Hablé con un migrante rescatista, parecido a los Topos mexicanos. Él sintió el terremoto de 2017 en México y vivió las fases de la catástrofe en los años posteriores. Me dijo 3 verdades que poca gente se atreve a expresar, pero que deben difundirse para impedir que el desastre crezca. Así que abra bien los ojos:
• El asistencialismo no quita el hambre ni la sed permanentemente, se tiene que hacer pero se queda corto después de las primeras semanas. (Ejemplos: la ONU). En Colombia esta fase ya cumplió su cometido, y aunque se seguirá realizando será cada vez en menor medida, sin curar completamente los pesares.
• El altruismo, por más bonito, benéfico y blanco que sea, le genera beneficios permanentes sólo a ricos, empresas, políticos, partidos, iglesias, influencers, mafias y todo grupos de interés que se aprovechan de la catástrofe, ¿y sabe por qué? Porque crean dependencia de la población afectada por la catástrofe. (Ejemplo: Estados Unidos).
• Solo el pueblo salva al pueblo: Lo bueno es que, si logramos superar las 2 fases anteriores, la Autonomía tomará fuerza. Ésta responde a la catástrofe con solidaridad y perdura gracias al esfuerzo colectivo, no sólo intenta resolver la emergencia, sino que también revela las deudas históricas que el desastre exhibe, por ejemplo escuelas y hospitales en mal estado, el racismo y la desigualdad en las garras de un gobierno que se opuso a tener un empalme serio. Así que el problema no es el temblor, sino la irresponsabilidad, los malos gobiernos con sus gestiones clasistas. Y la Autonomía es la única herramienta para saldar las cuentas pendientes.
Cuenta el Topo migrante que cuando ocurre una catástrofe, el gobierno nunca llega a tiempo. Así lo demostró México en 2017: 2.3 millones de personas sin vivienda, alimentación y educación1. Las autoridades prometieron normalidad para 2018, una promesa que el Topo ha escuchado en cada país que ha recorrido. Pasaron los años y México sigue reparando: desde 2019, el gobierno de la Ciudad de México (CDMX) entrega subsidios, atención psicológica y apoyo a niños huérfanos, además de mejorar los manuales de construcción para saldar deudas históricas y evitar nuevas tragedias. La enseñanza es clara: mientras el Estado se toma su tiempo, la sociedad se organiza.
El asistencialismo: La curita que no reemplaza la cirugía
La primera reacción es llevar comida, agua y cobijo. Colectivos espontáneos, personas de todas las edades y clases sociales se vuelcan a las calles para ayudar. En México, los flujos de ayuda humanitaria salvaron vidas en el Istmo de Ixtepec, en Jojutla y en las zonas más afectadas. Organismos como la Cruz Roja y la Universidad Nacional Autónoma de México hicieron una labor titánica. En Colombia fueron estudiantes, afros, trabajadores, campesinos y más sectores sociales.
Pero aquí viene lo que pocos dicen: pasadas las primeras semanas, la mayoría de estos grupos desaparecieron. La logística se vuelve agotadora, los recursos se acaban y la gente no puede vivir a base de despensas. El asistencialismo es como poner una curita en una herida que necesita cirugía. Cumple su cometido en el corto plazo, pero después se queda corto. No reconstruye viviendas, no repone escuelas, no garantiza derechos. Sólo mantiene con vida a la gente, mientras llega algo más sólido.
Por más necesario que sea, no cura los pesares de fondo. Se seguirá realizando, sí, pero cada vez en menor medida. El problema no es que exista, sino el peligro de que el actual gobierno, el cuál brilló por las sorprendentes respuestas que ofreció, como regalar balones, pero también por obstruir el uso del barco Benkos Bioho, al ser irresponsable, omite sus deberes. Los grandes ricos del país le siguen el juego, y entre ambos buscan eternizar la dependencia de la población a las migajas.
El altruismo: el rostro amable de la dependencia
El altruismo es una evolución del asistencialismo. Llegan grupos más organizados, con líderes visibles, planes concretos y, a veces, hasta logotipos bonitos. Se proponen resolver problemas específicos: construir albergues, rehabilitar escuelas, atender la salud. Suena maravilloso. Y en parte lo es, el claro ejemplo fue el representante Oscar Benavides que reunió 18 toneladas donadas al Chocó.
Pero el altruismo tiene un problema estructural: los líderes que surgen en la emergencia suelen ser personas que ya tenían capital económico, cultural o social antes del desastre. El carisma de la situación los coloca al frente, y de allí a la institucionalización hay un solo paso. ¿Adivina hacia dónde van? –me adelanto al Topo mexicano–. Partidos políticos que necesitan votos, empresas o gobiernos sionistas que quieren limpiar su imagen, iglesias que buscan nuevos fieles, influencers que necesitan contenido, mafias que ven una oportunidad de negocio.
Si no me creen busquen el caso de la alcaldía de Medellín2 que se aprovechó para llevarse el crédito de las donaciones y ser los más altruistas del mundo… y aún está por verse la perversidad del caso de la fundación de Ana Lucía Pineda, o esposa de el “Breve”3, quienes se lucran con la desgracia ajena de cientos de miles en Colombia. El altruismo aparenta ser bonito y benéfico, pero siempre genera beneficios permanentes para los que están arriba, mientras los de abajo siguen esperando.
La autonomía, la única salida verdadera
Después de la tormenta, me dijo el Topo mexicano, después de que las cámaras se van y los políticos se olvidan, porque el mal gobierno siempre nos mira desde arriba y trasciende, queda una verdad ineludible: quienes permanecemos luego del desastre, le decimos al gobierno que no le quedará de otra que respetar al poder que nace desde abajo.
En México, el Topo lo vio con sus propios ojos, para él fue conmovedor que la comunidad indígena tlahuica de Santa Lucía, en Ocuilan, Estado de México, se levantaran solos. Allí el sismo destruyó una escuela para 400 alumnos4. La comunidad no esperó al gobierno estatal, que ya había mostrado su ineficiencia; no aceptó la ayuda de fundaciones altruistas que querían poner su nombre en la placa. En cambio, cortaron la madera con el permiso del bosque –me dijo el Topo con orgullo–, aplicaron sus conocimientos ancestrales y reconstruyeron la escuela con sus propias manos. Sin pedir limosna y sin deberle nada a nadie.
Eso es la Autonomía. No es fácil. Exige recursos, consenso, trabajo colectivo y una identidad compartida. Pero es la única forma de que la ayuda no se convierta en dependencia.
“Cuando una vida se pierde en circunstancias trágicas –recordó el Topo citando a René Girard–, la sociedad se ve obligada a examinarse”. Las 465 muertes en México no fueron en vano si sirvieron para que las comunidades exigieran cambios estructurales. Lo mismo aplica para Colombia. Cada catástrofe, dijo el Topo, es un espejo que nos obliga a mirar nuestras propias contradicciones.
Cuando todo lo sólido se desvanece, lo único que realmente sostiene a una comunidad es su propia voluntad de salvarse.
México tiene una larga tradición de acción colectiva, especialmente en comunidades indígenas donde el trabajo comunal y la toma de decisiones horizontales han demostrado ser más resistentes que cualquier ayuda externa. En Colombia, comunidades como las reunidas en el Cric también han dicho: no necesitamos ser gobierno para gobernarnos autónomamente.
Las tres fases, después de toda catástrofe, son inevitables, me dijo el Topo. El asistencialismo es necesario pero insuficiente. El altruismo es útil pero peligroso. La Autonomía es difícil pero imprescindible. Sólo ella garantiza que la emergencia no sea aprovechada por los de siempre y que las deudas históricas finalmente se salden.
Lo anterior se tenía que decir y se dijo. Estas son las verdades del Topo migrante ‘Cholombiano’ que vivieron para contarlo y alcanzaron la autonomíaen el camino.
1 https://www.latimes.com/espanol/mexico/articulo/2017-09-10/efe-3375104-13352086-20170910
2 https://www.latimes.com/espanol/mexico/articulo/2017-09-10/efe-3375104-13352086-20170910
3 Término para referirse a Abelardo dado que será breve su mandato.
4 Noticia del dinero https://www.jornada.com.mx/2017/09/28/politica/003n1pol
Informe especial: ¡Terrogocio!



Leave a Reply