Guerra por la Independencia –Boyacá, Carabobo…–, política y nuevas instituciones fueron la clave para obligar la retirada total de los españoles. Bajo la presidencia de Antonio Nariño, con representantes de diecinueve provincias venezolanas y colombianas, la Asamblea Nacional que como paso siguiente previó el Congreso de Angostura en 1819, sesionó en Cúcuta desde el 6 de mayo de 1821; con dos puntos de orden: la unión de la Nueva Granada y Venezuela con una decisión igual frente a Quito y, la futura Constitución.
Tras varios meses de deliberaciones, el 3 de octubre de 1821 la Constitución de Cúcuta tuvo aprobación, mientras en los campos venezolanos las tropas patriotas desplegaban la estrategia para vencer el 24 de junio, en Carabobo, victoria que de todos modos dejó a Cumaná y Puerto Cabello en manos de los españoles. Una circunstancia que junto con su sueño de libertad en el continente, con exigencias para una estadía muy corta en Caracas camino a Valencia y paso por su trapiche de San Mateo en el mes de julio; impidió a Simón Bolívar estar de cuerpo presente en los debates. El 30 de agosto luego de su paso por Carora y el arribo a Trujillo, pidió al general Urdaneta un encuentro en Maracaibo para celebrar la incorporación de esta provincia a la República, donde estuvo hasta el 18 de septiembre. Dentro de las contingencias de la guerra, solo un día después llegó Urdaneta. Sin más espera, Bolívar tocó Cúcuta el 22 y comenzó a participar en el Congreso siete días después.
El Congreso y la nueva Constitución eran necesarios. No sólo como una orden del Congreso de Angostura, sino también, por la necesidad de blindar con legalidad los territorios liberados del dominio español. Además, para avanzar y hacer más real la Ley Fundamental de 1821, previa al Congreso de Cúcuta, que creó a Colombia.
Al poder de las armas y sus batallas correspondía un poder legal. Y aunque todavía no estaban libres el conjunto de las hoy Venezuela, Colombia y Ecuador –y Panamá–, se legisló sobre la totalidad de esos territorios para profundizar la soberanía y la libertad. Como el Libertador no pudo estar en Cúcuta, se aseguró de recomendar su más sentido pensamiento. El 14 de julio de 1821 escribió desde Valencia:
“A S. E. el señor Presidente del Soberano Congreso de Colombia

“La sabiduría del Congreso General de Colombia está perfectamente de acuerdo con las leyes existentes en favor de la manumisión de los esclavos; pero ella pudo haber extendido el imperio de su beneficencia sobre los futuros colombianos que, recibidos en una cuna cruel y salvaje, llegan a la vida para someter su cerviz al yugo. Los hijos de los esclavos que en adelante hayan de nacer en Colombia deben ser libres, porque estos seres no pertenecen más que a Dios y a sus padres, y ni Dios ni sus padres los quieren infelices. El Congreso General, autorizado por sus propias leyes, y aún más, por la naturaleza, puede decretar la libertad absoluta de todos los colombianos al acto de nacer en el territorio de la República. De este modo se concilian los derechos posesivos, los derechos políticos y los derechos naturales.
“Sírvase V. E. elevar esta solicitud de mi parte al Congreso General de Colombia para que se digne concedérmela en recompensa de la batalla de Carabobo, ganada por el ejército libertador, cuya sangre ha corrido sólo por la libertad.
“Dios, etcétera. Simón Bolívar”.


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