La Constitución de Cúcuta. El Estado se soporta sobre las leyes y las armas

La Constitución de Cúcuta. El Estado se soporta sobre las leyes y las armas

Sin embargo, y a pesar de su clamor, los congresistas que cuestionaron con severidad la Constitución de Angostura, no estuvieron a la altura de los compromisos con Haití para obtener su ayuda años atrás, ni con el ofrecimiento de libertad a los esclavos. Así las cosas, los intereses de esclavistas, terratenientes, caudillos regionales, comerciantes, negociantes de sangre humana, se impusieron una vez más sobre la vida. Una realidad que preocupó en grado sumo a Bolívar. Su desencanto quedó evidente en carta del 7 de mayo de 1822 a Santander: “Usted habrá visto la Constitución, que está muy alterada y me parece muy mala en algunos puntos” (1).

En otra carta fue más drástico con quienes así legislaron: “…piensan esos caballeros [los letrados] que Colombia está cubierta de lanudos, atrapados en las chimeneas de Bogotá, Tunja y Pamplona. No echando sus miras sobre los Caribes del Orinoco, sobre los pastores del Apure, sobre los marineros de Maracaibo, sobre los bogas del Magdalena, sobre los bandidos del Patía, sobre los indómitos pastusos, sobre los guajibos de Casanare y sobre todas las hordas salvajes de África y de América que, como gamos, recorren las soledades de Colombia” (2). Con tres departamentos en Venezuela y cuatro en Colombia la Gran Colombia se reafirmó.

En frustración la libertad de los esclavos Con anticipación, Bolívar solicitó de manera perentoria al Congreso de Angostura, elevar a rango constitucional la libertad de los esclavos. Pero las mayorías legislaron en contravía de ese anhelo humanista, así como de su compromiso histórico. En aquel momento, Angostura tuvo representación de la mayoría de las provincias venezolanas y sólo una de la Nueva Granada: Casanare.

Sin embargo, aún con el viraje de la guerra, pasados dos años, con el triunfo de Carabobo a su favor, con todas las provincias unidas en un solo Estado, con una autoridad suprema, con un ruego a los pies de los congresistas, tampoco Bolívar pudo hacer realidad el sueño de la libertad, además de cumplir con la palabra empeñada ante Alejandro Petión.

La solicitud era una: “La libertad absoluta de todos los colombianos al acto de nacer en el territorio de la República”, concretando así la conciliación “de los derechos posesivos, los derechos políticos y los derechos naturales”.

En cambio, “se consagró al estilo norteamericano, una democracia con esclavitud que, como deseaba Bentham, se traducía en una democracia para blancos ricos, de propietarios que, como puede deducirse tanto por sus postulados teóricos como por sus hechos políticos, se fundaba en beneficio de una minoría social y marginaba a las amplias mayorías de la nación: a los esclavos, jornaleros, sirvientes, artesanos, a los pobres, desposeídos e iletrados, lo mismo que a los indígenas” (3).

Tendrían que pasar otros treinta años… La decisión tomada en Cúcuta estuvo vigente por espacio de 30 años más. Un reflejo de manera expresa, de la pugna entre el proyecto encabezado por Santander y el liderado por Bolívar. El primero, con su permanente capacidad de maniobrar y lograr que los intereses privados se impusieran sobre los colectivos. El segundo, soñando con un republicanismo consecuente.

Como expresión de los intereses dominantes en Cúcuta, los defensores del statu quo lograron que el Congreso de 1821 redujera el derecho a la libertad de los esclavos a una “extinción paulatina” cuyo objetivo era impedirla. Según los defensores de esta decisión, el derecho de los esclavos a conquistar su libertad tenía un doble inconveniente: vulneraba los derechos de los propietarios y comprometía la tranquilidad pública” (Ver recuadro Ley de 21 de julio de 1821).


“Claro está, los santanderistas concedieron a los esclavos una posibilidad muy concreta para que alcanzaran su liberación: ¡comprársela al amo! Esto se podía llevar a término mediante una operación muy simple que culminaba indemnizando a los amos de sus madres” (4).

Simón Rodríguez ya lo había anticipado: “No hay libertad donde hay amos, ni prosperidad donde la casualidad dispone de la suerte social”.

En Cúcuta, una vez más, triunfaron los terratenientes y los propietarios. Con previsión de las consecuencias escribió Bolívar: “…¿No le parece, mi querido Santander, que estos legisladores, más ignorantes que malos, y más presuntuosos que ambiciosos, nos llevarán a la anarquía y a la tiranía, y finalmente a la destrucción?” Este suceso, con desconocimiento de la realidad nacional, sentó las bases para la agudización de la contradicción (hasta donde se pueda entender así) entre proyecto nacional-popular y proyecto provinciano de estirpe localista-terrateniente en defensa de los intereses tradicionales. Tal contradicción llevó a la posterior disolución de la Gran Colombia, pero también a infinidad de guerras civiles que asolaron el país durante todo el siglo XIX. Esa contradicción sigue presente en el conflicto latente entre oligarquía y campesinado armado (guerrillas de distintas organizaciones) que en el siglo XXI no encuentra un armisticio ni solución política en Colombia. Aunque este no constituyó el único punto de litigio entre la tradición y el cambio.

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