Ayacucho y Sucre en la batalla decisiva

Con estas presiones a bordo, pero por encima de la mezquindad de quienes usufructuaban los efectos de la guerra desde la tranquilidad de sus hogares; y con la idea clara de los movimientos del ejército enemigo, Bolívar propuso a Sucre organizar dos ejércitos: el del Sur, que operó sobre la costa, con amenaza sobre Lima, bajo su conducción y que en la práctica fungió como retaguardia del ejército que comandó Sucre. Para conformarlo, sumó a todos los reclutas en formación, más los refuerzos procedentes desde Colombia. “Este parece ser el plan más acertado y más decisivo que debemos adoptar; por lo mismo, usted no deberá nunca pasar esta Cordillera; y déjeme a mí la Costa […]”. (9).
Las fuerzas monárquicas, conducidas en persona por el virrey Laserna, concentraron su maniobra sobre las tropas de Antonio José Sucre, en un intento de atacarlo por su espalda. Con la orden de Bolívar de no presentar combate decisivo, Sucre hizo la maniobra para romper el operativo realista, que, valido del dominio del terreno, lo acosó en busca de batalla. Así, los dos ejércitos pasaron los primeros días de diciembre de 1824. A marcha forzada para obligar al combate, los españoles, o los patriotas para evitarlo.
La defensiva atormenta a Sucre En las horas del 3 de diciembre, los ejércitos estuvieron uno frente al otro, pero con los republicanos en clara desventaja. Sucre aprovechó la noche para romper el sitio y continuar la marcha forzada en procura de una mejor posición en el terreno. La presión continúa y el 6, de nuevo, los ejércitos desplegaron sus fuerzas, unas frente a otras. Con afán guerrero y de libertad, Sucre escribió a Bolívar: “La guerra defensiva es tan desagradable y a mi entender tan desventajosa que confieso que me atormenta estar sujeto a operar cuando más una tranquila presencia a las maniobras del enemigo y mucho más con nuestras tropas que son de obrar a la ofensiva” (10).
Mientras la batalla está por darse sobre la planicie de Ayacucho, el 7 de diciembre, ante una débil resistencia, Bolívar ocupa Lima. De este modo, terminó el dominio español en la costa peruana que causó dolor por varios siglos. Dos días después, en inferioridad numérica y geográfica, Sucre en una acción decisiva que dirigió José María Córdoba (su mérito de ascenso a general de división), batió a las tropas del Rey.
El caballeroso Sucre ofrece armisticio La posición en la cual quedaron algunas fuerzas realistas, con escasa posibilidad de resistir y sobrevivir, llevó a Sucre a ofrecerles un armisticio y permitir a todos quienes quisieran embarcarse para España. Una vez firmado, y aceptada la rendición del ejército real, la relación de la batalla fue:
• Muertos entre los españoles, 1.800; heridos, 700; tropa apresada, 2.000; mayores y oficiales, 484; tenientes coroneles, 78; coroneles 16. Pero, además, quedan bajo control patrio los tenientes generales Laserna y Canterac; los mariscales Valdés, Carratalá, Monet y González; los generales de brigada Bedoya, Ferraz, Camba, Somacursio, Canchom Atero, Landázuri, Vigil, Pardo y Tur. Además, claro está, todos sus equipos, pertrechos y logística.
“¡Así terminaba la obra de conquista y de colonización que siglos atrás comenzara Pizarro en el Perú a nombre del monarca español!”.



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