¿El retorno o la perpetuación de la violencia política?

El contexto de violencia política que prevalece en Colombia, con un recrudecimiento notorio en 2025, evidencia las falencias y límites de la política de Paz Total, en gran parte debido a la fragmentación de los actores armados y las disputas territoriales entre ellos. Se propone identificar algunas de las causas de este complejo panorama, un año antes de las próximas contiendas legislativa y presidencial.

Después de tres años de iniciado el mandato de Gustavo Petro, Colombia enfrenta un contexto de recrudecimiento de varias modalidades de violencia social y política, por lo cual algunos observadores concluyen que el proyecto político del Pacto Histórico ha fracasado rotundamente.

En efecto, su política central en torno a la Paz Total (1), sobre la que se articulaban en gran parte las demás políticas públicas –en particular el plan de desarrollo al nivel regional y municipal debatido mediante los “diálogos regionales vinculantes”–, no alcanzó los propósitos que le dieron origen, situación similar registrada por las reformas en pos de una mejor redistribución de recursos y tierras a los campesinos, entre ellas las reformas laboral y de la salud.

En Francia, existe en los medios de comunicación un fuerte desconcierto frente a diversos fenómenos de violencia política recientes en Colombia, entre ellos: la matanza en el Catatumbo, cometida el 16 de enero de 2025 por el Eln en contra de disidentes de las Farc en proceso de desmovilización (2), o el reciente atentado contra el senador Miguel Uribe Turbay, ocurrido en Bogotá el 7 de junio de 2025. Ese desconcierto se plasma en interrogantes sobre la magnitud y los motivos de estos actos, y en parte refleja una falta de contextualización en torno a dichos acontecimientos.

Mal que bien, aún prevalece la imagen de un periodo de “posconflicto” pensado como un apaciguamiento generalizado, resultado del Acuerdo de Paz con las Farc en 2016; poco se sabe, desde afuera del país, sobre los últimos nueve años transcurridos desde la firma del Acuerdo de La Habana, luego transformado en Acuerdo del Teatro Colón. Incluso algunos medios de comunicación o periodistas en Francia, hablaron de un “retorno de la violencia política” con el atentado contra Miguel Uribe, pre-candidato a la elección presidencial de 2026.

Esa modalidad peculiar de violencia política no había ocurrido desde los años 1990, al menos si no se toman en cuenta varias formas de amenazas en procesos electorales recientes, como ocurrió en 2018, cuando se dio la primera contienda electoral después del acuerdo con las Farc, en medio de la cual se presentaron amenazas que llevaron a Rodrigo Londoño, a renunciar a la candidatura presidencial del partido Farc (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común) nacido después de la desmovilización y disolución de la guerrilla Farc (Fuerza Armada Revolucionaria de Colombia) en julio de 2017.

Pero, más que un “retorno” de la violencia política se observa una diversificación y conjugación de diversas formas de violencia social y política, de las cuales muchas nunca han desaparecido y otras vuelven a recrudecer. Por ello, es preciso contextualizar y definir la violencia social y política, en aras a proponer algunos elementos de análisis sobre lo que se considera –o más bien, lo que se visibiliza y lo que se encubre– como “violencia social o política”.

Así puede entenderse mejor cómo y por qué la violencia se recicla o se perpetúa3, lo que constituye, cabe recordarlo, un eje central del Informe de la Comisión de la Verdad4 que salió a la luz en junio de 2022, tres años atrás, en días previos a iniciar su mandato Gustavo Petro.

Hoy en día, ¿cuál es entonces el panorama político en Colombia? La reflexión que se propone para definir dicho panorama surge de varias paradojas presentes en la realidad nacional.


Panorama político y paradojas en el mandato de Gustavo Petro

La primera paradoja es que el Presidente no pudo, o no supo, aprovechar una serie de ventajas políticas que podían respaldar su programa reformista en el plano social. Si bien él fue electo en junio de 2022 con una muy débil ventaja electoral (50,2% de los sufragios expresados), eso ocurrió después de un periodo de movilización social intensa e históricamente inédito entre 2019 y 2021. Dicho ciclo de movilización evidenciaba una serie de asuntos sociopolíticos y económicos que requerían atención; el programa reformista en gran parte respondía a este descontento generalizado, en particular en temas como la jubilación, la salud y el mundo laboral. Petro contaba además con un fuerte capital social gracias al apoyo inicial de la mayoría de actores y movimientos sociales más fuertes, en particular los actores campesinos (5).

No obstante, pese a la constitución del Pacto Histórico, una alianza política y partidaria bastante amplia, el apoyo institucional se debilitó muy pronto; a ello se añadió una oposición legislativa y una fuerte inestabilidad del equipo gubernamental. De allí surgió una relación cada vez más tensa entre el Presidente y la oposición política e institucional, pero también enfrentamientos entre el Presidente y su equipo ministerial, plasmado ello en la crisis del gabinete del 10 de febrero de 2025 y en la renuncia de la mayoría de los ministros, en una sesión filmada que evidenció las divisiones internas.

La segunda paradoja, la más crucial, es el desbalance entre el objetivo de la política de Paz Total, que apuntaba hacia una disminución de la conflictividad armada gracias a la negociación paralela con nueve grupos en armas (guerrillas, actores criminales o de origen paramilitar), y el contexto de inseguridad y violencia en recrudecimiento, particularmente desde el inicio de 2025, producto de las acciones de estos grupos en contra del Estado o por confrontaciones entre ellos.

Así, la Paz Total, pese a sus detractores y críticos, había sido aprobada por el Congreso en noviembre de 2022, pero sufrió de diversas fallas metodológicas y de implementación. Pronto perdió apoyo institucional, incluso entre los partidarios del gobierno Petro.


Los efectos contraproducentes de la Paz Total y el recrudecimiento de la violencia

Gustavo Petro le apostó a la Paz Total, con el propósito de lograr una negociación simultánea, o al menos paralela con todos los actores, de modo que ninguno de ellos tenga incentivos para permanecer en armas ni de ganar ventaja territorial sobre otros (6).

Pese a que varios grupos aceptaron dicha propuesta (7), los tiempos de cada proceso y sus modalidades específicas (diferentes para una guerrilla como el Eln, un grupo influyente nacional como el Clan del Golfo, o unas estructuras regionales más localizadas) no permitieron dicha simultaneidad en la negociación. Tampoco se logró adaptar la metodología a contextos regionales distintos (8).

Muy pronto se perdió la posibilidad de negociar en paralelo, pues cada tipo de estructura tuvo sus requisitos y procesos específicos, perdiendo así el beneficio de una disminución de la conflictividad. Al contrario, la violencia y la competencia entre grupos, por el control de territorios y recursos, se incrementaron (9), como se evidenció en el Catatumbo en enero de 2025. El nivel de violencia en recrudecimiento (10) ha sido uno de los escollos mayores de la política de paz y de seguridad. La Paz Total ha demostrado, por errores de concepción, metodología o implementación, tener varios límites y efectos contraproducentes (11).

Entre esos límites, se encuentra el proceso de negociación con el Eln, que constituye una paradoja llamativa, pues cuando inició en noviembre de 2022, parecía prometedor, pero se estancó, perdió credibilidad y apoyo, hasta que se rompió en enero de 2025. Este proceso aborta por una serie de condiciones y factores históricos, ampliamente debatidos, pese a que empezó con buenos auspicios. La agenda política del gobierno ofrecía una serie de reformas económicas y sociales que responden en parte a las reivindicaciones más antiguas y fundamentales de los actores sociales colombianos, y también en cierto modo a la agenda reivindicativa del Eln, la Agenda de México (12) acordada en 2023. Pese a ello, esta guerrilla actuó en ese proceso con una serie de exigencias y rehusó abandonar por completo la práctica de los secuestros forzados, poniendo en peligro la negociación en varias ocasiones; pero fue la matanza consumada en el Catatumbo en enero de 2025, en contra de disidentes de las Farc en proceso de desmovilización, la que provocó la ruptura de esta negociación (13).

Violencia que persiste

Este ejemplo, entre otros procesos de negociación, interrumpidos o frustrados, evidencia una preocupación central: el reciclaje o la perpetuación de la violencia social y política bajo distintas modalidades, entre las cuales se encuentran los asesinatos selectivos, las masacres, las amenazas y formas de intimidación o el hurto de locales y materiales, pero también el exilio o desplazamiento forzado de líderes sociales o políticos, entre muchas otras. Estas modalidades han sido caracterizadas por los informes de la ONG Somos Defensores desde 2010 o por Indepaz, entre varios actores sociales y analistas que han denunciado y registrado esta violencia política y social.

Si bien no se trata de resumir aquí la complejidad de factores de esta violencia que se recicla, que alimenta un amplio debate público y una literatura científica de gran magnitud, cabe mencionar la paradoja que los procesos de paz no significan la extinción de la violencia política, armada o criminal, aunque las modalidades de la violencia se tornen más selectivas o enfocadas localmente. Ello ocurre bajo gobiernos de distinto perfil, cuyas políticas de seguridad difieren entre sí.

Hoy en día, nueve años después de la firma del Acuerdo de Paz con las Farc, de su desarme y de la desmovilización de cerca de 13.600 personas, hay varias estructuras disidentes o reincidentes, que integran 7.500 miembros, además de la persistencia del Eln y de varios grupos criminales. Estructuras que regional o nacionalmente controlan parte del territorio, y que tienen, en su criterio, más motivos económicos de mantenerse alzados en armas o en el control de las economías ilícitas, que razones de desmovilizarse. Ello obedece a una serie de factores sociales, económicos y políticos históricos que han alimentado el debate público en Colombia, pero fundamentalmente se trata de entender los patrones del rearme y los factores que incentivan dichas estructuras disidentes y otros grupos armados o criminales a perpetuarse.

La fragmentación de los actores armados que resurgen, reaparecen o se reconstituyen después de una negociación de paz, tiende a ser cada más frecuente y temprana, y alimenta el engranaje de la violencia, como lo evidencian los datos presentados por Laura Bonilla (subdirectora de la Fundación Pares) en un reciente artículo (14), en el cual sintetiza los efectos y dinámicas de rearme después de varios procesos de negociación con actores armados de distinta índole. Esa y otras observaciones llamativas, a veces “contra-intuitivas” a primera vista –como lo que ocurre, por ejemplo, con los traspasos de actores armados desde una estructura guerrillera hacia una de carácter paramilitar–, pero también dinámicas cambiantes en tiempos muy cortos entre los mismos grupos armados, que conjugan feroz competencia y negociación, pueden alimentar una reflexión pormenorizada y focalizada sobre la situación de recrudecimiento actual de la violencia en Colombia. Los datos, análisis y conocimientos históricos abundan y pueden sustentar sendas investigaciones, en pos de pensar el futuro del país.


Desde la otra orilla del Atlántico, la comprensión de un atentado como el que ocurrió contra Miguel Uribe, en ese contexto electoral y político, así como de otros tipos de violencia colectiva o selectiva, implica salir de algunas imágenes un tanto idílicas de la paz. Ello permite entender mejor la compleja relación que se teje entre procesos de paz, reconstrucción del Estado, apertura democrática y movilización popular en pos de una redistribución social, dinámicas que tienden a chocar entre sí.

1 Burnyeat G., Gómez-Suárez A. & Posada Téllez A. (16 de noviembre de 2022) : https://uk.rodeemoseldialogo.org/2022/11/el_primer_paso_hacia_la_paz_total_de_petro/
2 Massal J., (7 de mayo de 2025): Une paix inaccessible en Colombie ? – Le Rubicon
3 Bonilla L., (6 de junio de 2025): Por qué los grupos armados y disidencias se reciclan más rápido: así va la violencia en Colombia | noticias hoy | paz total | El Espectador
4 Massal J. & Romio S., “Las Comisiones de la Verdad en los países andinos. Procesos, debates y futuros desafíos para las ciencias sociales”: introducción al dossier Comisiones de la Verdad en los países andinos – Balances, reflexiones y perspectivas. IFEA, 51 (2), 2022, p.189-201: https://journals.openedition.org/bifea/14670
5 Massal J., “Les transformations de la mobilisation sociale en Colombie : de l’émergence des alliances intersectorielles aux grèves nationales (2010-2021)”, Revista AMNIS, 2024 : Les transformations de la mobilisation sociale en Colombie : de l’émergence des alliances intersectorielles aux grèves nationales (2010-2021)
6 https://uk.rodeemoseldialogo.org/2022/11/el_primer_paso_hacia_la_paz_total_de_petro/
7 La definicion misma de los grupos, asi como adaptar la metodologia para cada tipo de estructura, es un asunto determinante, como lo evidencia el analisis de Indepaz (abril de 2024) : https://indepaz.org.co/la-paz-total-en-colombia-una-utopia/
8 https://www.crisisgroup.org/latin-america-caribbean/andes/colombia/colombia-total-peace-local-peace
9 Massal J. (7 de mayo de 2025): Une paix inaccessible en Colombie ? – Le Rubicon
10 Petro defiende su política de seguridad en plena ola de atentados contra policías y militares: “No hay un caos de violencia en este Gobierno” | El País América Colombia
11 https://nuso.org/articulo/305-obstaculos-paz-total-colombia/
12 https://www.elespectador.com/colombia-20/paz-y-memoria/estos-son-los-seis-puntos-de-la-agenda-que-negociara-el-gobierno-colombiano-con-el-eln/
13 https://elpais.com/america-colombia/2025-01-17/proceso-de-paz-con-el-eln-fin-del-cese-al-fuego-secuestro-y-suspension-de-los-dialogos-con-el-gobierno-petro.html
14 Laura Bonilla (6 de junio de 2025, Opinion) : Por qué los grupos armados y disidencias se reciclan más rápido: así va la violencia en Colombia | noticias hoy | paz total | El Espectador

  • Investigadora independiente.

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Apuntes en el contexto colombiano del 2025
Autor/a: Julie Massal*
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico desdeabajo Nº326, julio 18 - agosto 18 de 2025

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