“El sistema capitalista es un sistema inhumano, cruel y criminal”, sentenció el subcomandante insurgente Moisés, vocero del EZLN, durante el Semillero Guerra contra la Humanidad. (Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio), realizado entre el 20 y 24 de julio pasados. Y remató: no creemos que se pueda humanizar este sistema.
Las duras palabras del sub Moisés se fueron constatando a lo largo de los cinco días que duró el Semillero, y en el que hombres, mujeres y otroas fueron describiendo las nuevas y viejas formas en que el sistema explota y domina a la humanidad y a la naturaleza. Se habló de terrorismo global de Estado, militarización, recolonización, racismo, violencias, despojo, acaparamiento del agua, ecocidio, desaparición de personas, reclutamiento forzado, fracking, explotación, financiarización, inteligencia artificial, migraciones, guerras, corporaciones criminales, exclusión en la ciudad y en el campo, género y extractivismos. Lejos de los discursos sobre la “prosperidad compartida” y el “capitalismo con conciencia”, que no son más que la actualización del “no hay alternativa” de Margaret Thatcher, los zapatistas y sus invitados e invitadas pusieron el acento en algo que ha dejado de insistirse: el problema es el capitalismo.
Desde sus orígenes, los pueblos zapatistas se han caracterizado por generar e impulsar el pensamiento crítico. En los semilleros que organizan constantemente, han participado Immanuel Wallerstein, Silvia Federici, Pablo González Casanova, Sylvia Marcos, Adolfo Gilly, Fernanda Navarro, Michael Löwy, Paulina Fernández, y tantos más que han ayudado a pensar y transformar el mundo. Asimismo, los zapatistas han construido una teoría propia, resultado de su práctica emancipadora y en diálogo con un internacionalismo desde abajo, que les permite mirar el mundo y orientar sus pasos. Al respecto, vale recordar las reflexiones que generaron desde finales de la década de los 90 del siglo pasado, sobre las características de las nuevas guerras, y que son de gran utilidad para entender lo que sucede hoy en el mundo (https://n9.cl/60cjz). Mucha organización, buena teoría, diagnósticos acertados y actualizados constantemente, un horizonte y planes de acción, es algo que necesitan todas las luchas que pretenden transformar su realidad.
En el Semillero al que convocaron los zapatistas no sólo hubo descripciones de las nuevas calamidades, de las pesadillas que cotidianamente viven grandes sectores de la humanidad. También hubo esperanza, mucha esperanza. Se habló de las nuevas organizaciones de la clase trabajadora frente a la explotación por aplicaciones, de las resistencias de las trabajadoras sexuales, del papel indispensable de los pueblos originarios en la defensa del territorio en su sentido más amplio, es decir, del agua, del aire, de los mares, del subsuelo… Se habló de las organizaciones de mujeres y de personas transgénero, de las caravanas migrantes, de cooperativas de café, de pan, de campesinos locales, de las resistencias de las personas afrodescendientes, de organizaciones de vivienda, de los antimonumentos en la Ciudad de México, del “aquí no” de Topolobampo, de las disputas por las narrativas, de Cuba y de Palestina… siempre Cuba y siempre Palestina.
Un lugar especial durante todo el Semillero lo tuvieron las familias buscadoras de personas desaparecidas en México, no sólo en intervenciones de analistas, sino en la palabra y acción de los zapatistas. Así, el sub Moisés anunció que el próximo diciembre de 2026 una delegación de mil 111 zapatistas viajará a la Ciudad de México para encontrarse con “compañeras, compañeros y compañeroas de La Sexta y de la Declaración por la vida”, y también expresar “personalmente nuestra admiración, nuestro cariño y nuestro respeto a los colectivos de buscadoras y buscadores. Sentimos que tenemos que abrazarlas, escucharlas y hacerles saber que acá, en las montañas del sureste mexicano, compartimos su dolor y sobre todo su empeño por la verdad y la justicia”.
Aún faltan detalles por conocer sobre esta nueva iniciativa que lanzan los zapatistas, pero desde ahora se vislumbra que vendrá a renovar el debate político, a salir de falsos binarismos entre neoliberales y neoconservadores, entre “oficialistas” y “oposición”. Asumir que sí hay alternativa más allá del capitalismo, y pasa por entender las luchas contra el capitalismo y por la vida tienen hoy nuevas características, nuevas propuestas, y nuevas formas de organizarse y de imaginar y construir otro mundo.
Durante la Revolución Mexicana, en los poblados y haciendas solía decirse “ahí viene la bola” para referirse al grupo de revolucionarios pobres y desarrapados que engrosaban las filas del zapatismo y del villismo. Más de un siglo después, los neozapatistas han retomado la expresión en “bola” para hacer referencia al proceso en que indígenas de Chiapas escaparon de las haciendas y fincas para comenzar a construir lo que hoy nombran como “Común”. En “bola”, en “montón”, en “común”, así llaman ahora los zapatistas a la alternativa que se construye desde abajo. Ahí vienen los zapatistas a invitarnos a construir un mundo en común.
03 de agosto de 2026
*Por,, Raúl Romero
Sociólogo
X: RaulRomero_mx


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