Colombia 2023, mercado laboral y economía popular
Andrés Mauricio Henao Álvarez, Desempleo en Pereira, https://www.flickr.com/photos/henaoalvarez/4861316485/
desdeabajo

La economía real pierde vigor, el crecimiento del PIB per cápita será nulo en 2023. La política del darwinismo social capitalista que se conoce como neoliberalismo no genera empleo en las cantidades y calidades requeridas. No obstante, en marzo la tasa de desempleo registró un 10 por ciento. La economía popular, con sus estrategias de supervivencia, está creando los nuevos puestos de trabajo. Entretanto, la juventud, en manadas, escapa del país.

Los signos son significativos y brindan luces sobre el presente y el inmediato futuro del país. El período pospandemia (2021-2023) está caracterizado por la inestabilidad, la incertidumbre y la transición económica y política. Durante el año 2020 la evolución del PIB per cápita (PIB/Población) cayó en –8,6 por ciento, en 2021 rebotó a una cifra positiva de 9,1, en 2022 el crecimiento se ralentizó, fue de 5,1 y en 2023, con una proyección de crecimiento del PIB (según el Banco Mundial) de sólo 1,1 por ciento, no habrá aumento del PIB por persona.


Como parte de esta ambivalencia, la tasa de desempleo presentó su valor más bajo en marzo de 2023 (10%) respecto al picó alcanzado durante la pandemia (22% en mayo de 2020), un comportamiento paradójico teniendo en cuenta que según la encuesta mensual manufacturera del Departamento Nacional de Estadística (Dane) en marzo de 2023 la producción de la industria manufacturera fue negativa en 2,0 por ciento; registrando la economía real, de esta manera, su primera caída desde enero de 2021.

La explicación de esta aparente paradoja es sensata y lógica: la recuperación del empleo corre sobre los hombros de la economía popular y las iniciativas de los cuenta propia, lo que significa que al menos dos de cada tres trabajadores se desempeña en condiciones de informalidad, con todo lo que esto implica en términos de bajos ingresos, falta de protección social y ausencia de derechos laborales, inestabilidad y aumento en los índices de pobreza.

Una primera implicación de esta realidad queda reflejada en la encuesta de Calidad de vida 2022 del Dane, según las cual los jefes de hogar que se consideran pobres aumentaron entre 2019 y 2022, pasando de 37,9 a 50,6 por ciento; además, se observa una notable brecha urbano/rural: en 2022, mientras que en las cabeceras 43,7 por ciento de los jefes de hogar se sienten pobres, en las zonas rurales el porcentaje es de 74,1.

Veamos otros referentes de esta realidad:

Mercado laboral. En 2023 llegamos a 51 millones de habitantes. Debido al progresivo envejecimiento y a la reducción de nacimientos, en Colombia la población en edad de trabajar (PET) aumenta más rápidamente que el conjunto poblacional (PT); en el período 2010-2023 los crecimientos fueron de 27,4 (PET) y 19,2 por ciento (PT), respectivamente (gráfico 1). Esta situación genera cuatro impactos socio laborales: i) mayor presión de la población en edad de trabajar sobre el mercado laboral; ii) cambios en el bono demográfico (al principio mayor crecimiento de la población económicamente activa respecto a los dependientes, después la relación se invierte, esto es, aumenta la relación dependientes por trabajador); iii) aumenta las poblaciones viejas y en edad de pensión; iv) se reduce la base de población trabajadora que financia al sistema pensional, con lo cual la solidaridad intergeneracional se debilita socavando la sostenibilidad de la seguridad social.

Fuente: elaboración del autor con base en estadísticas Geih-Dane.

Durante estos 14 años, la fuerza de trabajo aumentó 21,8 por ciento: de 20,8 millones de personas en 2010 pasó a 25,4 millones en 2023. El número de ocupados creció más aceleradamente: 28,8 por ciento; en 2010 el total de ocupados era de 17,7 millones y actualmente suman 22,8 millones. Una masa total que suma a personas contratadas formalmente, con aquellas que trabajan por cuenta propia o de manera informal….

Valga la pena precisar las diferencias entre una y otras formas de trabajar y obtener los ingresos:

Trabajador por cuenta propia: se entiende por tal a quienes laboran de forma independiente, que tiene su propio negocio, su propio oficio o arte, que trabaja por su cuenta. En el período 2010-2023, el porcentaje de quienes realizan una actividad económica bajo su propia cuenta y riesgo registra un promedio de 43,7 por ciento; es la principal posición ocupacional en relación al total de población ocupada. En enero de 2010 la participación de la población ocupada en perfil por cuenta propia era de 44,3 por ciento; alcanzó una participación máxima de 45,3 en septiembre de 2020 y en marzo de 2023 registra un valor de 42,2 por ciento. Los trabajadores por cuenta propia determinan la dinámica de la población ocupada en Colombia, reducen el desempleo y amortiguan la presión de la población en edad de trabajar sobre los mercados de trabajo (gráfico 2).

Fuente: elaboración del autor con base en estadísticas Geih-Dane.

En contraste, de acuerdo con la OIT, el Trabajo digno y decente: […] resume las aspiraciones de la gente durante su vida laboral. Significa contar con oportunidades de un trabajo que sea productivo y que produzca un ingreso digno, seguridad en el lugar de trabajo y protección social para las familias, mejores perspectivas de desarrollo personal e integración a la sociedad, libertad para que la gente exprese sus opiniones, organización y participación en las decisiones que afectan sus vidas, e igualdad de oportunidad y trato para todas las mujeres y hombres. Este concepto reconoce al trabajo como fuente de dignidad personal, estabilidad familiar y paz en la comunidad.

Veamos otros indicadores para analizar la relación entre la población, la fuerza de trabajo y las ocupaciones o fuentes de empleo en Colombia:

Tasa global de participación (TGP) es la relación porcentual entre la población económicamente activa y aquella en edad de trabajar; este indicador refleja la presión de la población en edad de trabajar sobre el mercado laboral. El promedio en Colombia es de 66 personas económicamente activas por cada cien en edad de trabajar. En 2010 la TGP era de 67,3 por ciento y en 2023 es de 64,3. La población fuera de la fuerza laboral tiende a aumentar su peso relativo en cuanto la entrada al mercado laboral se retarda por los requerimientos de los puestos de trabajo que exigen una mayor formación académica, conocimientos y pertinencia laboral de los aspirantes de acuerdo con las demandas o requerimientos del sistema económico.

Tasa de ocupación (TO) es la relación porcentual entre la población ocupada (OC) y el número de personas que integran la población en edad de trabajar (PET). Durante 2010-2023 registra un valor promedio de 58,6 por ciento. Esta tasa de ocupación no registra variaciones significativas: 57,3 por ciento en 2010 y 57,9 en 2023.

Tasa de desempleo (TD) es la relación porcentual entre el número de personas que están buscando trabajo (DS), y el número de quienes integran la fuerza laboral (PEA). El promedio de la tasa de desempleo es de 11,1 en el período 2010-2023; al inicio del período analizado era de 14,9 por ciento y en marzo de 2023 de 10,0.

Conocidas estas particularidades podemos profundizar en una de las características fundamentales de nuestra formación laboral, económica y social:

Economía popular e informalidad. El nuestro, es un país de microempresas: en 2023, el 95,3 por ciento de las unidades económicas son de este tipo, según un reciente estudio del Ministerio de Comercio. El concepto de microempresa en Colombia es toda aquella que cuenta con un personal que no supera los diez trabajadores, además de activos que no superan los 501 salarios mínimos mensuales legales y vigentes (poco más de $581 millones, con el mínimo de 2023).

El informe de la Oficina de Estudios Económicos del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo establece que en marzo de 2023 se encuentran registradas en el país 1.854.086 empresas activas; de estas 1.766.943 son microempresas (95,3%); 64.893 son pequeñas empresas (3,5%); 16.686 son medianas empresas (0,9%) y 5.562 son grandes empresas (0,3%). Del total de este tejido empresarial, el 24,7 por ciento se ubica en Bogotá, seguido de Antioquia, con el 12,6; Valle del Cauca con 8,7 y Cundinamarca con 6,6. El sector Servicios es el que más negocios agrupa, con un 41,0 por ciento; el sector comercio ocupó el segundo lugar con 40,6 de unidades económicas; la manufactura participó con el 11,0; la construcción con el 5; y otras 2,4 (agropecuarias, etc).

Las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) juegan un papel fundamental en la economía nacional: representan el 99,7 por ciento de sus unidades económicas, generan aproximadamente 79 por ciento del empleo y aportan el 40 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). En este universo de negocios, la economía popular es significativa. Las cifras confirman la importancia del enfoque del gobierno del “Pacto Histórico”, que busca fortalecer a las micro y pequeñas empresas, así como a la economía popular, para impulsarlas. Este objetivo se cumplirá con acompañamiento, asistencia técnica, capacitaciones e inclusión financiera que les permitan seguir creciendo para ofrecer más y mejores empleos.

En esta senda, el Plan nacional de desarrollo 2022-2026 ‘Colombia potencia mundial de la vida’ se compromete con la creación del Consejo Nacional de la Economía Popular, como organismo asesor y consultivo del Gobierno nacional, integrado por entidades públicas del orden nacional, entidades territoriales y representantes de la economía popular. Este Consejo se encargará de formular las líneas de la política pública para la Economía Popular y de coordinar las acciones interinstitucionales necesarias para el reconocimiento, defensa, asociación libre, fortalecimiento para promover la sostenibilidad de la economía popular, conforme a los principios de coordinación, complementariedad, probidad y eficacia del Estado.

En lo que hace al término popular en Colombia, pero extendido a toda América Latina, es hablar de las grandes mayorías que sobrellevan una vida precaria cuya continuidad depende de las posibilidades de realizar su fondo de trabajo. Su principal recurso es su capacidad de trabajo, que puede realizarse como trabajo asalariado, como trabajo por cuenta propia o como trabajo comunitario y solidario en sus diversas modalidades.

El trabajo es para los sectores populares el centro de su vida cotidiana. Una crisis en la reproducción diaria de este fondo de trabajo pone a los sectores populares al borde de la muerte, incluso de la muerte biológica, pero básicamente de la muerte del espíritu, porque les impide alcanzar las formas superiores de lo humano1. La atomización es una de las características distintivas de la economía popular. Otra de las características relevante es la multiplicidad de identidades que abarca. Otro aspecto central es la inorganicidad relativa de este sector. Es equivocado asimilar economía popular a cualquier definición de “economía informal”. No toda economía popular es informal, como también no todo trabajo asalariado es formal. La economía popular tampoco es análoga de pobreza, falta de productividad o mala calidad de sus productos o servicios.

Existe una dialéctica y polarización política, económica, social y cultural entre el Estado oligárquico-burgués y la economía empresarial capitalista, de una parte, y las clases llamadas populares, de otra. Las políticas públicas se construyen para favorecer al empresariado capitalista y desconocen o afectan negativamente a las economías populares. En las sociedades capitalistas la división del trabajo está tan desarrollada que todos los trabajos y las actividades económicas y financieras constituyen en su conjunto un sistema de producción. Entre la economías empresarial capitalista, la pública y la popular, al igual que entre los sectores formal e informal, se registran fuertes relaciones recíprocas, derivadas de una movilidad y sistematicidad cada vez mayor entre las diferentes economías, sectores y empresas.

Actualmente, el Dane para la medición de la ocupación informal a través de la GEIH, se basa en la resolución de la 17ª CIET de la OIT (2003) y en las recomendaciones del grupo de DELHI sobre las estadísticas del sector informal, que precisan sus parámetros. En estos lineamientos se indica que la ocupación informal se mide teniendo en cuenta: i) Los empleados particulares y los obreros que laboran en establecimientos, negocios o empresas que no se encuentran registradas ante la cámara de comercio; ii) Los empleados particulares y los obreros que laboran en establecimientos, negocios o empresas que no poseen una contabilidad completa o simplificada que les permita realizar una efectiva separación de sus gastos; iii) Los empleados particulares y los obreros que laboran en establecimientos, negocios o empresas que ocupen hasta cinco personas en todas sus agencias y sucursales, incluyendo al patrono y/o socio; iv) Los trabajadores por cuenta propia y los patrones empleadores que laboran en establecimientos, negocios o empresas que no se encuentra registrada ante cámara y comercio; v) Los empleados particulares y los obreros que no cuentan con cotización a salud ni a pensión por concepto de su vínculo laboral con el empleador que los contrató; vi) Los trabajadores familiares sin remuneración; vii) Se excluye a las entidades de gobierno y Organizaciones sin fines de lucro.

Durante el primer trimestre de 2023, la población ocupada sumó 22,2 millones de trabajadores. Los ocupados formales agrupan a 9,3 millones de personas y los ocupados informales a 12,9 millones. En consecuencia, el 58,2 por ciento de los ocupados clasifican como informales (gráfico 3).

Fuente: elaboración del autor con base en estadísticas Geih-Dane.

Asimismo, durante el período 2001-2023, se registra en Colombia una alta correlación entre la tasa de informalidad del mercado laboral (como % de la población ocupada), las percepciones de pobreza de los jefes de hogar, las tasas de desempleo y la evolución del ingreso per cápita (gráfico 4).

Una correlación no explica relaciones de causa-efecto, solo indica la fuerza, variancia conjunta, dirección y la proporcionalidad entre dos variables estadísticas. La más alta correlación ocurre entre la percepción de la pobreza y la tasa de desempleo (0,57); la más baja se registra entre el grado de informalidad y la tasa de crecimiento del PIB per cápita (-0,026) denotando que la informalidad es una situación estructural de la economía colombiana independiente de los ciclos de los negocios.

Por su parte, la tasa de informalidad registra una correlación media y de valor positivo con la tasa de desempleo (0,28; esto es, a mayor desempleo mayor trabajo informal) y con la percepción de la pobreza (0,36); en síntesis, los pobres no se pueden dar el “lujo” de mantenerse desempleados por tiempos largos, el llamado “rebusque” es una estrategia de sobrevivencia. El crecimiento del PIB per cápita está correlacionado negativamente con la tasa de desempleo (-0,24; el crecimiento mayor del PIB con relación a la población que ingresa al mercado laboral está asociado a menor desempleo) y positivamente con la percepción de la pobreza (0,23; un modelo excluyente y desigual aumenta la pobreza relativa por mayores expectativas comparativas de vida o bienestar).

Durante el periodo 2001-2023 la tasa promedio anual de desempleo registra un valor de 11,8 por ciento; la percepción de vivir bajo condiciones de pobreza afecta a cerca del 50 por ciento de los jefes de hogar; el crecimiento del PIB per cápita se mantiene a un ritmo cercano al 2,3 por ciento anual; y, la tasa relativa de informalidad tiende a caracterizar a dos de cada tres trabajadores (la diferencia entre el índice de percepción de la pobreza y la tasa de informalidad muestra que no todo informal es pobre, aunque sí tiene una alta probabilidad de estar en condición de pobreza, esta es de 70 por ciento en los puestos de trabajo informales).

Política de la economía popular. La economía popular es el conjunto de recursos, prácticas y relaciones económicas propias de los agentes económicos populares de una sociedad. Se trata de unidades elementales de producción-reproducción (individuales, familiares, cooperativas, comunitarias, etc.) orientadas principalmente hacia la supervivencia y reproducción de sus miembros y para tal fin dependen fundamentalmente del ejercicio continuado de la capacidad y potencialidad de trabajo de éstos.

Con lo analizado hasta acá realza un reto por encarar entre las mayorías sociales, un paso fundamental, pero no suficiente, para construir una economía otra, con resultados prometedores para quienes viven de su labor diaria: desarrollar por parte de los sectores populares una conciencia de conjunto de la propia economía popular2. Este reto es importante toda vez que una condición de autodeterminación nacional es la soberanía popular. Una estrategia de comunicación, organización y participación popular debe ser un elemento constitutivo del diseño, gestión y control de la política económica.

Como parte de este mismo propósito, es necesario construir un espacio de confrontación democrática de intereses particulares entre las distintas expresiones de las economías con que cuenta el actual modelo social: (la empresarial capitalista, la pública, la popular y la solidaria) en búsqueda de su síntesis como “interés general”, sentando a la vez las bases para una dirección y políticas consensuadas de las bases económicas de la sociedad.

Es este un propósito en el cual los intereses de los sectores populares no solo deben ser tenidos en cuenta dentro del marco global de la economía nacional, sino que deben ser reconocidos –potenciándola– al primerísimo lugar que han construido. Lo característico de América Latina es la heterogeneidad histórico-estructural. En consecuencia, la economía y la política nunca pueden estar separadas.

1 Coraggio, José Luis. Ciudades sin rumbo. SIAP, Ecuador, 1991, pp. 215-216.
2 Ibídem, p. 280.

*Economista y filósofo. Integrante del comité editorial de los periódicos desdeabajo y Le Monde diplomatique, edición Colombia.

Información adicional

Autor/a: Libardo Sarmiento Anzola*
País: Colombia
Región:
Fuente: Periódico Desde Abajo N° 302 mayo 18- junio 18

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