Cuestiones específicas
Esta sección del trabajo se limita a examinar, desde el panorama anterior, algunos aspectos que parecen relevantes para una comprensión política más básica de la realidad latinoamericana a partir de la actual situación hondureña. No se les ha dado ningún orden especial y no interesa tanto la específica forma que asumen en Honduras sino el utilizarlos como material referencial de apoyo en relación con las actuales sensibilidades políticas en América Latina.
1.- Declaraciones grandielocuentes y procesos reales
El gobierno golpista que encabeza Micheletti ha reiterado, en los primeros días de su ejercicio (junio/julio), al menos tres declaraciones ostentosas y que provienen de su imaginario señorial y oligárquico: en la primera ha revelado que su Fiscalía General prepara un “abultado expediente”, encargado a 15 fiscales al mando del Fiscal General, para acusar de 18 delitos a Manuel Zelaya si éste retorna a Honduras. La acusación justificaría su detención. Los delitos incluyen “traición a la patria” y “abuso de poder”, pero, por el momento, no se incorpora narcotráfico.
Los cargos detallados por el Fiscal General en sus declaraciones a la prensa son precisamente los que atraen la sensibilidad oligárquica (con independencia de sus rasgos jurídicos). Para el imaginario oligárquico, “la patria” consiste básicamente en sus propiedades, intereses, familia y, eventualmente, “su” Dios. Desde este fuero interno puede extender ‘la’ patria a amigos, socios y a quienes le resulten útiles o simpáticos. Como función de este imaginario pre-moderno (únicamente una indicación, no una valoración) quienes afecten sus intereses, propiedad, familia, Dios resultan antipatria. Las relaciones sociales para el imaginario oligárquico se determinan desde intereses y fueros personales y eso incluye una apreciación negativa sobre la juridicidad (porque ella ‘obliga’ desde fuera (o sin considerar) de los rangos (privilegios) personales y también ‘a todos’ por igual o sea universalmente) y lo vincula también positivamente con una ‘religiosidad’ que no lo compromete socialmente y que le permite llegar individualmente a un ‘Cielo’ más allá de este mundo en tanto ‘alma buena’ y litúrgicamente cumplidora. La declaración de Micheletti sobre el “voluminoso expediente” legal (jurídicamente monstruoso) permite así introducir la consideración sobre el carácter antidemocrático de la sensibilidad oligárquica básica (que aflora hasta con grosería en situaciones de crisis), puesto que las instituciones democráticas descansan en las instituciones y lógicas de un Estado de derecho y, también, en la complementación ‘sobrenatural’ que a este rechazo de las instituciones y lógicas democráticas ofrecen las iglesias espiritualizadas y personalizadas, como la católica y muchas protestantes. La cuestión introduce a la complejidad y fortaleza subjetiva del pegamento que constituye y favorece la reproducción del ethos oligárquico (señorial, autoritario, clerical-‘cristiano’, en el límite despótico) en las sociedades de América Latina.
El punto no permite leer, por tanto, las acciones políticas del golpe como expresión de la ‘ignorancia’ o ‘grosería’ (catrachada) de los actuales grupos golpistas hondureños (ignorancia y grosería que sí existen), sino que apunta a los complejos caracteres de la cultura oligárquica latinoamericana y puede rastrearse, con sus matices específicos, en toda el área.
Un corolario: este Fiscal General hondureño que dispone de 15 acuciosos fiscalitos para preparar no un expediente judicial sino un “abultado expediente”, igual de obeso podría prepararlo para mostrar el patriotismo de Zelaya y su compromiso con las instituciones democráticas, si alguien se lo encargara/mandara. El personaje es un funcionario autoadscrito personal y socialmente a la lógica oligárquica, carente de autoestima, y que obtiene estima precisamente de los cargos que se le dan y de los encargos que se le hacen. Preparar un expediente contra un ex o actual Presidente rebasa sus sueños. Lo entusiasma. Lo que se desea enfatizar aquí es que la oligarquía no está materialmente sola cuando actúa o golpea. Tiene peso ‘cultural’. Atrae y convoca a otros sectores sociales, capas medias, funcionarios, sectores populares, aunque, como es obvio, por razones diversas que deben estudiarse en cada situación. No es ninguna paradoja que la oligarquía no esté políticamente sola ni siquiera cuando comete grandes crímenes. Posee un “encanto”, aunque nada discreto, entre diversos sectores sociales, encanto que se deriva del seno de una generalizada cultura señorial y espiritualizada. Sus crímenes, por tanto, no expresan “excesos” individuales o de instituciones como las Fuerzas Armadas. Son acciones sistémicas, lo sepan o no sus protagonistas.
Un breve corolario del corolario anterior es que el “abultado expediente” no incluye a esta fecha ninguna acusación de narcotráfico, aunque sí el enriquecimiento ilícito. Una acusación de narcotráfico podría crear un nuevo frente de guerra. El tráfico ilegal de drogas tiene aliados internos poderosos (y a veces asociados) en todos los países centroamericanos ya que éstos son utilizados como “corredores” y “bodegas” para la droga destinada principalmente a Estados Unidos. En menor medida estos países constituyen mercados. Pero el nuevo frente de guerra podría alcanzar el corazón político mismo de los golpistas: congresistas, magistrados, Fuerzas Armadas, medios masivos, aparato financiero. Y en este frente, las traiciones, errores y “soplos” se cancelan con la muerte. Como se advierte, los golpistas consiguen también discernir cuando se trata de sus intereses. El enriquecimiento ilícito, en cambio, es la forma ‘jurídica’ que contiene el odio y la voluntad de destruir a un miembro de la oligarquía que ha “traicionado” personal y socialmente a su sector de clase. Al igual que en un círculo mafioso, se trata de ‘ajusticiar’ al traidor.


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