Crepúsculo
En efecto, el descenso en el crecimiento mundial y la turbulencia en los mercados financieros implicarán fuertes ajustes en los mercados. La persistente volatilidad macroeconómica, actualmente debida a la fuerte alza en la inflación de los precios al consumidor, hará más riesgosa la inversión en el país. Además, la combinación de alta inflación y bajo crecimiento es siempre el escenario más difícil para la política monetaria. No es fácil reducir las tasas de interés por temor a desencadenar una devaluación que eleve los costos de la deuda externa; pero tampoco es posible permitir que las tasas reales de interés se eleven abruptamente, pues ello puede llevar a profundizar la crisis financiera.
Por ahora, pese a que el sistema financiero enfrentó altas volatilidades en los mercados financieros en octubre de 2008, al observarse secuelas de la crisis subprime en el mundo, y profundas señales de desaceleración económica global y local, las utilidades del sistema financiero bordearon 6,1 billones de pesos, de los cuales 5,5 billones corresponden a sociedades administradoras, resultado superior al registrado el mes anterior, que se vio impulsado por el dinamismo de los establecimientos de crédito. Estos intermediarios mostraron utilidades por 4,2 billones, favorecidos por el buen desempeño del mercado crediticio, no obstante su reciente desaceleración. Sin embargo, la volatilidad en los precios de los activos financieros afectó el valor de los portafolios de los intermediarios en detrimento de sus logros, en especial en los fondos administrados, que registraron resultados por 560 millones, cifra inferior a la registrada el mes anterior (ver cuadro 3 y gráfico 3).


Desde mediados de 2007 disminuye el dinamismo de la cartera del sistema financiero, sobre todo en las modalidades de crédito de consumo y crédito comercial (ver gráfico 4). En octubre de 2008, la cartera total del sistema, incluyendo operaciones de leasing, alcanzó 145,4 billones, equivalente a un crecimiento anual del 19,4. Por modalidad, la cartera de consumo siguió presentando la mayor desaceleración, al registrar un crecimiento anual del 14,8 por ciento, muy inferior a las tasas del año anterior. La cartera comercial y la cartera hipotecaria crecieron respectivamente al 22,4 y al 11,4, mientras la cartera de microcrédito continúa mostrando alto dinamismo, registrando al cierre de octubre de 2008 una tasa de crecimiento anual del 26,2 por ciento.
Gráfico 4

En octubre de 2008, el monto total de la cartera vencida creció 50,6 por ciento anual y bordeó los seis billones, lo que representa una desaceleración en su ritmo de crecimiento con respecto al comportamiento observado en los meses precedentes. En el caso de la cartera comercial, esta tasa fue del 67,6 por ciento, en tanto que en el caso de la cartera de consumo alcanzó un nivel de 47,2 por ciento (ver gráfico 5).
Evolución de la cartera total (Crecimiento anual %)

La desaceleración de la cartera se expresa en la menor colocación de nuevos créditos (gráfico 6). Esto, producto de la elevación que ha registrado la tasa de interés, el empobrecimiento de los hogares por la inflación que deben afrontar debido al alza en el precio de los alimentos, y por el aumento en la tasa de desempleo.
Gráfico 6
(Crecimiento anual de los desembolsos (eje der.) y tasa de interés (eje izq.)

En general, la volatilidad en los mercados financieros fue el hecho más notorio en octubre de 2008. En el contexto internacional, la incertidumbre por posibles nuevas víctimas de la crisis financiera, derivada de activos subprime, ha implicado un aumento significativo en la volatilidad de los índices bursátiles en países desarrollados. En el ámbito local, nuevas presiones inflacionarias y desfavorables indicadores líderes erosionaron los precios de los activos financieros nacionales.
El mercado de renta variable local presiona a la baja desde finales de 2007. El Índice General de la Bolsa de Colombia (IGBC) alcanza una pérdida cercana al 36 por ciento en enero de 2009. A pesar de una leve recuperación al terminar 2008 (la demanda de acciones se activa para tratar de apropiarse de los dividendos que distribuyen las empresas), en enero sigue su tendencia descendente, al igual que la mayoría de las bolsas del mundo, que registran pérdidas de entre 2 y 5 por ciento diarios (el 14 de enero de 2009, el índice Dow Jones cayó 2,94; el de Londres perdió 5 puntos, y el de Colombia 1,8). La evolución de los mercados de valores del mundo refleja la apreciación que los especuladores capitalistas hacen de la marcha de la economía en general y de las empresas en particular (gráfico 7).

En resumen, los mercados financieros están marcados por alta volatilidad. El dólar tiende al alza, aunque se observa mayor estabilidad. La incertidumbre es muy crítica para los mercados de renta variable en lo global, y Colombia no fue la excepción. El dinamismo del mercado de renta fija dependerá de noticias futuras de inflación. Salvo la pérdida por la desvalorización de los portafolios de las sociedades administradoras de cesantías y pensiones, el sector financiero sigue acumulando altas ganancias, en medio de la recesión económica y el empobrecimiento de la mayoría de los hogares.
El colapso de DMG y de las famosas ‘pirámides’ captadoras ilegales de dinero no afectó al sector financiero formal, en cuya crisis se vio afectado el 10 por ciento de los colombianos (cerca de 4,5 millones de personas) y se perdieron recursos de las familias por más de cuatro billones de pesos. Las economías de los departamentos del sur (Putumayo, Nariño, Cauca, Huila) y municipios del Tolima, Boyacá y Cundinamarca se han visto gravemente comprometidas. Al contrario, gran parte de los recursos que se movían por estos circuitos ‘paralelos’ ha retornado al sector financiero. En efecto, las captaciones de ahorro de los bancos, con una economía desacelerada, crecen bien pero muy bien (ver cuadro 4).

El dinero invertido en las ‘pirámides’ parece pertenecer a circuitos económicos ilegales (lavado) y extrabancarios (agiotistas, reducidores y de capitales non sanctos que nunca pasan por la banca y se mueven siempre en efectivo, y no sólo por el impuesto del 4 por mil sino porque su medio natural de funcionamiento son los mercados informal y delincuencial, esto es, circuitos de economía mafiosa.
La relación de los bancos con las ‘pirámides’ puede estar más por el lado de la cartera. Mucha gente de buena fe y humilde fue seducida por los ‘apostadores’, con la ilusión de una alta rentabilidad que ofrecían aquéllas. Las familias sacaron préstamos a bancos y cooperativas, muchas hipotecando sus viviendas, y serán más damnificadas, ya que los bancos no perdonan y les exigirán el pago de sus créditos, asunto en que las entidades financieras no tendrán mayores problemas, más allá de ver un leve aumento de sus indicadores de morosidad, pero que pagarán finalmente los deudores por voluntad propia o por los planes de alivio que propone el gobierno nacional. En el peor de los casos, se castigarán con cargo a las provisiones de cartera, que –también hay que decirlo– la Banca tiene suficientes, pues ha aprovechado la bonanza de las utilidades para fortalecerlas en los últimos años.
Pero lo sucedido tiene que ver también con la exclusión que hace el sistema financiero de los sectores populares y empobrecidos, y los altos costos de las operaciones bancarias y la exacción a los clientes. De hecho, la profundización financiera en el país, medida como la razón entre crédito privado y PIB, o como nivel de bancarización, es baja si se compara con el entorno internacional (ver gráfico 8). La población bancarizada en Bogotá, por ejemplo, es de sólo 38,3 por ciento; en el estrato socio-económico 1 es de sólo 20,5 y, en contraste, en el estrato 6 es de 67,6 (cuadro 5). Por ello, la fuente a la cual los individuos solicitan crédito es más alta a familiares o amigos en los estratos 1 y 2 que los estratos de mayor ingreso (cuadro 6). De igual manera, los individuos pobres y los dueños de pequeños negocios deben acudir a los agiotistas del “gota a gota”, que controlan mayoritariamente las redes del paramilitarismo, con tasas de interés anual cercanas al 300 por ciento.


Cuadro 6

Respecto al nivel de acceso a los servicios financieros, se puede apreciar que la oferta de crédito está concentrada en los niveles de ingresos más altos, mientras los rechazos de los créditos se concentran en las personas con niveles de ingresos más bajos, a causa principalmente de sus ingresos insuficientes e inestables, presentándose la paradoja de que los clientes de ingresos más bajos financien a los estratos ricos (Murcia, Andrés, “Determinantes del acceso al crédito de los hogares colombianos”, en: Ensayos sobre política económica, Banco de la República, vol. 25, Nº 55, edición diciembre de 2007).
Una opción más sana para los sectores populares y la economía social la constituyen las cooperativas que ejercen actividades financieras (206 cooperativas, 199 vigiladas por la Superintendencia de la Economía Solidaria y siete por la Superintendencia Financiera). En cuanto al sistema financiero nacional, con activos por 202.6 billones, los activos del sector cooperativo representan para 2008 un 3,7 por ciento del mismo, con una leve disminución en términos de participación. Pese a la contracción de la actividad crediticia en el país, al poco estimulo y las limitaciones de la economía social por parte del Estado, las cooperativas que operan en la actividad financiera siguen mostrando avances en cuanto a colocación, estabilidad en sus indicadores y niveles de solvencia adecuados. Así, para el cierre de 2008 se estima que el crecimiento de los activos de las cooperativas con actividad financiera estará en un rango entre el 12 y el 14 por ciento.

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