El golpe de estado de Honduras y los aparatos clericales

El golpe de estado de Honduras y los aparatos clericales

El Mensaje diocesano finaliza con la súplica al Señor para que les permita alcanzar la Paz y la Bonanza y a la Patrona “Santa Rosa de Lima” que interceda por todos los hondureños. Hasta aquí el documento.

Conviene remarcar de inmediato una diferencia de posicionamiento con la Declaración de la Conferencia Episcopal. No se refiere este posicionamiento al rechazo o aceptación del golpe, sino a un posicionamiento ideológico más básico. El pleno de obispos hondureños no considera necesario identificarse como jerarcas hondureños. Habla desde su autoridad investida y a otras autoridades que valora legítimas. El documento de la Diócesis de Santa Rosa de Copán considera indispensable identificarse, o sea determinar qué iglesia habla. Qué Iglesia habla tiene alcances para determinar de qué Dios habla, a qué seres humanos habla y por qué les habla, o comunica, de cierta manera. La Conferencia Episcopal habla desde la Autoridad, desde un Dios que se supone vivido universalmente por la Fe, interpela y acepta ser interpelada por autoridades legítimas y el efecto de todo este posicionamiento (y del naturalismo ético) es invisibilizar el golpe e invisibilizar la suerte de los hondureños. Cuando el Documento de la Diócesis de San Rosa de Copán estima indispensable identificarse, aparecen también la suerte (virtual y efectiva) de los hondureños y la existencia de un golpe.
Resulta apropiado entonces mostrar con más detalle esta identidad que se atribuye a sí misma la diócesis. Es “…fiel a una misión: anunciar el Reino de Dios” (trascendencia, escatología) anuncio del que no pueden separar “denunciar las situaciones de injusticia” (sociohistoria, tramas sociales). La Conferencia Episcopal habla como autoridad institucional a otras autoridades a las que legitima ética y moralmente con su interpelación (ése es, en realidad, el objetivo central de su declaración). La Diócesis “…que peregrina en el Occidente de Honduras” se entiende como portadora de un mensaje de salvación universal y como “responsables de la conducción de la Iglesia Católica en el Occidente de Honduras”, o sea como una institución a la vez sociohistórica (particularidad de lo católico) y metafísica (El Reino). La diócesis liga la existencia sociohistórica con la salvación. No separa tajantemente estos planos. Es sensibilidad ética y profética cristiana en situación. Por esto último recoge el clamor de quienes sufren violencia y violación de sus derechos humanos y, más importante para estas observaciones, de sus cuerpos.
Los ciudadanos con sus cuerpos (preñados de relaciones sociales no solo jurídicas ni tampoco existiendo solo a través de los valores de sus almas) no existen en la Declaración de la Conferencia Episcopal. Constituyen en cambio un núcleo central del Mensaje de la Diócesis de Santa Rosa de Copán. Aparecen porque esta última se posiciona como iglesia que “peregrina en el Occidente de Honduras”, es decir que camina con su pueblo, al lado de su pueblo, para su pueblo, aprendiendo de este pueblo e iluminando (lo) desde su testimonio (histórico) de la fe cristiana. La iglesia del pleno de obispos ya está hecha. La de Santa Rosa de Copán se va haciendo desde ‘su’ pueblo (los católicos) y desde el pueblo peregrino: todos los hondureños. Se ha debilitado, o desaparecido, el componente autoritario presente en la declaración del pleno de obispos. Ha aparecido un ecumenismo (y macroecumenismo) dialógico que proviene doctrinalmente del Concilio Vaticano II (1959-65). Por decirlo esquemáticamente: el texto de los obispos es pre-Concilio Vaticano II. El de Santa Rosa de Copán se enraíza en ese Concilio. Ambos son católicos. Pero leen diversamente su tradición de fe. Se trata de iglesias, e incluso aquí de aparatos clericales católicos, que no coinciden en posicionamiento básicos y que por ello pueden encontrarse en pugna.
Al poner de manifiesto lo que considera su identidad de peregrina o caminante en la Historia (y hacia la Salvación), hemos visto, la Diócesis de Santa Rosa de Copán torna visibles a los ciudadanos de Honduras, a sus raíces sociales y también a sus cuerpos. Hace visible la sociohistoria, con su conflictividad, enteramente invisible en la comunicación del pleno de obispos. La cuestión de ‘los cuerpos’ de los hondureños es particularmente vívida. Se los asocia con el mandamiento “No matarás” y se extiende el valor de esta prohibición a los golpes, heridas y tortura. El fundamento de la prohibición es que el ser humano integral (cuerpo/alma, cuerpo/espíritu, individuo/sociedad) es semejante a Dios y Templo del Espíritu Santo.
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