José María Carbonell y un Cabildo Abierto. Cuando la soledad era la única compañera del agitador, comenzó a escucharse un eco de voces procedente de los barrios populares, que se incrementó con el paso de los minutos. En medio de la penumbra y cuando ya la maniobra de los notables evidenciaba su fracaso, hizo su arribo a la plaza una multitud popular como fruto del trabajo organizativo y la agitación que desplegó el verdadero prócer del 20 de julio, José María Carbonell, el mismo que durante los días previos y en la tarde de ese mismo viernes, en compañía de estudiantes y algunos pocos amigos, fue hasta los arrabales de Santafé, a las míseras barriadas de extramuros, donde habitaban en guaridas millares de artesanos, mendigos, indios y mulatos, y gentes desesperadas, para invitarlos al centro de la ciudad en reclamo de un Cabildo Abierto y no de una Junta de Notables.
Primera batalla: contradicción nunca resuelta
Tras ocupar el recinto en procura del Cabildo Abierto, y con la jornada del 20 de julio a salvo, comenzó la primera etapa de la batalla entre la oligarquía y el pueblo, que definiría las características de los días siguientes: Junta vs. Cabildo Abierto; Oligarquía vs. Pueblo; Dependencia vs. Soberanía.
Entendiéndose por Cabildo Abierto una instancia de participación popular que podía nombrar, incluso, nuevas autoridades del Reino, es fácil comprender que ello constituía una amenaza para la oligarquía criolla, “empeñada en que todas las decisiones las tomara privativamente el Cabildo de Santafé, sin permitir al pueblo otra función que la de mudo espectador de la comedia de los notables”. (9). La arenga en la plaza principal de Santafé se mantiene con todo vigor. El Virrey está asediado pero no cede, actitud que obliga a José María Carbonell a desplegar otros recursos. Junto con sus amigos, se dispersa por las iglesias de la ciudad, y con aceptación o no de sus capellanes, echan las campañas al vuelo.
Poco tiempo después, ya hay 9.000 personas ocupando la plaza. De esta manera, cerca de la mitad de la población de Santafé participó de aquella decisiva e histórica jornada.
Con esta fuerza como apoyo, Carbonell resolvió que el pueblo y no el ayuntamiento de Santafé pidiera Cabildo Abierto ante las autoridades coloniales. El forcejeo con el Virrey es de marca mayor. Los ojos honrados del líder popular tienen la marca de la decisión y del valor. Sin embargo, el consejo del oidor Jurado, atizado por don Camilo Torres, impide una determinación que pudiera parecer declaración de independencia. Ellos sólo querían compartir el poder, acceder a la administración pública, hacer negocios con manos libres e incluso hacer parte de la monarquía española.
Ante tal presión, el Virrey opta por un mal menor: conceder Cabildo Extraordinario y no Abierto, es decir, un acuerdo con la oligarquía criolla, pero se niega a compartir su poder con el pueblo. Al final, sólo se benefició la poderosa oligarquía criolla de grandes hacendados, comerciantes, plantadores, esclavistas y abogados. Ya es cerca de la medianoche.
Las gentes se retiran a sus viviendas y los Oidores, que pretendían utilizar al pueblo, también lo hacen. Cargan consigo la satisfacción de su triunfo, que quieren compartir con los verdaderos héroes de la jornada. Al día siguiente, el Cabildo Extraordinario daría paso a la constitución de la Junta de Gobierno que en la tarde del 20 de julio nombró Acevedo y Gómez. El pueblo quedó excluido. Presidente de la Junta, Antonio Amar y Borbón; vicepresidente, José Miguel Pey, hijo del Oidor que ordenó desconocer las Capitulaciones otorgadas a los comuneros y que redactó la sentencia contra Galán (10).



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