En los días inmediatos posteriores al golpe de Estado, y como desde fuera de Honduras se percibe que la acción golpista tiene las características de un error político que puede debilitar el espacio de “los buenos” demócratas que desean devolverle la paz a los hondureños y asestarle una derrota a Chávez, un ‘analista’, exdirector del periódico y propagandista de la Sociedad Interamericana de Prensa (reúne a los propietarios de medios y a directores de confianza) hace una paráfrasis o refrito del editorial ya citado, pero agrega un nuevo elemento para la ‘simetría’ entre Zelaya y los golpistas: la impunidad para los últimos. La propuesta es, vuelve Zelaya (a no hacer nada, según se ha visto) pero no se castiga a los golpistas: “Su restitución (de Zelaya) debe darse, pero en el marco de un entendimiento aceptado por las partes y verificado por árbitros externos”. Establece además condiciones a Zelaya: “El mínimo necesario es que Zelaya deponga sus ímpetus de reelección, “refundación” o cualquier cosa que huela a Constituyente, reconozca que carece de potestades para imponerla y acepte los ámbitos de competencia del Congreso, la Corte y el TSE” (LN: 30/06/09). Con los golpistas, excepto los militares, es más benévolo: Congreso, Corte y TSE (es decir las instituciones que avivaron el golpe) “deberían anular las decisiones golpistas y reconocer la arbitrariedad de sus actos; los militares, volver a sus cuarteles y exponerse a las sanciones que correspondan.” Es decir, borrón y cuenta nueva. Encierro e inanidad total para Zelaya e impunidad total para Micheletti y demás actores golpistas, incluyendo el Congreso, la Corte y el TSE. Castigo (‘sanciones’ escribe el melifluo analista) solo para los militares. Ya hemos explicado por qué. Solo que después de su protagonismo mesiánico en el golpe habría que consultarles si consienten en ser crucificados.
Sin embargo el articulista agrega otra pieza a la incoherencia con que pretende “salvar” a los golpistas. Afirma que Honduras carece de una institucionalidad democrática, lo que es efectivo (pero tampoco la poseen ni Guatemala ni Costa Rica, por citar otros dos países centroamericanos): las ‘condiciones de solidez democrática, claridad sobre las funciones y límites de los poderes estatales y apego a la legalidad no existen en Honduras’. Aunque él no lo sepa, está diciendo que en Honduras no existe Estado de derecho, aunque se haya dado una letra constitucional, y no existe porque su institucionalidad política es oligárquica y aquí sí, en un marco oligárquico, Zelaya, delirante o no, los desaforados golpistas michelettianos y los militares represores y asesinos tienen sus ‘razones’. Pero la cereza del pastel es que el ‘analista’ que señala la inexistencia de un Estado de derecho en Honduras propone que el error golpista (por el rechazo internacional) lo resuelvan las instituciones que sirvieron como base y corazón de ese golpe: empresarios, medios, iglesias, Congreso (¡!), TSE (¡!) y Poder Judicial (¡!). Recordemos solo que Micheletti, la cabeza del golpe, es o era Presidente del Parlamento (así le llaman en Honduras).
Finalmente, el escribidor local de los grandes empresarios periodísticos no puede dejar de tirar mandobles a quienes sus patrones odian: “La comunidad internacional, por su parte, debe hacer a un lado el ALBA e involucrarse mediante instancias legítimas y confiables, como la Secretaría de Integración Centroamericana (SICA), la Organización de Estados Americanos (OEA) o el Grupo de Río”. La idea es clara: dividir la OEA en ‘buenos’ y ‘malos’, como si el ALBA (a algunos de cuyos programas Costa Rica ha peleado por ingresar) fuese ilegítimo. Y en cuanto a confiabilidad, ningún extraterrestre democrático y decente confiaría en la OEA. Lo decente y lo obsceno, por el momento y quizás siempre, son cuestión de perspectiva.
Ahora, ¿quién concede la ‘legitimidad’ en América Latina? ¿La Sociedad Interamericana de Prensa? ¿Alguna Conferencia Episcopal? ¿El Grupo de Río mencionado por el analista? De este último forman parte ‘legítimamente’ Ecuador, Venezuela, Bolivia, Honduras (¿quién lo representará, Zelaya o Micheletti?), Nicaragua y ¡¡Cuba!! O sea todo el Eje del Mal. ¿Sabe de lo que habla esta intelectualmente paupérrima ficha de los empresarios adinerados? Por cierto en el Grupo de Río figuran asimismo Colombia (sin comentarios sobre su ‘legitimidad’), México (hoy llamado Estado frustrado o fallido), Paraguay (una mezcla de mafias y curas copuladores), Guatemala (que hace mucho debió ser expulsado de Naciones Unidas y bloqueado por genocida). Estos ‘demócratas’ tal vez son los que contrarrestarán al Eje del Mal en el Grupo de Río.


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