desde La Habana
14 agosto, 2026
Si Cuba colapsa definitivamente y es reconquistada por Estados Unidos y la mafia de Miami, cualquier posibilidad histórica de emancipación será clausurada por un largo tiempo. El socialismo cubano no puede sobrevivir a Cuba: necesita, primero, que Cuba viva.
En junio pasado el Comité Central del Partido Comunista de Cuba aprobó un paquete de profundas transformaciones en el modelo económico que se da en el contexto de la mayor agresividad estadounidense contra la isla, agresividad que se ha ido convirtiendo en una suerte de estado de sitio. La nueva reforma económica alcanza fibras sensibles de la estructura productiva y de propiedad del país, como la ampliación de la iniciativa privada a casi todos los ámbitos de la economía, la flexibilización del régimen de propiedad de la tierra o la desregulación del mercado inmobiliario. Esto ha provocado alarma y discusión hacia lo interno por las implicaciones que puede tener para un horizonte de justicia social. A su vez, fuera de Cuba, tanto en medios amigos como en la prensa corporativa, una misma pregunta –aunque con intenciones diversas– ha sido titular: ¿Cuba abandona el socialismo?
Si bien desde que comenzaron las primeras reformas promercado en Cuba, allá por 1994, este tipo de cuestionamiento se ha repetido, lo cierto es que no existe una única respuesta que cierre de una vez el cuestionamiento o que lo esclarezca. Cómo se leen las transformaciones que desde los años noventa el proyecto cubano ha tenido que hacerle, para sobrevivir y vivir, al modelo que heredó de Europa del Este depende mucho de las tradiciones, referentes, intenciones y hasta afectos de cada cual.
UN CUCO PERMANENTE
Para los enemigos de la revolución cubana, la idea del fin del socialismo se repite con sorna una y otra vez. Incluso la convicción de que nunca hubo, o hace mucho tiempo que no hay, socialismo. Sin embargo, no cejan un momento en emplear a Cuba en su propaganda como el cuco comunista que debe asustar a los niños. En cuanto a una zona de la izquierda, el socialismo está muy lleno de estructuras imaginarias, que no por imaginarias dejan de ser lo bastante rígidas. A veces sorprende lo seguros que están algunos sobre cómo es y cómo no es en absoluto algo que prácticamente no ha existido. El discurso oficial del Partido Comunista de Cuba, por su parte, es que esta reforma no implica renuncia a la idea del socialismo y que se inspira en experiencias como las de China y Vietnam. Ya sabemos que también hay todo un debate en torno al carácter socialista de China y Vietnam, preñado de varias de las contaminaciones argumentativas que hemos mencionado para este momento de Cuba.
En cualquier caso, creo que para leer las transformaciones en Cuba de una manera lo más acertada posible hay que ubicar las razones contextuales, y también sus razones históricas. El modelo económico cubano que lleva varias décadas intentando ser reformado está inspirado en la planificación centralizada burocrática de la Unión Soviética. Mientras Cuba estuvo insertada en un mercado internacional estructurado en torno a esa lógica económica, garantizó crecimiento y bienestar a la sociedad. Luego del colapso de los socialismos de Estado del este europeo, Cuba se encontró sola frente a un mercado capitalista mundial en el que no estaba plenamente insertada y con un modelo económico cuyas deficiencias inherentes lastraban seriamente esa inserción.
El propio Fidel Castro decía a la altura de 2010 y en vísperas del inicio de la primera gran reforma, la llamada Actualización, que el modelo cubano no nos servía ni a nosotros.1 Ya en 1994, había dado los primeros pasos con medidas como la apertura a la inversión extranjera, el otorgamiento de las primeras licencias para pequeños negocios privados y la apuesta por el turismo. Es precisamente en ese contexto que se fortalece el bloqueo con la ley Helms-Burton, en un intento de impedir que, si Cuba abría su economía al mundo, otros países se le adelantaran a Estados Unidos. La ley Helms-Burton le da carácter extraterritorial al bloqueo al estilo del perro del hortelano: Estados Unidos no invertiría en Cuba, pero tampoco permitiría que otros lo hicieran libremente.
Cuando se miran tanto las medidas de 1994 como la reforma de 2011 y la actual, se percibe una intención que permanece: buscar la inserción de Cuba en el mercado global en aras de (re)capitalizar la economía nacional. Es un diagnóstico consensuado que, en las condiciones de la isla, no serán posibles ni el crecimiento ni el desarrollo sin inversión extranjera. Las distintas políticas de agresividad estadounidense desde los noventa hasta hoy, especialmente las del binomio Donald Trump-Marco Rubio, sabotean esa posibilidad, lo cual, a su vez, estrecha el margen de maniobra y las capacidades de negociación del Estado cubano respecto a los inversores extranjeros. El momento actual es especialmente crítico en ese aspecto y ello explica la radicalidad de las medidas propuestas, orientadas a llamar a cualquiera (cubano o extranjero, residente en Cuba o no) a ingresar capital a la destruida y asediada economía del país.
Es difícil pensar en las reglas de construcción del socialismo cuando la discusión es si se vive o no se vive. Si Cuba colapsa definitivamente y es reconquistada por Estados Unidos y la mafia de Miami, cualquier posibilidad histórica de emancipación será clausurada por un largo tiempo. El destino del socialismo no está garantizado, como es obvio, pero su margen de probabilidad permanece mientras Cuba sea una nación realmente soberana que pueda decidir en cada momento hacia dónde ir. Si este gobierno será capaz de comandar las fuerzas del mercado que está desatando en la dirección de una sociedad más justa no es, independientemente de sus declaraciones, una respuesta que pueda tenerse ya, pero sí es una posibilidad. Donde esa posibilidad no existe es en la derrota. El socialismo cubano no puede sobrevivir a Cuba: necesita, primero, que Cuba viva.
El tiempo dirá si las concesiones que la revolución cubana se ve obligada a hacer en medio de la guerra y en un mundo anémico de revoluciones liquidaron al socialismo o no. Sin embargo, me permito señalar que, todavía hoy, en pleno 2026, el Departamento de Estado de Estados Unidos respondió a la reforma con más medidas coercitivas y ha publicado un informe en el que califica a Cuba como «capital del comunismo en el siglo XXI» [véase «La violencia macartista de Marco Rubio», Brecha, 24-VII-26]. No soslayemos esto, pues, como diría el Che Guevara, en estas cosas el imperialismo tiene mejor intuición que nosotros.
- Mauricio Vicent, «Fidel Castro: “El modelo cubano ya no nos funciona ni a nosotros”», El País de Madrid, 9-IX-10. ↩︎


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