de los virreyes, ni de los gobernadores; estáis en vuestras manos” (7).
Cartagena y los Comisionados
A la par con esta decisión, y como mecanismo para solucionar tensiones entre representantes de la Corona y los disidentes, se nombraron Comisionados Regios (veedores con todo el poder) al Nuevo Mundo, seleccionados entre los criollos residentes en España. A tal propósito fueron designados Antonio Villavicencio y Carlos Montúfar –ambos quiteños–, este último hijo del Marqués de Selva Alegre, jefe de la rebelión de Quito en 1809.
El punto de llegada de los Comisionados fue Cartagena, donde había una situación explosiva: por un lado, el Gobernador –vocero del Rey–; por el otro, el Cabildo –feudo político de las familias de la oligarquía criolla local–, que le pedía al primero compartir el poder con ellos. Algunos insinuaban la necesidad de constituir una junta de gobierno. El rechazo del Gobernador a las propuestas de los criollos llevó a considerar la participación de otros sectores de la sociedad en la presión en curso.
Al tiempo que se presentaba esta tensión, la oligarquía criolla enfrentaba a la fracción de la familia Gutiérrez de Piñeres (con poder en Mompox), inclinada por vincular en su forcejeo a los sectores populares. Las pugnas fueron neutralizadas por los Comisionados Regios, quienes con sus amplios poderes lograron que el Gobernador cediera y compartiera su función. El 23 de mayo de 1810 se acordó la participación del Cabildo en los asuntos del Gobernador. Con esta decisión, el conflicto se neutralizó, mientras Gutiérrez de Piñeres quedó inmovilizado. En el Acuerdo se reconoció la obediencia a Fernando VII y al Consejo de Regencia.
Sin buen recibo por parte del virrey Amar y Borbón, la noticia de la decisión tomada llegó a Santafé. Amar tampoco estaba dispuesto a ceder en sus poderes. Por su parte, a los Oidores no les causó gracia la condescendencia de Villavicencio con los americanos, por lo cual se dispusieron a la acumulación de pruebas para encausar por traición, en el futuro próximo, a los criollos insubordinados.



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