Hasta aquí los discursos estentóreos de la racionalidad hondureño-golpista. Interesa ahora destacar, aunque sea solo por mencionarlos, algo de lo que efectivamente hace.
En relación tanto con los procedimientos jurídicos como con la idea/valor de la nación hondureña, los golpistas materializan un estado de excepción con toque de queda. Ambos factores, que suponen acción militar y policial, permiten desagregar y reprimir a los opositores y, especialmente atemorizar a la población para que no sea ‘ganada’ por el “enemigo”. El estado de excepción se utiliza para silenciar a los medios no favorables o censurarlos mediante el control militar, y también para suspender derechos fundamentales (libre circulación, asociación y reunión, apresar, apremiar y torturar sin orden judicial, en el caso hondureño). El toque de queda deja a la población inerme ante ejecuciones sumarias extrajudiciales, estimula las ‘desapariciones’ y los Escuadrones militares y paramilitares de la Muerte. Pero su función básica es acentuar en la población su experiencia de total desamparo ante el poder.
Aunque tanto el estado de excepción como el toque de queda parecen estar en conflicto con los mensajes ‘nacionales’, para la sensibilidad y el discurso oligárquicos esto no es así. Aunque en el caso hondureño no se lo reconoce, los golpistas actúan desde el siguiente posicionamiento: lo que vive el país es una guerra que enfrenta a amigos contra enemigos en una disputa por el control de Honduras. Los “amigos”: militares y empresarios, políticos, iglesias, etc., son nacional/patriotas y se pliegan a las acciones del aparato militar, las excitan y aplauden. Este aparato militar es el principal depositario (o único) de los valores patrios (dan su vida por ellos, según el imaginario). Los otros, los ‘zelayistas’, chavistas, “extranjeros”, son antiHonduras y antipatriotas, quieren el control sobre el país para dividirlo y destruirlo en función de sus intereses mezquinos. En el esquema maniqueo de virtuosos y malvados no existe cabida para argumentos, reservas o terceras posiciones. En una guerra, se está o no se está.
La idea de que los “buenos” ganarán la guerra exige tener los poderes sobrehumanos o celestiales con uno. Aquí también el vínculo entre militares/represión/guerra/muerte y las iglesias espiritualizadas/valores absolutos/humildad/salvación en el más allá, muestra su carácter necesario. La suerte de Honduras la resolverá en último término Dios. El agua bendita disolverá todos los crímenes (“acciones santas”, en realidad, puesto que destruyen el Mal) y borrará todas las sangres. Liquidada toda oposición, Honduras, saldrá “purificada” y “bendecida”. Este imaginario ‘religioso’ no es exclusividad hondureña. Se utiliza en cada país latinoamericano donde los poderes económico/sociales y político/culturales deciden reprimir masivamente a sectores de la población porque sus intereses y posiciones sociales, y con ello el sistema de inequidad, parecen estar en peligro.
Este punto señala hacia una realidad no siempre señalada ni menos enfatizada en los análisis sobre América Latina: el ‘orden’ latinoamericano ha contenido siempre la posibilidad de una guerra interna. Hoy, de varias. En este sentido, su civilidad no existe. También caracteriza a los golpistas como oligárquico/empresariales, militares y ‘religiosos’. El aroma ‘religioso’ concurre en todos los golpes políticos en América Latina al igual que en la reproducción ‘armoniosa’ del sistema. A diferencia de la guerra abierta, es una desgastante presencia continua.
1.1. Excursus sobre el aparato clerical
La base de este texto (preparado para una discusión universitaria) fue terminada en la madrugada del sábado 4 de julio. Después se le introducirían correcciones puntuales, principalmente de estilo. Sin embargo, durante el mismo día sábado, aunque posterior a la conversación, se hizo pública una Declaración de La Conferencia Episcopal de Honduras fechada el día anterior. La declaración fue leída por el Cardenal de origen hondureño Óscar Andrés Rodríguez quien, tras la lectura, realizó su aporte personal al texto. Casualmente durante la discusión había surgido la pregunta acerca de si la jerarquía católica se había pronunciado específicamente sobre el golpe de Estado. La respuesta había sido negativa. El excursus que sigue se escribió entonces inmediatamente después de la discusión y se añadió en la mañana del 5 de julio al documento base.
El documento de los dirigentes del aparato católico en Honduras titulan su declaración “Edificar desde la crisis”. No existe, por tanto, golpe de Estado sino una crisis.
La primera parte del breve documento no se refiere, sin embargo, a esta ‘crisis’, sino que se ocupa de “probar” que la destitución de Zelaya se dio de acuerdo a derecho y, por tanto, no existe golpe de Estado. Lo sustancial del asunto está redactado en cuatro apretados párrafos gramaticales que concluyen que, de lo sucedido, se sigue que se debe “aprender de los errores para enmendarlos en el futuro”.


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