El golpe de estado de Honduras y los aparatos clericales

El golpe de estado de Honduras y los aparatos clericales

Por supuesto, cualquier bando puede dar sus argumentos: “Zelaya es quien pervirtió satánicamente a Honduras. El golpe empresarial/militar es una respuesta de Dios a las oraciones de los creyentes religiosos, a sus marchas, a sus ayunos”. “Dios puso a Zelaya, pero también ha puesto a Micheletti”. Etc.

Sin embargo, cualquiera sea la racionalización del posicionamiento el asunto, por su fondo (Bien contra Mal), será resuelto por Dios y, por su forma, deberá seguir la institucionalidad vigente: “… Zelaya debería regresar al país y debe haber una investigación completa sobre sus acciones. Si él ha quebrantado la  ley, debe ser juzgado y condenado (…) también debemos impulsar una investigación sobre quién es el responsable de este golpe de Estado y también debe ser investigado y juzgado. Sólo así podremos demostrar que ninguna de las partes está por encima de la ley y que ninguna de las partes puede tomar la ley en sus propias manos. Así mostraremos al mundo que la justicia para todos es posible, incluso en Honduras”.
Pero el punto anterior es replicado de inmediato: “(juzgado y condenado) ¿y que pasó con el arrepentimiento y el perdón que enseñaba Jesús de Nazareth en Mateo 6.14; 18.33-35; Lucas 23,34…?”. Es decir, la respuesta institucional debe adoptar el metro cristiano. El arrepentimiento y el perdón, desde el alma, prevalecen sobre las normas puramente humanas. Arrepentimiento y perdón, no alegría y emprendimiento, como propone Jackson. Aparece, en esta discusión otra fuente de discernimiento: el texto bíblico, quizás visto de manera literal. En tanto entorno, la Biblia, palabra de Dios, es lo que menos debería ser alterado/transformado por la acción humana.
Los entornos, entonces, no deberían comprometer la ‘identidad cristiana’ de los protestantes. De aquí puede entenderse tanto su desapego como su recelo por las cuestiones sociales y políticas y su deseo de pertenecer a un templo (su mismidad, el aparato clerical o el orden de Dios). Sociedad y política son mundos transitorios de los que se ocupa el  Espíritu Santo. El posicionamiento asume una separación entre las firmes subjetividades ‘de oración’ (la creencia religiosa/Dios) y la mudable y engañosa realidad de las instituciones que serán o aceptadas en tanto expresan la voluntad de Dios o generarán repugnancia por su perversión (“El político es del mundo, se hace títere del diablo a la larga”). El ‘efecto’ social de esta comprensión compartimentada pasa tanto por el conservadurismo y la pasividad ante el establishment como por su rechazo y la vigorosa adopción de un “sitio seguro” en la intimidad de la oración personal o comunitaria en el seno de la familia (una institución ‘natural’) o de la iglesia, espacios en los que pueden sobresalir los dones salvíficos de cada cual. No se busca por ello producir un “sitio mejor” aquí en la tierra, como desea Jackson, porque ese sitio mejor ya está en el corazón y en la voluntad/designio de Dios y en los lugares en los que se le alaba. No puede existir nada mejor que esos sitios. Dudar de ello, o vacilar, es abrirle las puertas a Satán, caer en sus trampas.
Este imaginario resulta, como se advierte en la situación hondureña, extremadamente susceptible de manipulación y, también, ampliamente abierto a la irritación, la descalificación y el temor abiertos a lo que las oraciones no parecen poder controlar: la corrupción, la guerra, la represión, el desorden, el pecado.
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